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Busco una suite a mi nombre

Tal como suena. La oferta es tentadora. Cual esa frase mítica de “tengo una oferta para usted que no podrá rechazar”. Que no se diga que los hoteles no hacen un esfuerzo de imaginación para conquistar a la cada vez más dispersa, enterada y exigente clientela. Que no se piense que el viaje no es vida y que la vida no es un sueño.

Con esas, el Intercontinental San Francisco, una reciente torre de cristal elevada en el South Market (SOMA) de la ciudad californiana, ha rizado el rizo de la fidelidad clientelar mediante una batería irresistible y original de ofertas “Milestone Stay” que enumero a continuación por si alguien se llegara así a inspirar:
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Mi viñedo, mi bodega, mi casa

Mientras España -el país- languidece en medio de una fuerte crisis económica, laboral, emocional y filosófica, los españoles -algunos- salen a comerse el mundo con mucho trabajo, nuevas ideas y la dosis necesaria de riesgo. Uno de ellos es José Manuel Ortega, heredero de la marca vitoriana Fournier que tanto juego nos ha dado al mus, al tute y a las siete y media. Antes que abrir más casinos mercuriales en Las Vegas, que habría sido lo lógico, Ortega tuvo el gusto de echarle un órdago a Baco y crear de cero su propio grupo bodeguero: O. Fournier. Su objetivo, en 2000, fue producir 1,5 millones de botellas de vino de alta calidad en Argentina, Chile, Portugal, la Rioja y Ribera del Duero. Los he catado y confieso que son muy buenos.

Quizá porque todo españolito llevamos dentro un promotor inmobiliario -si no, no se explica la actual saturación cementífera del país-, José Manuel Ortega se ha ido a Argentina para desarrollar un proyecto ad hoc con la curtiembre que da el turismo de golf. Solo que, en lugar de ofrecer un campo de golf con sus casitas monas alrededor de cada hoyo, lo que pretende ahora Ortega es Leer más…

Matilde Torres, una viajera en nuestros sueños

De noche, en un lugar remoto de Brasil, me entero del fallecimiento en Madrid de la empresaria de viajes Matilde Torres. Una noticia triste, pero mucho más aciaga. La fundadora de Catai Viajes era esa clase de personas que España necesita hoy más que nunca para reencontrarse con su identidad de país valeroso, emprendedor e imaginativo. Cualidades que definían como pocas a esta viajera empedernida que ha tomado su último avión.

He sentido su desaparición con la desesperanza de quien asiste a un cambio de época en un sector económico y cultural sin que se adivine un relevo en su liderazgo. Con el pesar de una pérdida irreparable, aunque la expresión suene a tópico. Pero también con la nostalgia de quien compartió con ella muchas premisas del turismo en el mundo, y aun muchos, muchísimos, vaticinios para quienes seguimos vivos en este mundo trémolo, incierto, inquietante.

Eran éstas inquietudes que compartíamos Matilde y yo, junto a un optimismo compulsivo por vislumbrar las salidas de todos los túneles en la innovación, la cooperación y la diferenciación. Tuvimos ocasión de elucubrar sobre mil proyectos, mil visiones y mil iniciativas en La Ruina Habitada, acompañados por nuestro genial arquitecto Jesús Castillo Oli. Visitamos luego a Matilde a su finca de Sepúlveda, en la provincia de Segovia, donde pensaba resucitar una portentosa ermita románica como espacio doméstico bajo la condición de la Arquitectura de los Sentidos que tanto la había entusiasmado en mi casa de la montaña palentina.

Su enfermedad cortó de raíz aquellas prometeicas aspiraciones. Había llegado muy lejos en el mundo de los viajes. Había acercado la geografía infinita a miles de hogares. Había creído en el conocimiento sin límites del viajero, liberado por fin de su condición de turista, para hacer del planeta, de todo el universo, la casa común de los sueños.

Matilde Torres ha regresado al principio. Como ella misma sostenía, a ser solo un sueño. Al feliz sueño de ser soñados por otros: su familia, su gente de Catai, sus amigos y compañeros de viajes, sus clientes de toda la vida.

Larga vida, Matilde.

Fernando Gallardo
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Paradores de todos

Cuando esta tarde el Consejo de Ministros haga oficial el nombramiento de quien sustituya a Miguel Martínez como presidente de los Paradores de Turismo conoceremos en qué se quedan los empellones a favor de la privatización de una red hotelera que, hasta hoy y desde 1928, nos ha pertenecido a todos los españoles.

Sé que han existido muchos contactos, muchas negociaciones, en las últimas semanas por definir su futuro. Unos, bienintencionados, con ánimo pseudocientífico de frenar los resultados negativos presentados durante este último ejercicio. Otros, especulativos, con la intención indisimulada de pegarle un tajo a la red y quedarse con un pedazo suculento del pastel restante.

En un artículo mío publicado en 2010 -la competencia de nuestros Paradores de Turismo- expresé claramente mi lealtad con la cadena nacional y me definí como partidario acérrimo de su condición pública. Para alguien que durante toda su vida ha defendido, bajo uno y otro régimen político, el sentido profundo de la palabra libertad esta proclamación puede invitar a la incoherencia política. Solo cuando se leen detenidamente todos los argumentos en favor y Leer más…

De qué reputación online hablamos

Hilton, en los albores de la hotelería industrial, decía que los tres factores decisorios en la elección de un hotel eran “location, location, location“. Con la popularización de la industria turística, el precio introdujo su cuña en las ofertas a gran escala de los turoperadores internacionales. La concentración empresarial y la formación de cadenas hoteleras de ámbito internacional vino a cerrar la triada con un nuevo protagonista: el factor marca. En ningún momento intervinieron, como muchos pueden creer, las estrellas. Entre otras razones porque no existe ninguna homologación internacional de las mismas y la parametrización de este modelo clasificatorio únicamente es fiable en la métrica de lo tangible (las instalaciones), nunca de la hospitalidad.

La inmersión de la industria hotelera en el mundo digital ha aportado un nuevo factor hasta ahora desconocido, aunque de refilón -y no en todos los casos- se pueda añadir al factor marca. Es la reputación online, lo que los clientes y desconocidos piensan, dicen y pregonan de un hotel en Internet. Hace gracia recordar la reacción unánimemente en contra de las nuevas herramientas de expresión popular que manifestó en su día la hotelería, en España y Leer más…

Fitur 2012: crónica de una tristeza anunciada

A través de Twitter, el relato sobre lo que aconteció en la última edición de la Feria Internacional de Turismo celebrada en Madrid durante los días profesionales (18, 19 y 20 de enero) puede parecer sesgado, pero no carente de la inmediatez y la oportunidad que el evento ofrece a sus protagonistas.

Que si hay crisis en el sector turístico, por mucho que los ‘clientes prestados’ hayan salvado in extremis a la industria hotelera de la debacle. Que si el modelo de feria ‘tangible’ está agotado y el mundo digital exige hoy otro escenario para el encuentro de los profesionales del turismo. Que si la política de precios (altos) y servicios (a la baja) seguida por Ifema en los últimos años ha terminado por dar la puntilla a la duda existencial de los empresarios turísticos: ¿vamos o no vamos este año?, ¿hay que estar por estar o cómo estamos?, ¿se celebrará Fitur en 2013?

Todas estas cuestiones no estarán resueltas hasta que sus protagonistas (los expositores, los visitantes profesionales y el público en general) no hayan hecho balance de lo que ha sido esta presente edición de la feria.

Entre tanto, hemos intentado recoger impresiones, comentarios o sensaciones percibidas por nuestro entorno durante estos días. Sin alcanzar la categoría de una crónica periodística, este texto resume a través de los tuits e imágenes disparados en ese tiempo qué lecciones hemos extraído de Fitur 2012.
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