Mi viñedo, mi bodega, mi casa

Mientras España -el país- languidece en medio de una fuerte crisis económica, laboral, emocional y filosófica, los españoles -algunos- salen a comerse el mundo con mucho trabajo, nuevas ideas y la dosis necesaria de riesgo. Uno de ellos es José Manuel Ortega, heredero de la marca vitoriana Fournier que tanto juego nos ha dado al mus, al tute y a las siete y media. Antes que abrir más casinos mercuriales en Las Vegas, que habría sido lo lógico, Ortega tuvo el gusto de echarle un órdago a Baco y crear de cero su propio grupo bodeguero: O. Fournier. Su objetivo, en 2000, fue producir 1,5 millones de botellas de vino de alta calidad en Argentina, Chile, Portugal, la Rioja y Ribera del Duero. Los he catado y confieso que son muy buenos.

Quizá porque todo españolito llevamos dentro un promotor inmobiliario -si no, no se explica la actual saturación cementífera del país-, José Manuel Ortega se ha ido a Argentina para desarrollar un proyecto ad hoc con la curtiembre que da el turismo de golf. Solo que, en lugar de ofrecer un campo de golf con sus casitas monas alrededor de cada hoyo, lo que pretende ahora Ortega es vender casonas, o palacetes, alrededor de sus viñedos en Mendoza, con vistas a la cordillera andina. La operación es innovadora, culta, bonita como ella sola e implantada en la cultura turística del vino, sin más riesgo que la jaqueca de la presidenta Cristina Fernández después de una mala noche en su bodega.

O. Fournier posee una finca de 130 hectáreas en la localidad mendocina de Eugenio Bustos, perteneciente al departamento de San Carlos. Su nuevo emprendimiento consiste en segmentar el viñedo en 85 parcelas de una a tres hectáreas cada una para su venta a quienes se muestren interesados en elaborar su propio vino con su propia uva en la bodega Fournier. De las 85 parcelas, cuyo precio de venta será de dos millones de dólares americanos, ocho tendrán derecho a una construcción de lujo. Quienes solo tengan intención -o puedan- adquirir una parcela con viñedo y sin vivienda tendrán garantizada una estancia sustitutoria en el hotel con encanto que se edificará en uno de los terrenos, a mitad de precio de lo que costaría una habitación estándar. Como detalle, los costos de traslado desde el aeropuerto local, situado a 100 kilómetros, estarán incluidos en el precio de la estancia.

Ya habíamos visto una iniciativa semejante por parte de bodegas, y aun de hoteles, que ofrecen el cuidado de los vinos a quines pertenecen a su club de clientes. Pero nunca, hasta ahora, con derecho a vivienda propia incrustada en el viñedo, como en los clubes de golf. ¿Ha habido que esperar a la crisis para hacer germinar ideas tan innovadoras como éstas? Seguramente no está el horno para bollos en España, pero ¿acaso sería descabellado esponjar esos destinos maduros -afanoso eufemismo de la saturación inmobiliaria y el esperpento constructivo que hemos padecido en toda la Península- con un programa sostenible, culto y genuino de inversiones inmobiliarias turísticas como el que ahora nos propone el propietario de O. Fournier? Ojalá los campos de golf, y no digamos las playas, se hubieran poblado de casitas o casotas a razón de una por cada 16 hectáreas…

El turismo en España se tiene que redefinir mediante ideas e innovaciones como éstas. No siempre va a gozar de prebendas públicas, ni de clientes prestados de la primavera árabe o la agonía de Grecia. Un horizonte de valiosos recursos turísticos le espera a un país que, por suerte o por inteligencia, está muy lejos de querer expropiar a sus visitantes los ahorros inmobiliarios que han contribuido a generar esa burbuja de ladrillos ya pinchada. Nuestros políticos serán redomadamente mediocres, pero nunca tan bananeros como los que hoy fiscalizan los viñedos y bodegas de O. Fournier.

Fernando Gallardo |

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  1. Por un lado “me gusta”, por otro lado me da un “yo que sé…”. Aquí en Andalucía ya se presentó un proyecto parecido, pero por lo que tengo entendido fue un completo fracaso. De la combinación de la locura enladrilladora de la Andalucía del boom antes del crash y la otra locura, muy interconectada con el ladrillo, de los vinos de Ronda surgió La Melonera (www.lamelonera.com). Y…. bueno…

    Un saludo Fernando y enhorabuena por su trabajo. No deja usted de ser fuente de inspiracion y de informaciones e ideas enriquecedoras para este modesto hotelero que intenta sobrevivir en este contexto tan jodido e ilusionante.

  2. Hace más de 4 años que esta idea de jugar al bodeguero, con casa y viñedo propio se viene implementando en Argentina. El creador de este concepto fue Tupungato Winelands. No es novedad, al menos por estos lares…

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