Prohibidos los niños en el hotel

Urgida por la publicación de sus datos en nuestras guías, la propietaria de la Casona de Suesa, Cristina Ferreiro Colmenares, nos lanza una pregunta cautelosa y abochornada. ¿Es legal prohibir la entrada de niños en un hotel?

Nunca me ha sido fácil responder a una cuestión tan controvertida como ésta, a pesar de que haya defendido hasta la saciedad el argumento de la diferenciación como ventaja competitiva de cualquier negocio turístico. En razón al libre derecho de admisión en un negocio de hostelería debería poderse impedir la hospitalidad a los menores de edad, aunque vengan acompañados de sus tutores. Y, por las mismas, el radio de acción (mejor, de exclusión) alcanzaría facultativamente a los negros, a los judíos, a los homosexuales, a los grupos de heavy metal

La propuesta tiene su espina. Comencemos afirmando el derecho inalienable a la caracterización de un negocio turístico como le venga en gana a su propietario. En más de un hotel fuera de nuestras fronteras he leído: se admiten mascotas, pero se prohiben los niños. Siempre recordaré aquel diktat, medio en broma, medio en serio, de un restaurante en Llanes (Asturias) que rezaba: perros y madrileños, prohibidos. Vale por los madrileños, pero qué culpa tienen los perros, respondían algunos comensales… Se comprende que algunos hoteles salgan relucientes de una reforma y no deseen sus responsables que la gente menuda acabe con el resplandor en tres días. Como también se comprende que a muchos huéspedes les dé asco dormir en una habitación donde antes ha baboseado un animal doméstico.

Con frecuencia, los problemas no son los niños, sino sus padres. He asistido a muchas correrías infantiles por todo el hotel, con destrozo de cristalería incluido, porque sus progenitores son incapaces de frenarlos, no fuera que los vástagos se traumen. Claro que no es igual admitir un niño en el hotel que ciento y la madre. El viajero corriente, como este servidor, se deja seducir por la imagen de calma que proyecta el folleto o la web… y cuando se presenta en el lugar el griterío hace imposible el sueño o la lectura al borde de la piscina amenaza con mojar el papel o acalambrar el iPad. Y es que la obligación legal e admitir a menores de edad puede provocar una distorsión en el concepto del negocio, e incluso llevarlo a la ruina.

Consultados algunos abogados (mi hermana Pilar Gallardo, entre ellos), no existe ninguna ley que prohiba o exija de manera precisa la admisión de niños en la hotelería. Los límites del derecho de admisión en la hostelería tradicional varían según las comunidades autónomas, por cuanto tienen transferidas esta competencia y todo lo inherente a la actividad turística. Madrid, Cataluña, Euskadi y la Comunidad Valenciana suelen ser muy exigentes respecto a cualquier tipo de discriminación y es de suponer, por ello, que la prohibición infantil carece de respaldo legal. Otras comunidades suelen ser más permisivas, quizá como consecuencia del empeño de cierto partido político en la discriminación positiva (respecto a los cupos gubernamentales cedidos a las mujeres y no a los hombres). Incluso la Junta de Andalucía permite restringir la entrada de menores si el establecimiento justifica sus razones y lo publicita en la oferta.

Algunos hoteles en España ya han tomado la iniciativa, a ejemplo de lo que sucede en Gran Bretaña, que ha sido siempre el país más antiniños en el turismo que recuerdo. Es el caso del Levante Club & Spa, en Benidorm, cuya web informa de que es un hotel exclusivo para mayores de 16 años. Hotel para adultos, subraya en su cabecera en Internet el Magnolia, de Salou. El hotel Taburiente, en Santa Cruz de Tenerife, no necesita decirlo con palabras: su web arranca con una imagen sensual de una señora que no alberga dudas (“niño, mira para otro lado”, acabarán ordenando las madres).

Alguien me podrá corregir bajo la amenaza de “pues a esos hoteles yo nunca iría”, y esto es justamente lo que pretenden explicar dichos establecimientos, que mejor no vayan y así se pueda proteger mejor a la clientela renuente al bullicio infantil. El hecho discriminatorio, en mi opinión, no existe en ninguno de estos casos. Existe una (excesivamente) densa oferta hotelera en España como para que cada mochuelo escoja a placer su olivo. Conozco decenas de hoteles en Benidorm, en Salou y en Tenerife magníficamente preparados para acoger a la clientela menuda que, dicho sea de paso, disfrutarían más en estos sitios que en aquellos. Una mala interpretación del derecho provoca el que todos nos creamos con derecho de llegar a todos los lados, sin tener en consideración los obstáculos naturales o la naturaleza de los destinos que deseamos visitar. Nadie en su sano juicio acusaría a París de impedir que los menores frecuenten sus prostíbulos o los cojos se suban a la Tour Eiffel por el spin de su escalera interior. El objetivo del turismo no es acoplar los lugares a las personas, sino las personas a los lugares.

A la propietaria de la Casona de Suesa yo le aconsejaría una relectura de Maquiavelo, que es un personaje multiusos con soluciones para todo. Si lo más temido para un determinado tipo de hoteles como el suyo es el desgaste de los materiales o el rechazo que provoca en los clientes tranquilos el hospedaje de clientes bulliciosos debería aplicarse el mismo principio que rige para las cuestiones medioambientales. Que pague más el huésped susceptible de romperlo todo en el hotel o aquel que requiera todo el hotel para sí porque le peta en ese momento chillar a gusto. Es igualmente discriminatorio, ya lo sé, pero creo que de este modo se protegen mejor las libertades de todos.

Fernando Gallardo |

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  1. Una manera muy profesional y disuasoria es no condecer ningún descuento para los niños. Aquellos hoteles que los aceptan y desean hacen ya descuentos para los chiquillos e incluso el atractivo “niños gratis” si van acompañados de sus padres.

  2. Me parece un tema muy interesante para debatir. A mí, personal y profesionalmente hablando, me encantan los niños y desde la apertura del hotel estoy empezando a coger un poco de “tirria” a los padres. Estoy de acuerdo con Fernando en que el problema no son los niños, sino la falta de respeto y de cuidado (estar pendiente) de los padres hacia sus hijos.

    En mis pocos meses de vida hotelería ya podría contar con varias historias procedentes de familias con niños: rotura de una ducha de diseño, unos padres que dejaron a una niña de dos años llorando a lágrima viva en el pasillo y los padres en la habitación (no sé con qué fin de aprendizaje); este mismo domingo, dos parejas con 3 niños tomando algo en cafetería, mientras los padres debatían mofándose de los amigos que se estaban separando, sus hijos gritaban (niños ya de 8 años mínimo), subian por el ascensor, se intentaron colar en los comedores para jugar al “escondite”, se colaron en el sótano del hotel, y los padres, mientras tanto, ni caso. Y nosotros, como padres, detrás de los niños, vigilando y diciendo “aquí no se puede estar…, aquí no os podéis subir…, aquí no os podéis tirar por las escaleras… ¿Y si pasa algo? La culpa nuestra, seguro.

    En cambio tienes padres que han venido con niños educadísimos (es verdad que solo hemos tenido un caso) que el respeto se lo han enseñado y la educación.

    ¿Qué hacer? Estoy de acuerdo con vosotros en que los hombres de tamaño reducido no se les incluya descuentos ni tampoco precios especiales, sino inclusive algo más. La familia que nos rompió la ducha ni siquiera tuvo la amabilidad de informarnos al respecto; es más, encontramos piezas de la ducha tiradas por el desague… Increíble.

    Un debate interesante.

  3. Como dicen los ingleses “los niños tienen que ser vistos, pero no oídos”. Mientras esto no sea así, sino todo lo contrario, en algunos establecimientos como éste puede ser un problema. Hoy creo que si me consultaran, vista mi experiencia, no sería partidario de hacer un balneario infantil en la zona de aguas. También hay clientes adultos que por el sólo hecho de pagar creen que tienen derecho a hacer lo que les viene en gana. Al final, como todo en la vida es cuestión de educación y esto nos va a llevar un rato cambiarlo.

  4. Yo sugiero dos fórmulas. Una para los niños y otra para los perros:

    Para los niños incluir este texto:
    Aunque son bienvenidos, las instalaciones no están adaptadas para satisfacer a los niños y a los adolescentes.

    Para los perros incluir este texto:
    Política con Animales Domésticos
    Nombre del Hotel acepta el alojamiento de animales domésticos atendiendo al siguiente criterio y condiciones:

    No se admitirán animales de gran tamaño, entendiéndose como tales aquellos que no son portables bajo un solo brazo.
    Los animales domésticos no entrarán en ningún caso en las zonas comunes del hotel (restaurantes, salones, SPA, piscinas, etc..)
    Solo se permite la estancia de animales domésticos en las habitaciones que se han señalado como aptas para este uso.
    Nombre del hotel no admitirá el alojamiento de más de un animal doméstico simultáneamente en el hotel. Por favor, Consulte disponibilidad.
    Los animales domésticos tienen un recargo adicional equivalente al de una cama supletoria.
    Queda totalmente prohibido ausentarse del establecimiento dejando el animal doméstico en el hotel.

    En EE.UU. he visto hoteles que disponen de un espacio para los perros, una especie de Dog Suite, en el que el perro es cuidado por alguien, dispone de un menú a la carta y hasta tratamientos, peluquería, etc a precios incluso superiores a los de los huéspedes. Y es que los americanos son buenos en dos cosas… en aprovechar las oportunidades y en todo lo demás.

    • Aclarar solamente que en España existen también desde hace tiempo establecimientos hoteleros con perrera, algunas de ellas verdaderas suites. Los americanos son buenos en ambas cosas, igual que todos los demás.

  5. Es cierto que los niños gritan, corren, juegan, se pelean, interrumpen el paso de los adultos que están trabajando. Pero también es cierto que poniendo ciertos límites como a cualquier adulto dan mucha vida y alegría allí donde van. Los padres son los responsables últimos de cualquier destrozo que pudiera producirse por parte de los hijos y legalmente está muy claro, los padres tienen que asumir esa responsabilidad. Por otro lado, en mi caso, oigo gritar a los críos y no me entero y tampoco nos ponemos nerviosos por su presencia. Los niños, niños son y están muy bien hechos. Deberíamos hacernos una pregunta a nosotros mismos cuando intentamos apartar a especies de guetos infantiles a los más pequeños. Querámoslos, por favor.

  6. Es cuestion de profesionalizacion, cuando empezamos éramos antiniños, porque teniamos idealizado el hotel con clientes tranquilos, leyendo alrededor de la chimenea y todas esas cosas. Ahora somo pro niños, son nuestros clientes del futuro conozco familias que vienen al hotel, porque son los niños los que quieren venir y arrastran a los padres, porque procuramos tratar a los niños como adultos y que sientan que son un cliente más. Nos ha costado muchos años, pero preferimos la vitalidad de los niños a la estulticia tranquilidad de un club inglés.

  7. ¿Y yo qué hago con el mío? ¿Espero a que crezca para salir? ¿O por qué no proponemos un nuevo negocio: hoteles para niños? Sí, como los de perros cuando los dueños se van de vacaciones y no saben con quién dejarlos… O también se me ocurre abandonarlos en una gasolinera, como hacen algunos hijos con sus padres ya mayores para que no les den la lata durante sus días de descanso. Tranquilos, chicos, que un niño no es una enfermedad. Yo al mío con 5 años le llevé a uno con spa y nos dejaron que entrara con nosotros, si se portaba bien, claro. Y, por supuesto, que se portó bien y se lo pasó de cine… Es cuestión de los padres que un niño no haga el cafre y no se suba a los sofás, ni rompa la vajilla. Educación, queridos, educación. Anda, que hay unos adultos por ahí sueltos…

  8. Siempre se puede informar, con el objeto de disuadir, mejor que prohibir, me horroriza la posibilidad de leer en algún lugar “prohibido los niños”. Aunque el problema auténtico aquí son los padres y sus prioridades, y cómo las pueden ajustar en vacaciones a las de los niños durante 24 horas al día cuando el resto de año apenas se ven. Una solución práctica es llenar el mundo de cajones, para los niños, para los padres, para los fumadores, para los enamorados, para los monoparentales, ¿No será ésta la senda que desemboque en aquel “mundo feliz” que intuyó Huxley?

    Desde nuestra experiencia os puedo asegurar que nada es más fácil que tratar con niños. Sus prioridades están muy claras, todos sabemos lo que de verdad les entusiasma, lo que le estimula y les entretiene, lo que le hace disfrutar, y esto no excluye para nada las normas, se las explicas claramente y se las recuerdas cuando haga falta, familias que desean estar con sus niños, enseñarles un mundo natural alejado de sus vidas urbanas… pero impregnado de qué manera en sus genes, una y otra vez escucho a los padres contar a sus niños la misma historia, recuerdan su infancia los afortunados, o la que les contó su abuelo. A ver quién ha olvidado la primera vez que recogió un huevo, que se subió a caballo, que vio nacer un animal, o sintió el calor de la ubre al ordeñar…

    No tenemos sistema automático de reservas, siempre hablo o escribo a los huéspedes personalmente, y les explico lo que hay, sobre todo a quienes preguntan por habitaciones dobles o individuales. Este hotel está lleno de niños en vacaciones escolares, pero niños entretenidos, disfrutando y aprendiendo con sus padres y con los padres de los demás niños… Llegan agotados y se duermen pronto. El hotel está lleno de niños, pero al mismo tiempo siempre vacío. Los niños no corren por los pasillos, corren del hotel a la granja… De cualquier forma nuestra sociedad se repite “qué mundo vamos a dejarle a nuestros niños” pero creo que es mucho más preocupante el ver “qué niños estamos dejándole a nuestro mundo”.

    • Me gusta tu forma de ver las cosas, Inmaculada. Luchemos contra los cajones que nos clasifican y nos aislan del diferente, y tratemos a los niños como personas, con sus peculiaridades, como todas. A mí hay muchas personas que me dan pereza, no me apetecen e incluso me molestan, pero entiendo que tienen el mismo derecho que yo a disfrutar de un hotel si reina el respeto mutuo.

  9. Bajo mi punto de vista es absolutamente defendible el hecho de que cada establecimiento elija su posicionamiento y su tipo de cliente. ¿O es que alguno vemos normal el que haya niños en Arzak un sábado por la noche?. Puro sentido común.

    Lo que para mi “chirría” es la falta de coherencia de algunos establecimientos: niños no, pero en mi restaurante celebro bautizos, comuniones y demás banquetes…
    ¡Seamos consecuentes!

  10. Este tema es tremendamente delicado. Nosotros tenemos una casa de turismo rural cuyo eslogan es “Relájate en el Paraíso”. Este verano estuve a punto de cambiarlo por “Ven al camarote de los hermanos Marx” porque hubo semanas de auténtica locura. Los niños son niños y como tales no les pueden pedir que no hagan ruido, que no lloren o que no molesten y pretender que lo hagan. Yo tengo un hijo de 4 años que, quizás porque así se lo hemos enseñado, procura no molestar. Por este motivo, porque tengo un hijo pequeño, no me atrevo a decir que no se admiten niños pero, realmente, hay ocasiones en que me gustaría hacerlo. Muchos de nuestros clientes vienen a nuestra casa buscando tranquilidad y se encuentran con algo muy distinto. Esto sucede, fundamentalmente, en verano, ya que el resto del año, vienen, sobre todo, parejas. También admitimos mascotas y, sinceramente, no hacen ruido. A mí me encantan los niños, pero sufro cuando los oigo gritar y los veo saltar en los sofás; en definitiva, cuando están fuera de control. A pesar de todo, nunca prohibiré la entrada a los niños porque también hay muchos adultos que no saben convivir unos días con otras personas pero, comprendo, que a veces dan ganas…

  11. Más que de profesionalización, es cuestión de posicionamiento y definición del producto. El cambio operado por El Milano Real es resultado del tiempo, no de una redefinición estratégica. Ha sido el tiempo el que ha permitido una mayor definición del hotel como u lugar de calma y gastronomía. Ahora que se conoce el producto es impensable que llegue un autocar con familias dispuestas a hacer de su estancia una verdadera fiesta infantil. Para ello ya están, y con mucho mejores instalaciones, los grandes hoteles vacacionales que basan su estrategia en la acogida y el servicio a la gente menuda. Miles hoteles en España cuentan con Baby Club.

  12. Algunos de los padres jóvenes que ahora vienen a nuestra casa con sus niños, ya venían cuando ellos eran bebés. Entonces mi madre ya tenía un comedor infantil donde los niños comían primero, si así lo querían los adultos. En algunas mesas, actualmente se sientan tres generaciones.
    En el Echaurren apreciamos a estos clientes diminutos, amantes del puré y las croquetas. Qué le vamos a hacer. Siempre ha sido así.
    Es verdad que a veces algunos niños pueden molestar a otros clientes, pero exactamente igual que algunos adultos maleducados.
    ¿Cuando hablamos de niños en los hoteles, por qué hacemos la comparativa con los perros? Me parece increíble. Que cada cual sea el hotelero que quiere ser.

    • Chefe Paniego está totalmente en lo cierto. Que cada cual sea el hotelero que quiera ser. Pero es de mal gusto establecer esa comparación a la que se recurre a veces entre niños y perros. Yo mismo he caído en la trampa al poner un ejemplo de un indicativo leído en ciertos hoteles. Incluso he citado el caso de un afamado restaurante asturiano como chascarrillo, sin ánimo de molestar, pero crean un falso paralelismo entre aquello que nos molesta dentro de lo razonable y más allá de lo razonable. Sin duda había sido más procedente el equivalente de los negros o los homosexuales, ambos especialmente bienvenidos en mi casa. Suelo ofrecer más reticencias hacia las personas estúpidas, las racistas, las casposas e incluso las flemáticas de un club inglés.
      Perdón si he podido molestar.

  13. Haciendo la ruta de la lavanda en Provence nos tocó llegar a varios hoteles donde no se admitían niños… lo que me parece bien si está explícito. La oferta de hoteles es muy grande por lo que uno debe buscar aquello que se adapta a los requerimientos personales, a eso hay que sumarle que el silencio es un agrado… Y los niños también…

  14. Están de moda los alojamientos en los que se dice “se admiten mascotas” y todo el mundo paga el extra sin protestar con tal de que puedan llevarla de viaje, pero en muy pocos dicen “viaje con niños”. Nosotros tenemos un pack bebé en el que les damos desde la cuna, toallitas, bañera infantil o el albornoz, entre otras cosas, y el intercomunicador para que puedan tomarse una copa a gusto. Y nadie quiere pagar por ello el extra. Muchos ni siquiera dicen que van a llevar un bebé.

  15. ¿A nadie se le ha ocurrido hacer un hotelito para niños, para familias? Con una zona de parque, una “baby-sitter”, parchís, dominos gigantes, piscinas de 0.75 metros de profundidad….
    ¿Nadie? Pues veo un nicho de mercado, no es por nada. Croquetas por la noche (consumición), coca-cola a media tarde ( consumición) , coca-cola en la piscina a media mañana (consumición) y spaguettis caseros -es decir, congelados y microondas- otra vez consumición…

    Como ha dicho alguien, este es un debate del segmento que nos hemos creído ser y en realidad muchos no somos: para permitirte el lujo de prescindir de los niños entonces debes dar un servicio muy elevado. Y probablemente caro. Mi pregunta es: ¿dáis un servicio tan exquisito como para poder decir que nenes, no? Entonces, ¿está vuestro precio a la altura de las circunstancias? Si a todo eso se ha respondido que sí, ¿por qué la mayoría de vosotros está en centrales de reservas tipo Booking con precios realmente bajos?

    Perdón por disgregar la temática del debate, pero mirad, antes de decir según qué, debemos reflexionar ante todo qué producto tenemos.

  16. Cuanta razón tiene Chefe Paniego. Supongo que como soy madre no me gusta que comparen a mi hijo con animales de otras especies que no sean humanas a la hora de admitirle o no en un hotel.

    Dicho esto, que cada hotelero decida el nicho de clientes al que desea dirigirse. Que no es lo mismo estar en Sudáfrica y prohibirle al entrada a los negros como antaño por motivos racistas, que decidir qué tipo de clientes quiero para mi hotel. Seguro que muchos hoteleros de costa estarían encantados de prohibir la entrada a jovenzuelos extranjeros borrachuzos que practican puenting…

    Si estuviésemos ante una situación de escasez hotelera, que nos obligase a compartir establecimiento con quien realmente no deseamos, quizás el tema sería harina de otro costal, pero habiendo como hay plazas y sitios más que de sobra (¡mucho más que de sobra!) que el hotelero defina su nicho de mercado y que lo explique claramente a través de sus medios de promoción no debería ser un problema. El problema puede ser no decirlo claramente y aplicar políticas de penalización que pueden llevar a malinterpretaciones. Tampoco creo que se trate de dar mil explicaciones justificativas. A uno puede encantarle los niños pero haber hecho un hotel solo para adultos, y ya está. ¿O es que la gente no sabe que los Club Med era para todo menos para ir con niños?

  17. Las mejores vacaciones las pasé precisamente en un hotel con dos edificios, uno de ellos para parejas con niños. Volveré seguro ya que si pago es para disfrutar no para sufrir.

  18. Muy interesante este hilo de debate. Empezaba a sentirme preocupado, pensando que un servidor era una especie de “bicho raro”, ya que cada día tengo más problemas a la hora de ir a comer a un restaurante o de alojarme en un hotel, no sólo dentro del territorio español, sino también en el extranjero, a causa de los ruidos, especialmente los que provocan los niños, aunque no de forma exclusiva. El mes pasado me encontraba en Nepal, antes de comenzar un trekking, y el hotel tenía un jardín con piscina, y las habitaciones de la planta baja se encontraban junto a ambos. Los niños corrían y gritaban a tan sólo unos pocos metros de mi cama, resultando imposible el descanso. Tuve que buscarme otro hotel, lejos de las zonas urbanas, y si bien en este otro caso no había niños gritando y saltando, había un grupo de turistas chinos, que bebían como esponjas y se pasaban la noche a gritos y carcajadas, no dejando descansar a nadie, ello sin que el personal del hotel, les dijera siquiera: ” esta boca es mía”. Creo que el problema de fondo es el deterioro de los valores éticos y morales de la sociedad, y el caso de los niños cuyos padres no les enseñan a comportarse, es sólo la punta del iceberg. Hace unos días, iban por la calle unos padres con una niña, y esta de repente, se ponía a gritar porque le venía en gana, con esa especie aullido como de terror, que tan de moda está entre los pequeños. Pues bien, sus padres le decían: “venga mi niña, grita de nuevo, desahogate, muy bien, así se hace”. Claro está que se ve que han debido de leer el mismo libro que una conocida mía, en el la autora dice que “es normal y natural que los niños griten, y que no tienen que reprimirse, pues de lo contrario, pueden llegar a ser adultos aquejados de neurosis”. Pues yo lo que digo, que lo natural es vivir en la selva, como los jíbaros y las tribus amazónicas, con una cerbatana y dardos impregnados en curare, y matando a sus enemigos con ellos, para luego reducir sus cabezas y hacerse un cinturón con ellas; lo natural, es tirarse un sonoro pedo cuando a uno le venga en gana; lo natural es defecar u orinar en cualquier sitio; incluso robar la comida a los demás es natural, tal y como hacen los animales….el problema que parecen no estar teniendo en cuenta esos pseudo-educadores, es que lo que nos diferencia a los humanos del resto de la naturaleza, es la civilización, y que si lo que pretendemos es que esta se vaya al garete, pues de acuerdo…¡volvamos a la selva como nuestros antepasados! ¿Es que acaso no tengo derecho a hospedarme en un hotel en el que pueda encontrar la tranquilidad sin ruidos? yo creo que sí, y el que prefiera o lo le importen los gritos…¡adelante, que se vaya a otro!
    Apoyo la opción de hoteles sin ruidos de ninguna clase.

    • No has podido explicarlo, mejor, Petrus. Esa corriente de padres maleducados y ‘pasotas’ que por no regañar al niño, prefieren jorobar a todo el mundo y si les dices algo encima se cabrean, tiene la culpa de que restaurantes, hoteles, tiendas y hasta la propia calle se haya convertido en una desagradable jungla que enerva a todo el mundo. He viajado desde niña con mis padres y me enseñaron a saber estar en lugares públicos, igual que yo enseñé a mis hijos (y cuando eran bebés me quedaba en casita o los llevaba a parques, no a cines -he visto bebés berreando en cines- ni restaurantes donde si lloraban me iba a tener que salir a la calle a acunarlos). La mala educación impera. Es una corriente general de padres egoístas (los que se quejan o pegan al maestro si regaña o castiga al niño salvaje, y lo he vivido en mis propias carnes). Esos padres han provocado su propia perdición (no hay más que ver en la tele esos programas de padres-víctima maltratados por hijos salvajes y vagos que destrozan a puñetazos su propia casa cuando les niegan dinero para drogas). Han dado un salto atrás en la civilización, y mira, no sería mala idea (buena tu comparación) que cuando vemos uno de esos comportamientos tan “naturales” en los niños, nos pusiéramos a hacer pis en sus narices. Claro, que a lo mejor les daba igual y por otra parte, nuestra educación, forjada desde niños, nos lo impediría. Ante lo irremediable de tanta estupidez y egoísmo paterno, sólo nos queda hacer “refugios para gente educada”, y yo ya busco hoteles y restaurantes donde no haya niños salvajes (y si los hay me voy, igual que me voy si veo unos borrachos adultos montando un escándalo). Hace tiempo también que echo de menos vagones de tren y zonas de avión sin niños, porque he pasado viajes infernales de muchas horas con dolor de cabeza (y nadie se atreve a decir nada; un bestia nos insultó una vez porque nos quejamos del griterío de sus niños y de sus patadas en los asientos).
      A los padres que se creen con derecho a que sus hijos hagan lo que les venga en gana “porque son niños”, yo les diría que también tengo derecho a pasar una comida tranquila o unas vacaciones tranquilas con mi pareja, “porque soy jubilada y me he ganado un poco de paz y descanso”. Y porque cuando mis hijos fueron niños, tuve buen cuidado de enseñarles a pensar en los demás, que es de lo que mucha gente de ahora parece pasar olímpicamente. Les deseo a esos padres que cuando sus angelitos tan “desinhibidos” tengan quince años, les arreen unas buenas palizas y les destrocen la casa a puñetazo limipio, para que recojan los frutos de su dejadez y egoísmo.
      Por favor, hoteles, restaurantes, vagones de tren, zonas de avión si niños (o para niños) YA, aunque sean más caros. Para sufrir, me quedo en mi casa. Deben darse cuenta los sectores hosteleros y de viajes que cada vez somos más los jubilados y viajamos y gastamos y creo que deben cuidarnos como clientes. Merecemos pasar nuestro tiempo de ocio en paz, que ya hemos pasado mucho en la vida para aguantar tensiones y malos ratos y encima pagar por ello. Hay miles de hoteles y lugares para ir con niños donde puedan gritar y “desahogarse” sin molestar (por desgracia, no se puede hacer un test de educación a cada niño al entrar en un local). Y ya no hablo de los vecinos que dejan a sus hijos portarse como salvajes y que hacen que tengas que mudarte de casa para no soportar sus golpes y gritos. ¿Pero a dónde hemos llegado en pleno siglo XXI y con tanto desarrollo teconológico? ¿A una calidad de vida peor por unos cuantos vagos egoístas que pisotean los derechos de los demás? No podemos permitirlo.

  19. Me ha gustado el artículo, pero la temática es muy simple. El que no quiera que no los admita. Da igual lo que digan, no es discriminación. Tampoco dejan entrar a los niños en un casino y nadie dice nada. Además creo que todo el mundo tiene derecho a elegir con quién quiere estar rodeado en sus vacaciones. Nosotros tenemos clientes que al hacer la reserva preguntan si esos días va a ver niños. Los padres no deben ofenderse por que no puedan acceder a unas instalaciones con niños, sino elegir aquellas en las que sí pueden.

    Disponemos de un salón de juegos exclusivo para adultos publicitado así desde que abrimos, y siempre hay alguien que no entiende por qué su niño de 4 años no puede subir a jugar un billar (…) No tengo comentarios. En fin que hay de todo y para todos, y solo hay que saber lo elegir lo que a cada uno le va bien en sus vacaciones. Igual que cuando te compras un traje.

  20. Voy a comentar nuestra experiencia. Cuando nos iniciamos en este mundo, hace ya año y medio, en nuestro hotel no se “discriminaba” a ningún cliente. A quienes se acercaban a conocernos viajando con niños (normalmente han sido siempre muy pequeños) les ofrecíamos todo tipo de facilidades (cuna gratis, trona, etc). En nuestro caso trabajamos, como vosotros, muy duro todos los días para conseguir la satisfacción de nuestros clientes y cuando, tras un verano de trabajo muy intenso, observas los comentarios de los clientes en diversos medios y éstas son positivas te fijas en las que no lo son, para poder mejorar. Curiosamente, las pocas opiniones negativas, somos afortunados, eran las de un par de parejas jóvenes con niños a los que, en un caso habíamos llamado la atención por correr entre las mesas y en el otro caso, una estimación subjetiva, nos había hecho merecedores de una baja valoración. Tras esta experiencia, y tras comprobar que cada vez que recibíamos a niños en el hotel el ambiente que nosotros pretendíamos conseguir desaparecía, decidimos no admitir menores de 16 años, para ello, analizamos el ejemplo de los hoteles que señala Fernando en su artículo.

    Después de consultar la legislación relativa a este tema en nuestra comunidad, nos dijeron que podríamos prohibir la entrada justificando la decisión. Decidimos no acudir a la “prohibición”. No nos gusta mucho esa palabra, pero sí incluir la leyenda de… “hotel no recomendable para menores de 16 años”. No es una prohibición absoluta, pero indica claramente cuál es nuestra politíca a la hora de aceptar reservas. Nos gusta la idea de que la gente que se acerque al hotel sepa a qué atenerse, y por eso nos gusta ser claros en nuestra politíca de admisión. Somos conscientes de lo que perdemos, pero al ponerlo en la balanza comprobamos que hemos ganado mucho más.

    Y, por último, creo que en un mundo verdaderamente libre tiene que haber libertad para poder elegir cómo quieres gestionar tu negocio siempre que no vayas en contra de la ley, de la misma manera que somos igualmente libres para elegir los sitios donde nos alojamos.

    P.D. Muchas de las parejas que nos visitan son padres que dejan a los niños con los abuelos y que quieren disfrutar con “garantías” de un fin de semana tranquilo.

  21. Es totalmente legal, ya que un establecimiento de ocio puede establecer el perfil del cliente al que vaya dirigido. Es más, no es que puede, sino es que debe avisar. Hay hoteles enfocados a familias, otros que no admiten animales, otros que sí, otros naturistas, otros para personas homosexuales, etc.
    Hay que tener en cuenta que cada vez más hay personas que exigen una especialización de los servicios que contratan, a la vez que ayuda enormemente al hotel el tener un perfíl de cliente muy definido, lo cual le ayuda a planificar su actividad (comidas, animación, camas, etc).
    No quiero ofender ni molestar a nadie, pues tengo hijos (4) y hay veces que al matrimonio nos apetece una escapada solos. Nos ayuda mucho. Y buscamos alojamientos tranquilos. No es que nos molesten los niños, pero todos sabemos que se come más tranquilo, se baña uno en la piscina sin que te salten encima, o te den con la pelota, etc, y yo cuando voy con mis hijos disfruto enormemente a pesar que en la piscina parece que tenga una mochila en vez de hijo (todo el día encima)!!
    A mí personalmente no me molesta ni me ofende que haya hoteles que no admitan niños -tengo una gran variedad de hoteles para escoger, y cada vez más hacen descuentos para familias numerosas, etc-, como no me ofende que haya establecimientos para otros colectivos, como el homosexual, ya que agradezco que lo especifiquen antes de llegar, pues creo que no es plato de buen gusto llegar a un hotel naturista sin saberlo si no lo practicas, o a un hotel enfocado a un cliente gay sin que tú lo sepas y no lo seas, o vayas con tu familia y no quieras ese ambiente para tus hijos, etc (y que quiero dejar claro que nada de estas opciones me molestan ni me ofenden, pues ya es hora que superemos los prejuicios), pero tenemos grandes opciones para escoger sin molestar ni ser molestados.

    Animos a todos los padres que puedan que hagan una escapada a un hotel sólo para adultos (se disfruta el silencio)!!!

  22. Por favor, si sabéis de más hoteles en España que no admitan niños, os ruego actualiceis la lista. Estoy mirando alojamiento para la primera semana de agosto en algún resort y francamente no queremos arriesgarnos a pagar un pastón y acabar amargados.

  23. Lo peor son los padres maleducados. Nos pasó lo mismo en Fuerte Grazalema, un hotel estupendo a no ser porque a pesar de la prohibición de meter niños pequeños en el jacuzzi, y de las reprimendas del encargado de la piscina, no solo se metían niños de pañales sino que hacían sus necesidades liquidas y sólidas. Y, encima, los propios familiares gritando… Lamentable.

  24. El problema no son los niños maleducados sino sus padres maleducados pero como una cosa va con la otra, y la norma general hoy en día es que la mayoría no se saben comportar, ni niños ni padres, creo que lo mejor para garantizar la tranquilidad de un balneario u hotel es limitarles la entrada, sin descuentos a los niños y con horarios muy restrictivos en los balnearios. Yo voy a un hotel a descansar y un balneario a relajarme, la verdad es que los adultos también pueden ser maleducados y escandalosos y por el contrario hay niños educados, en cualqueir caso la dirección del hotel debe ser implacable.

  25. Estoy de acuerdo en discriminar colectivos en el uso de hoteles.

    Las parejas entre 20 y 30 no los quiero, son fogosos en la noche y pasotas en el día, y si llevan rastas igual sueltan pelo en el jacuzzi, y no pago un balneario para eso. Las de entre 45 y 65, tampoco, que se queden con su range rover full equipe en casa y no paseandolo por pistas forestales prohibidas al tráfico, ni menospreciando a viva voz camareros a la mínima. A los de entre 30 y 45, depende de si cuando hablan de fútbol y de política en la piscina en voz alta son de los míos o no (propongo que se pregunte al respecto cuando se tomen los datos de una reserva)

    Por favor, que alguien pase una lista actualizada de hoteles con estas restricciones, ya que solo viajo una vez al año y no quiero pagar un hotel caro para aguarme la fiesta.

    Por favor!!! Es que todos nacisteis viejos? Lamento transmitiros que fuisteis niños. Sí, de los que se cogen rabietas y no levantan el meñique al levantar la taza del colacao. Ahhhhh, que vosotros erais niños despiertos y juguetones pero siempre obedientes… ni de coña. Todos los adultos hemos aprendido de nuestros excesos y errores de niños. Aunque visto lo visto, alguno/a aun sigue en esa fase de: verdad mamá que soy mejor que el niño de la mesa de al lado?

    Hay que ser un adulto muy acomplejado para reafirmarse criticando a los niños por el mero hecho de serlo.

    Saludos.

  26. Que graciosos son algunos padres… “Todos fuisteis niños asi que tenéis que aguantar a los míos”. Hay niños y niños, yo he trabajado de niñera durante muchos años y he visto de todo pero la mayoría de padres son unos pasotas y ademas tienen en la cabeza el eterno: “Que se jodan los demás también porque yo ya tengo que aguantarles a diario”. Los niños son una molestia y por eso mismo mis padres me dejaban en casa cuando iban a alguna boda o a algún restaurante, y yo me quedaba mirando la tele tan feliz. Ademas hay miles de hoteles adaptados para los niños donde se lo pasarían bien, así que déjenos a los que no somos padres que disfrutemos de nuestras vidas. Lo que no puede ser es que me cobren 270€ por noche y que no pueda pegar ojo por culpa de los berrinches de algún mocoso maleducado. Es verdad que hay adultos que hacen ruido cuando pegan un polvo por la noche pero a esos sí que los puedo callar tocando a su puerta mientras que a los niños hay que aguantarles porque son vuestras crías intocables.

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