Clasifica que algo queda

No fumar. No a la copia digital. No a circular a más de 110 km/h… Vivimos en tiempos de tanta incertidumbre económica, social y política que la determinación simpática (en su sentido fisiológico) de los gobiernos es prohibirlo todo. Muerto el perro, se acabó la rabia. No nos consideramos responsables nosotros mismos de nuestros propios actos, y así no podemos avanzar en libertad. Porque, recordémoslo, a los gobernantes (al menos en Occidente) se les vota, se les aúpa o se les apea de su función pública. Veremos hasta dónde alcanza la campaña #nolesvotes.

Este retroceso en las libertades individuales es fruto de una irresponsabilidad compartida. Si no creemos en el individuo, más concretamente en un individuo, cortémosles las alas a todos los demás. Fumar molesta, y las flatulencias ajenas también. Correr por la autopista gasta energía, y ver correr a 22 jugadores de fútbol en un estadio por la noche también. Escuchar música compartida libremente en Internet supone un lucro cesante para los músicos, y sintonizar la radio también. Pero no por ello vamos a dejar de interesarnos por las noticias, echar humo si nos produce placer o apretar el acelerador cuando el camión que tenemos delante no nos deja ver el horizonte. ¿Será lo próximo decretar la obligatoriedad en el uso del preservativo?

Puede que al final de este proceso involucionista en que nos hallamos inmersos hoy con la crisis se nos abran de nuevo las alamedas por las que circule el hombre libre… O no, si nos empeñados en permanecer ciegos ante el futuro que se nos viene encima. Un escenario más social y compartido, gracias a los desarrollos tecnológicos, pero también más personal y customizado, gracias al desarrollo del conocimiento. Siempre se ha dicho que el hombre se apiña en defensa ante lo desconocido. La ignorancia anula al individuo y merma sus libertades. La sabiduría lo libera y ensancha su espacio vital.

Pues bien, todo esto viene a colación por la insistencia que muestran diversos colectivos gremiales por cercenar la libertad de empresa y frenar la tendencia diferenciadora que hoy se observa en la industria turística. La única solución posible a esta crisis es la innovación y la diferenciación de cada negocio, lo hemos subrayado en distintas ocasiones. Frente a la bajada sistemática de los precios hoteleros, la única salida sin víctimas es que cada cual se invente su propio futuro y atraiga a la clientela con un “momento” único, una personalidad consustancial al negocio, una experiencia seductora cada día.

Pero nos rendimos a la evidencia de que los colectivos gremiales representativos de la industria hotelera (Hotrec, Cehat) y del turismo rural (Asetur) persiguen justo lo contrario. Los primeros, empecinados en forzar un sistema de clasificación hotelera único para toda la Unión Europea, que inusitadamente pretenden convertir en un “destino único” con marca singular… Ahí queda eso. Entraríamos en la paradoja de ver cómo desaparecen los cinco estrellas en España si el baremo utilizado para medir el lujo es el de Milán o Londres. O, ¿cómo se armoniza la sostenibilidad climática entre un hotel de Alicante y otro de Inverness? O, ¿qué estándar de metros cuadrados adoptamos entre un hotel de París y otro perdido en los campos de Teruel? O, ¿qué categoría merecen compartir un hotel de la Costa del Sol con personal formado en una escuela de hostelería local (con todos los respetos) y otro en la Costa Azul cuya plantilla procede de Lausanne?

¿Estaríamos dispuestos a reconocer una menor calidad en el servicio de los hoteles españoles frente a los demás, cuando a lo mejor los gerentes de aquellos retienen mejor a su clientela por ser más amistosos y más naturales que éstos?

Los segundos, los representantes del turismo rural, han logrado una victoria reciente ante la administración turística de Castilla y León mediante la imposición por ley de su sistema de clasificación por espigas de las casas rurales. Stalin no habría obtenido tantas facilidades de un gobierno nada sospechoso de rojerío soviético. ¿Cómo va a entender la clientela de lo rural un hotel rural situado en un ambiente urbano? ¿Cómo identificar ahora un hotel de 4 habitaciones de una casa de 4 habitaciones? ¿Quién se va a encargar de las auditorías que velen por el cumplimiento de la ley y quién las va a pagar?

Pero la pregunta del millón ahora es otra. ¿Está todo el mundo seguro de que las grandes marcas internacionales van a aceptar equipararse en calidad y definición de producto mediante un sistema impuesto de clasificación europea? ¿Están seguros los defensores de las espigas que un hotel Relais&Châteaux va a exhibir espigas o aceitunas por el hecho de estar aislado en el campo? Y más aún, ¿realmente se creen los dirigentes de Hotrec, Cehat y Asetur que representan de verdad a sus afiliados más allá de las cuotas por suscripción?

Fernando Gallardo |

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  1. Interesante debate el de la clasificación de los establecimientos en dos tipos de alojamientos, los hoteles y las casas rurales. Algo mejor que lo que actualmente hay es posible. Con las clasificaciones actuales en España cada comunidad autónoma fija una tipología para sus alojamientos, así lo que se consigue es no saber que se va a encontrar en un establecimiento, los distintivos de calidad intentaron solucionar ese problema. Pero mi experiencia en establecimientos con “Q” es que se crean registros y papeles que a la hora de la verdad no aportan nada al cliente en muchos casos, sí a la organización en otros.

    En el caos del turismo rural en España es necesario abrir mercado, ir más alla del turismo nacional que con la crisis está sufriendo bastante. Para la internacionalización sería positivo una clasificación sencilla, pero que permitiera ciertas figuras locales o cierta flexibilidad con espacios/medidas, y valorar más otra serie de servicios, actividades. Desde luego que hay que simplificar, pero no encorsetar, para llegar mejor al cliente internacional.

    El mensaje de Fernando es claro, en un mercado que todos ofrecemos lo mismo solo podemos competir en precio, y no todos los establecimientos son de “descuento” como los supermercados o low cost. Aquellos que quieran perdurar tendrán que decir que tipo de alojamiento son, de los que el cliente no recuerda o de los que te hacen sentir momentos únicos.

  2. Cierto, un debate interesante, pero como siempre los legisladores ganan por la mano. La frase que más me gusta de Fernando: “la única salida sin víctimas es que cada cual se invente su propio futuro”. Pues eso, que nos dejen que inventemos nuestro futuro, por favor que no hagan nada.
    En cuanto a Hotrec, Cehat, Asetur, etc, que obliguen a sus asociados a aceptar las leyes que dicten, a los demás que nos dejen competir tranquilamente innovando nuestro propio camino, al final el cliente y el mercado pone a cada uno en su sitio, por muchos soles, espigas, estrellas y galaxias que quieran imponer.

  3. La calidad no se compra, como es el caso de la “Q”. Ni todos nuestros establecimientos están “espigados” de la misma manera. Yo no quiero corsés que me impidan o me obliguen a determinadas cosas. Mi único compromiso es con mis clientes. Quiero que ellos cuando entren a mi casa… a la habitación que van a ocupar… sientan que ha sido preparada para ellos… que la están estrenando… que esas sensaciones… lo que vean… lo que sientan… lo que perciban, lo disfruten. Eso para mí vale más que ninguna certificación de calidad.

  4. Bueno se revitaliza este artículo con la nueva ley de turismo de Castilla y León, que introduce el término de Hotel Rural, y con su “novedosa” clasificación por estrellas en el Turismo Rural, y (como no podía ser de otra forma), dando cinco estrellas al que más se parezca a un NH y eliminando de un plumazo cosas tan poco valorables en el T.R. como la situación, la tranquilidad, el compromiso con el medio rural, el trato cercano….En mi opinión, equiparando el Turismo Rural a la Hotelería convencional en detrimento del primero.

  5. Es mucho más sencillo para las administraciones catalogar lo homogéneo, taxonomía linneniana, pero no se puede preparar una sola caja para meter algo tan diverso y particular como es la actividad turística y más aún en el turismo rural donde la actividad agraria se comparte con los huéspedes, aunque el término “agroturismo” parezca que lo soluciona todo. El camino fácil para las administraciones es el que ya está trazado, continuar con lo tangible y cuantificable, contar el nº de baños, el de metros cuadrados, el de salones…. Con esto es muy sencillo confeccionar una súper web todos los años justificando un dineral en ello. Mucho más complicado resaltar lo cualitativo, la diferenciación particular de cada negocio, pero el que espere que la administración lo haga por él, que se prepare a cerrar. Lo mismo que el incauto que crea que por asociarse delegará la necesidad particular de buscarse la vida…

    Visión escolástica de la organización turística, estricta y sin contradicción interna, propia de épocas medievales. Sumemos las partes según los patrones, las pautas y el resultado serán las estrellas las espigas, los trísqueles…. Pero nuestro sector es totalmente renacentista, en el que el todo es algo más que la suma de la partes. Todo está interconectado, y lo que verdaderamente importa no es lo cuantificable, sino las relaciones que se establecen entre todas las partes. Es pura ecología. ¡Qué importa lo que mida la puerta! Lo valioso es lo que nos descubre cuando la atravesamos. ¿Cinco estrellas? ¿5 espigas? Tras la puerta tenemos un campo de trigo y el firmamento. Absurdo reduccionismo calificar con 5 estrellas… el firmamento infinito.

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