Hoteles con Encanto 2011
Tiempos nuevos, tiempos salvajes. Así comenzaban Los Ilegales su duro manifiesto nihilista en los años 80. Por aquellos días, nadie regala nada, alumbrábamos un concepto hotelero casi inexistente en España que reclamaba espacio para el turismo de interior, un modelo de explotación familiar y anárquico, aunque refrescante, unas capacidades exiguas para que aquellos negocios fueran negocios, un canal de comercialización diríase esculapiano –boca a boca– y
cierta mística new age entre sus promotores. Lo describimos así: “pareja de urbanitas estresados que escapan al campo ya no para cultivar un huerto, sino para vivir de la hospitalidad; son los nuevos hippies…”
Era nuestro amanecer de la iguana. En la fertilidad del tiempo observamos que la España interior estaba aún por descubrir y nos echamos a la carretera, 80.000 kilómetros al año, en la busca de un hotelito con gavillas del que informar a nuestros lectores. Cuando reunimos los suficientes, apenas un centenar en aquellos ingenuos días, ideamos un compendio de los mejores (la Guía de la Buena Vida, ¿recuerdan?) y luego otro más centrado en la fórmula campestre y neojipiosa al que, después de mucho discurrir durante varios meses, acuñamos con unas palabras mágicas: Hoteles con Encanto.
Aquellos tres vocablos recorrieron el éter y las redacciones a la velocidad de la luz. No recuerdo cuántas entrevistas tuvimos que conceder para explicar lo obvio: a qué sabían esas palabras, a qué olía la marca creada, qué atmósfera destilaban, qué texturas evocaban, de qué color era el caballo blanco de Santiago… Hoteles con Encanto, sí; y lo registramos. Para nada en particular, pues sabíamos que el tiempo y el uso popular acabaría sobando esa idea como los Kleenex o la Termomix. Pero lo registramos, Leer más…






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