Algunos países tienden a fomentar que los ciudadanos se deban al servicio del Estado. Da igual que su titulación les acredite como funcionarios al frente de los servicios públicos o emprendan un negocio para el cual les quepa exigir subvenciones a fondo perdido o préstamos en condiciones favorables. Ambos cumplen las reglas de oro del Estado próvido y aceptan que de su poder ejecutivo dimane la política económica en aras de un anhelado bienestar colectivo e igualitario. Las instituciones públicas se convierten así en la primera empresa del país, y nadie moverá ficha a la espera de sus grandes decisiones políticas y monopolísticas.
Coincidentemente, estos países arrastran hoy una depresión económica y psicológica que se eterniza porque la mayoría de su población está esperando que los responsables del Sigue leyendo

Caen en mis manos varias de estas cajas que se venden en los hipermercados junto a las legumbres y los calzoncillos al por mayor. Todas preciosas, envueltas en celofán, blancas o de colorines, como si el súper quisiera con ellas sustituir el contenido de aquellas góndolas antaño repletas de cedés musicales, música hoy pirateada también al por mayor en webs de infernales garabatos. O tal vez sí, eso es justamente lo que pretenden los jefes departamentales del retail. Un reemplazo camuflado de aquellos discos con los que vibramos en nuestros años sin Internet. Un sutil trueque del valor música por un más actualizado valor hotel, restaurante, balneario, acuario, squad, surf, bicicleta, patinete o experiencia sin igual.
Ayer leí el enunciado de un debate en LinkedIn con el siguiente arranque: «Me he unido a este grupo porque me ronda hace mucho tiempo el crear un hotel con encanto… ¿Es una idea disparatada?» Lo firmaba 
Hoy nos hemos divertido de lo lindo al leer las 10 peticiones que la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT) remite al Gobierno de España para afrontar la campaña turística de verano “con ciertas garantías” (sic). De éxito, por supuesto. El presidente de la patronal hotelera, Joan Molas, está empeñado cada día más en caernos simpático. Veamos por qué.