¿Un ministerio de Turismo?

Sebastián Escarrer, presidente del lobby turístico español Exceltur y propietario de la cadena Sol-Meliá, ha abogado por la creación de un ministerio de Turismo al tiempo que ha criticado a la Administración por las trabas que pone a la apertura de un negocio hotelero y las duplicidades existentes entre las distintas administraciones del Estado. La petición de Escarrer se ha producido durante la clausura del XIII Congreso de la Empresa Familiar, en la que el presidente de la patronal turística ha informado que se reunirá con todos los partidos políticos para que incluyan esta aspiración ministerial en sus programas electorales.

Desconozco lo que ronda por la mente de nuestro empresario más multinacional, pero en la mía no caben sus deseos. Apenas alcanzo a comprender el significado de un ministerio tan sectorial, ni su rentabilidad más inmediata para el país. Máxime cuando hemos gozado de secretarías de Estado que, a lo más, han gastado en publicidad el dinero del 90 por ciento de los españoles que nada tienen que ver con el negocio turístico. Eso y poco más, aunque haya que añadir en el balance el gasto de equis millones en mantener un sistema de clasificación hotelera discriminatorio, injusto, ineficaz y poco acertado bajo mi punto de vista y el de la mayoría de los viajeros, a tenor de lo que éstos suelen expresar en los portales de opinión.

¿Para qué sirve un ministerio de Turismo? Vale que este sector de la economía produce casi un 11 por ciento de los ingresos totales de los españoles, pero también lo genera el sector del automóvil y nunca he leído que la Anfac pretenda la creación de un ministerio de la Automoción. Las empresas informáticas y todo el sector de la tecnología, incluido el de los videojuegos, ganan enteros todos los días en su contribución al PIB nacional. Y tampoco escucho de su lobby el anhelo de constituir un ministerio de Informática. ¿Acaso no sonaría chusco el estreno de un ministerio del Videojuego?

Si la producción eléctrica en España contribuye al 6,6 % del PIB y gracias a las renovables se espera que esta cifra ascienda al 8 o al 9 % no me parece realista que pidamos un ministerio de Turismo en detrimento del ministerio de la Electricidad, cuando ya sabemos que el sector turístico verá su contribución al PIB reducida del 11 % al 7 % al final de esta década. Y, si no, al tiempo…

No capto ninguna otra razón para tolerar que la Administración pública empeñe nuestros dineros en la promoción de empresas turísticas. Entiendo que el hotelero quiera ver promocionado su hotel en los mercados exteriores. Lo mismo sucede con la agencia de viajes, las aerolíneas, las compañías de transportes terrestres…; en fin, con todas las empresas turísticas. Lo entiendo perfectamente. Pero, ¿y qué pasa con mi portal de prescripción hotelera? ¿Qué pasa con mi página semanal en El Viajero? ¿Qué con mi blog o con este Foro de la Ruina Habitada? No se me antoja posible que el ministro de turno, o el director de Turespaña, se presten a promocionarlo en el exterior con fondos públicos… Sencillamente porque no son empresas turísticas mis empresas. ¿Es que debo pedir entonces la creación de un ministerio de los Medios de Comunicación? O, más precisamente, un ministerio de la Prescripción… ¿Quién me promociona a mí aunque no me alcance a ser tan influyente como míster Escarrer?

A estas alturas de la vida no debo explicar que el turismo en España es un plato fuerte de nuestra economía nacional. Pero eso no justifica un trato de privilegio a sus empresas frente a las de otros sectores económicos, ni siquiera a las que apuntan certeramente hacia el futuro. Huelga un ministerio de Turismo en España, en la China y en Plutón… a menos que alguien esté pensando en la nacionalización del sector o en su consideración de estratégico para el país. Al mismo nivel que el ejército, la justicia, la energía o la educación, claro.

En mi opinión, en cualquier economía de libre mercado sobra la Administración turística. Y falta, sin embargo, un organismo de cooperación y enlace entre el mundo empresarial y las instituciones públicas. Un consorcio turístico que reúna en una misma mesa, día a día, al conjunto del sector y a los departamentos “turísticos” de la Administración, como son la seguridad (Interior), la salubridad pública (Sanidad), la capacitación profesional (Educación), las relaciones laborales (Trabajo), la financiación de las empresas y la promoción de destinos (Economía y Hacienda), las homologaciones necesarias de los productos turísticos (Industria), las infraestructuras públicas (Fomento) y algún otro que seguramente olvidaré a la hora de escribir este panegírico. Pero…, ¿qué lugar ocupa Turismo?, ¿qué pito toca?, ¿qué razón de existir lo justifica? A mí no se me ocurre ninguna.

Vislumbro un futuro turístico prometedor para nuestro país y también para muchos otros países en el mundo. Un futuro de empresas innovadoras y cooperantes que se diferencian para competir y se aglutinan para promocionarse. La res pública, siempre detrás, empujando, nunca delante. Libertad máxima para operar, junto a responsabilidad máxima para servir. Imaginación máxima para ejercitar el arte de la hospitalidad. Sin burócratas, sin trincheras políticas, sin fronteras geográficas. Un turismo universal sin ministerio local. Solo el magisterio de conocerse a uno mismo mediante el conocimiento de los demás, razón primera y última de todo viaje.

Por eso propongo la creación de un Consorcio Director del Turismo que tenga una conformación privado-pública… ¡No al ministerio de Turismo!

Fernando Gallardo |

10 comentarios en “¿Un ministerio de Turismo?

  1. Totalmente de acuerdo con el Señor Gallardo. Una cosa, o yo tengo mal la información o el Sr. Fraga fue “años ha” ministro de Información y Turismo… ¿Adelantó mucho el sector en ese momento?. Más bien no. Desde este rincón de A Mariña Lucense, me sumo a la proposición de la creación de ese Consorcio.

  2. Me ha gustado. Por eso lo he compartido en el muro de mi perfil en Facebook y suscribo cada una de sus palabras. No obstante, una apreciación cariñosa: a día de hoy, Sebastián es “tan sólo” vicepresidente ejecutivo de la cadena mallorquina. Pero no propietario…

  3. Ha estado movidito el XIII Congreso de Economía Familiar… Empezó con las declaraciones del señor Isak Andic y termina con la petición de creación de un Ministerio de Turismo.
    No se puede comparar el ejercicio de la función pública con el trabajo que se desarrolla en una empresa privada. ¿Alguien se imagina una empresa privada que cambia cada 4 años de dirección? Y cuando digo de equipo directivo quiero decir desde lo más alto de la cúpula directiva hasta el nivel más bajo de puestos directivos (el sistema de libre designación invade la función pública en este momento). Eso sucede cuando hay elecciones, incluso aunque no haya cambio de partido político. Por cierto, ¿cuántos ejecutivos de empresa privada pueden cambiar de sector y seguir siendo ejecutivos de alto nivel? Véase como ejemplo en este caso los cambios de Ministerio de algunos ministros… que tan pronto están en Sanidad como en Exteriores. ¿Es imaginable esto en la empresa privada?

    Y el Ministerio de Turismo pedido por los empresarios de la empresa familiar quizás sea fruto de la contradicción en que viven sumidos los empresarios. Propugnan por un lado el libre mercado y por otra parte necesitan reguladores de su actividad y subvencionadores de sus inversiones.

    En todo caso, Sr. Gallardo, la creación de un consorcio estoy convencida de que pasaría porque la financiación en su mayoría sería pública…, con lo cual al final qué más da un Ministerio que un consorcio? El dinero saldría del mismo sitio.

    • En una cosa estoy completamente de acuerdo. Los empresarios españoles “propugnan por un lado el libre mercado y por otra parte necesitan reguladores de su actividad y subvencionadores de sus inversiones.” Y mientras esto siga siendo así el nivel de competitividad de España estará por debajo de lo que su demografía y su nivel de desarrollo aconsejan.

      En muchos países del mundo los consorcios de lo que sean son sufragados a partes iguales o proporcionales por la iniciativa privada y la Administración pública. Mi propuesta de creación de un Consorcio Director del Turismo en España apunta a una financiación igualmente compartida. En esos países a los que me refiero, si las empresas no concurren a la mesa de financiación se quedan fuera del sistema turístico. O, directamente, el país no tiene turismo. Porque, yo me pregunto, para qué queremos en nuestro país un sector turístico si los actores del mismo son incapaces de asumir su rol, si tartamudean o piden siempre la ayuda del apuntar. ¡Menuda película que rodamos! ¡Vaya guión más pobre, actores más mediocres, realizador más incompetente!

      No, esto no puede ser. En un consorcio pagan todos. Y si no pagan se quedan sin guión que interpretar. Así serán las cosas en un mundo globalizado, no me queda la menor duda.

      Y respecto a la primera cuestión, sí, son muchas las empresas que funcionan con cargos elegidos por un periodo. A veces, muy corto, por incompetentes, como los ministros. Otras veces son queridos por sus administradores, sus empleados y sus clientes. Y duran toda la vida.

      Si de lo que nos quejamos todos es de lo mucho que duran algunos en sus cargos públicos…

  4. Lo que quiero decir en relación con los cambios de equipos en las administraciones públicas es que los funcionarios públicos al final garantizan la continuidad de las estructuras, que de otra manera se verían paralizadas entre períodos electorales. Y la estabilidad en el empleo que algunos se empeñan en ver como un privilegio, no es más que la garantía de independencia en el ejercicio de la función pública y de la legalidad. Y como en todas las organizaciones hay funcionarios implicados en su trabajo, capaces, conscientes del servicio público que prestan y otros que no lo son, que consideran que aprobar una oposición les da patente de corso para no volver a trabajar.

    Y desde luego establecer sistemas de evaluación, como señalaba el Sr. Andic, pues me parece bien. De hecho, por ejemplo, en la Agencia Estatal de Administración Tributaria ya existen. Es cierto que no suelen gustar demasiado, pero quien esté de acuerdo con el sistema de aplicación de incentivos de su empresa que levante la mano…

  5. Duran lo que el pueblo quiere. Ni más, ni menos. Querer otra cosa es negar la soberanía popular. Aunque dicha soberanía sea capaz de elegir a presuntos incompetentes como ejecutivos. Otro tema es si la clase política es capaz de gestionar grandes presupuestos y si debe ser relevada. Pero entonces se me ocurre otra pregunta, aún más subversiva, aún más sugerente: ¿ ha dado la “capacitada” clase empresarial española el paso para meterse en política, coger las riendas y dejar de quejarse de lo mal que lo hacen los políticos en liza a día de hoy? Segunda pregunta, aún más malévola: ¿está preparado el conjunto de la oposición -no tan sólo un partido- y sus integrantes para llevar el peso del Estado? Tercera pregunta: ¿eliminamos entonces el actual sistema parlamentario y creamos la compañía España, SA?

  6. Así es efectivamente, las eternas contradicciones. Es más que evidente que a los españoles en general nos gusta un país de dirigismo y no de liderazgo. Las máximas aspiraciones están relacionadas con ser funcionario con un salario fijo en un puesto para toda la vida y, en el caso de un empresario, con una subvención a fondo perdido del Estado, incluso la muy privada Banca, no analiza un proyecto de un emprendedor por su innovación o por su viabilidad y capacidad de generar beneficios, lo analiza solamente en función de tanto tienes tanto vales. Bueno, últimamente he conocido personas, emprendedoras e innovadoras con capacidad imaginativa y de asunción de riesgo y personas capaces de aportar ideas innovadoras y liderarlas. Ejemplo plausible de lo que digo, la A.I.E. La Ruina Habitada, idea parida y liderada por Fernando, acompañado por un grupo de pequeños empresarios que apuestan por las ideas innovadoras y compartirlas entre todos, de capital privado (una de las pocas organizaciones de este tipo, sin subvención pública). El Hotel de los Sentidos, igualmente de capital privado de 16 pequeños empresarios, que gracias al esfuerzo y capacidad de imaginación de sus creadores, ha sido capaz de crear un proyecto único, que se llevará a cabo en un país distinto al de sus creadores. Y, por supuesto, mi propio caso, un hotel en Asturias con estrellas, con encanto, integrado en un medio rural en abandono y rehabilitando patrimonio, que debe ser de los muy poquitos que no ha recibido un euro de subvención del Proder o Lider de turno. ¡Qué cosas!

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