¿Qué futuro nos depara el turismo rural?

El martes 26 de marzo fui convocado por Fernando Sáenz y Angelines González, organizadores de las Conversaciones Heladas que se celebran todos los años en La Rioja, para disertar sobre el turismo rural en España. O cómo la hostelería es puente y economía del medio rural. En las antiguas escuelas de Ollauri, en medio de los viñedos que constituyen la marca vitivinícola más conocida de España en el exterior, y con la sala abarrotada de hosteleros, periodistas y vecinos de La Rioja Alta, expuse mi visión del turismo que contribuimos a crear allá en los primeros años ochenta con la puesta en marcha del programa de turismo rural del Principado de Asturias iniciado en el núcleo de Taramundi. Y mis vaticinios sombríos para esta tipología turística sembraron el campo riojano (Somos Campo, era el lema del encuentro) de tanta inquietud como desconcierto por los apabullantes datos que fundamentan estos malos presagios.

Puedo explicarme con palabras, imágenes y cifras dignas de escándalo. Acto seguido a la ponencia mantuve entrevistas con muy diversos medios de comunicación, entre ellos el riojano NueveCuatroUno, uno de los pocos diarios digitales verdaderamente innovadores que han surgido en la “España vaciada”, si debo usar el eslógan con el que este domingo se manifestará en Madrid una nutrida representación de la despoblación que aqueja a este país. He mantenido agradables tertulias con su fundador y director, Chus del Río, y de ellas han surgido algunas ideas constructivas respecto a la España rural y a las preferencias turísticas de las generaciones más jóvenes, que son las que organizarán nuestro futuro (y el de ellos mismos, por supuesto).

Pero ahora prefiero dar voz a quien primero ha recogido mi visión futurista del turismo rural con la claridad periodística de los datos y el análisis económico consiguiente. Me refiero a Marta Fernández Guadaño en la publicación digital que ella misma ha fundado y dirige, Gastroeconomy. Su precisa crónica, tan rigurosa con las cifras como excelente en el relato, me ahorra hoy escribir en primera persona el análisis que llevé esta semana a La Rioja, donde creo haber dejado suficientes argumentos para la reflexión de todo un año sobre la despoblación agraria y la práctica decadente del turismo rural en su expresión fundacional: viajes por el espacio rural, la escenografía patrimonial del país, la subvención al sector primario, la contribución complementaria a la renta de los campesinos y la dotación de infraestructuras urbanas en el medio rural.

Así cuenta Fernández Guadaño mi intervención:

“El fuego generó la sociedad; nos hicimos fuertes. Quien piense que la tecnología para vencer al mamut es un herramienta se equivoca; la tecnología es nuestro hecho constitucional. Somos tecnología”.

La evolución del ser humano llega al siglo XXI con retos claros en el sector de la alimentación. “Nuestro próximo paso no va a ser alimentarnos con agricultura, ganadería y pesca que nos da la naturaleza, sino que los humanos inventarán una nueva manera de alimentarse sin el auxilio de la agricultura, ni la ganadería”, destaca Gallardo.

En este “paso hacia una sostenibilidad no dependiente de la naturaleza”, hay que preguntarse qué ocurre con el turismo rural, “que, claramente, está en decadencia” y ha vivido  un estancamiento desde la crisis de 2013, aunque “está comenzando a registrar un leve repunte, aunque no en su rentabilidad”.

Para empezar, “es muy difícil de definir el espacio rural”. Solo un 4,3% de la población española vive del mundo rural, mientras “toda la poesía que se ha vertido hasta ahora se mueve en un contexto en el que solo el 2,5% del PIB se genera en el contexto rural”. A la vez, hay que tener en cuenta que el 85% de la población española vive en un 20% del territorio.

El periodista recuerda los 3 objetivos por los que surgió el turismo rural: la salvaguarda del patrimonio (ligada, por ejemplo, al aumento del turismo ligado al Camino de Santiago, a visitas en las exposiciones de las ‘Edades del Hombre’, a la Ruta de la Plata); la generación de una renta complementaria (con variables como la profesionalización de la oferta turística o la dificultad de expansión de mercados) y la fijación de población.

Según Gallardo, la decadencia del turismo rural está determinada por la aparición de una nueva generación, los ‘milennials’, a quienes no les interesa el campo, ni el turismo rural. Es decir, la generación que impulsó este tipo de turismo ya va teniendo una edad. Los datos dibujan ‘subsector’ con un futuro complicado: para que un turismo sea rentable, tiene que superar el 60% de su ocupación, pero el turismo rural no llega al 20%; suma 16.957 alojamientos sometidos a estacionaldiad, atomización, déficit tecnológico, débil asociacionismo y modelos de gestión familiar, entre otros rasgos. Además, de los 82,6 millones de visitantes internacionales llegados a España en 2018, solo 658.000 hacen turismo rural.

¿Qué ocurrirá en el futuro? Gallardo cree que “hay que pasar del sector terciario al cuaternario, que es el del conocimiento, la tecnología. La operación turística, los que hoy se llaman hoteleros, se van a ver reemplazados por compañías tecnológicas del sector cuaternario. Se genera mucho más valor con tecnología, programando, que cultivando un huerto”, vaticina este experto, que cree que “el futuro del mundo será ‘low cost’”. Mientras, aporta una estimación: “España se tiene que preparar para recibir 150 millones de turistas, lo que significa duplicar la cifra actual”.

Gallardo concluye: “El turismo rural tenderá a desaparecer, será una actividad muy minoritaria, pero tiene el potencial de enganchar el 39% de oportunidades que proporciona la gastronomía. La única salvación del medio rural es el turismo gastronómico, frente a un contexto de aparición de una nueva generación de alimentos tecnológicos. La ‘generación Z’ saldrá al campo a comer las originalidades de la generación de sus abuelos”.

No está mal para un debate, ¿verdad? Hay visos de que volvamos pronto a tierras riojanas para seguir debatiendo sobre el futuro del turismo rural. Aquí y en Hong Kong.

Fernando Gallardo |

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