Amo mi barra rica

Nunca les perdonaré que se hayan ido de mi barra. El camarero se acercó a mi lado de la mesa y se dolió de haber perdido al cliente que tenía asignado desde el principio de la noche. Parecía algo afectado, aunque su sonrisa ancha denotaba una dosis de complicidad French-Waiter-Kitchen-Art-Les-Boisonscomo la que se tiene cuando un adolescente abandona la primera vez el hogar familiar. Lo repitió al menos tres veces con lástima medio divertida: “nunca les perdonaré que se hayan ido de mi barra”.

Bien sabía que seríamos atendidos con todo merecimiento en aquella mesa, asignada a otro compañero garzón de la sala baja. Es mi restaurante favorito en Santiago de Chile, mi must personal, ese local que frecuento a menudo porque sé de corrido que voy a comer rico y muy bien atendido. Entré aquella noche después de aterrizar de la isla de Pascua, sin tiempo para una ducha en casa, lo justo para dar gusto al paladar con un ceviche y una corvina camaleónica. Fui recibido también como siempre, muy amablemente, con ademanes rituales de bienvenida y saludos prolijos de toda esa cohorte de garzones que en estricto orden circulan por entre las mesas. Del fondo a la entrada, de los cenáculos a la gran sala abierta, de la barra principal a la auxiliar, de la cocina al estanque, en el propio altar de la recepción… Y, como la mayoría de las noches, el local estaba atestado de comensales felices. No faltaba siquiera el gerente general, a pie de obra.

La Mar es, muy probablemente, el restaurante con mejores cifras de ocupación de todo Chile. Más allá de las ocho y media de la tarde, hora de cenar aquí, no se toman reservas. Tal es la magnitud de su éxito y estricta la organización de su servicio que se va sentando al comensal conforme llega sin discriminación de horarios, de asignaciones previas ni de categoría social. El ambiente, así visto, es desenfadado, alegre y mundano. Algo recuerda a las populares tascas españolas, más que a una tapería de diseño o a una cebichería peruana tradicional.

La comida es invariablemente apetitosa. No en vano, tiene la garantía del peruano Gastón Acurio, que nos introduce cada día en su universo culinario a través de su perfil en Facebook. Pero lo que a mí me llama particularmente la atención es la pulcritud servicial de todo su equipo, desde el gerente hasta el último mono, pasando por esos camareros como el de referencia que sufren cuando el cliente cambia de mesa. Yo no lo había percibido en su verdadera dimensión pasional hasta que nos lo espetó aquella noche: “nunca les perdonaré que se hayan ido de mi barra”.

Abarrotado como estaba el local, fuimos conducidos a la barra en tanto se liberaba una mesa para servirnos la cena. Apoyados sobre la barra auxiliar dimos cuenta de una degustación de ceviches, unos camotes fritos y un cestito de cancha con pisco sour de la casa. Ninguna de las colaciones se demoró más de un minuto. El personal saludaba a cada ronda, y se presentaba con su nombre y un lema de servicio. Un ballet bien orquestado tenía lugar sobre la platea de mesas y comensales en animada charla. Los platos, a su altura debida. Los vasos y las copas, a su debido ritmo. Los delantales, en gestual abanico. Y los cruces en pas à deux de todos los camareros, ¡ay, cómo me recuerdan a Zhang Yimou en su ceremonia de inauguración de Pekín 2008!

Nada de este rutilante espectáculo coquinario y servicial sería posible sin la exaltación debida al camarero, a los garzones de La Mar y todos los empleados en los hoteles y restaurantes del mundo que trabajan con pundonor y alta dignidad en el servicio a los demás. Anotemos cuántas deserciones se producen en este gremio a causa de cierto ninguneo por parte de patrones y clientes… Cuántas injusticias por motivo claro de autismo laboral… Cuántos desajustes de plantilla ante esa inveterada capacidad de otorgar al sirviente el estatus de servidor y de remunerarlo conforme a su rendimiento productivo y no en razón a la mecánica de su trabajo.

A veces, cuando sentado a la mesa de un restaurante me advierten de la presencia de un alto dignatario, suelo mirar hacia arriba y reparar en alguien vestido de chaqué con una bandeja en la mano. Qué mayor dignidad la de escuchar: “nunca les perdonaré que se hayan ido de mi barra”.

Fernando Gallardo (@fgallardo)

Reinventando Canarias

grancanaria

El lobby Exceltur y otros lobbies del turismo español parecen haberse dado cuenta, por fin, de que así no vamos a ninguna parte. En comunión con el gobierno canario, a través del estudio Impactur, han determinado que el turismo de las Islas Afortunadas (todavía) necesita una reinvención integral. Lo celebramos porque llevamos algún tiempo razonando y debatiendo sobre ello, mientras otros miraban para otro lado por si acaso sonaba la campana y sus negocios se arreglaban ellos solos.

Pero no. Los negocios no se arreglan por sí mismos. Requieren talento para adivinar lo que se viene encima, mucho juicio crítico para aceptar que aquello que se venía encima ya no se viene o llega disfrazado de otra piel. También una amplitud de miras correspondiente a las propias exigencias del negocio, que en este caso posee una índole turística y cosmopolita. Decíamos que la fórmula sun-sea-sex estaba ya gastada, que las nuevas generaciones demandaban en este mismo entorno un plus de sostenibilidad y emoción espiritual. Que la hotelería padecía su obsolescencia e inadecuación a los nuevos usos y sentimientos. Que la economía laboral andaba doliente, no solo de incapacitación, sino de liturgias con las que recuperar la dignidad profesional olvidada y rendir agasajo a los viajeros, la clientela cómplice.

Pues bien, ¡eureka!, ya hemos asumido que el turismo canario precisa de una reinvención integral, pues nada menos que el 33% del empleo en las islas depende de este sector, así como el 27% de los impuestos recaudados. Impactur evalúa en el 27% la cuota del turismo en el PIB regional: 11.820 millones de euros. Pero la senda emprendida desde 2003 es descendente. José Luis Zoreda, vicepresidente de Exceltur, lo ha reconocido: “no se debe echar un velo sobre problemas que son estructurales ya que se está perdiendo competitividad en un tiempo al que se suma la crisis económica internacional, y esto exige medidas a corto y sobre todo, medio y largo plazo.”

Ha costado, pero al final el sentido común se impone. La crisis turística no se resuelve con una guerra de precios. Y mucho menos con ajustes de plantilla. Ambas actuaciones desembocan inevitablemente en una pérdida de valor y, por consiguiente, en un acta de defunción de todo el sector. “Esta reinvención integral no debe limitarse a un lifting de pintar hoteles y bares”, advierte Zoreda, “sino ofrecer vivencias, algo singular, un replanteamiento total de la oferta.”

A nosotros nos suena este lenguaje, así es que bienvenidas sean las advertencias de Exceltur. Invitamos a sus próceres a debatir sobre los intríngulis de esta reinvención en las jornadas de reflexión que vamos a celebrar en Solares y a un paseo iniciático por La Ruina Habitada. Es lo que tiene estar en la ruina, que a todos inspira…

Fernando Gallardo (@fgallardo)

El ritual de las sombras

«Aquí la luz esculpe sombras en las rocas», me ha dicho esta mañana Felipe MacLean, gerente del hotel Alto Atacama, en medio del desierto de su mismo nombre. O, más precisamente, en medio de un circo rocoso espectral que me tiene subyugado desde hace un par de días. La frase no fue gratuita ni improvisada. Nos hemos pasado 48 horas reflexionando sin parar sobre la Arquitectura de los Sentidos y qué sentido tiene esta disciplina en el diseño de un hotel singular. Tras observar la atormentada morfología del paisaje, imbuirse gratamente de la genialidad del lugar, analizar en profundidad los pormenores de lo allí construido y saboreado un sorbete de guayaba bajo la sombra de un algarrobo descomunal, solo quedaba concluir que la experiencia allí vivida no tiene un ápice de circense, ni un atisbo de parque temático.

El desierto alrededor nos es tal cual. Sobrecogedor. Desgarrador. Magnético. Vibrante. Inasible. E insondable.

«El hotel debe interpretar el lugar, solo eso», añadí. Me ha dado siempre miedo ese tópico buenista de que los hoteles deben integrarse en el paisaje, a veces fundirse con él. Temo que esa fundición signifique camuflaje, es decir, un atavío de artificialidad para no robarle protagonismo al entorno. Y, ¿qué puede sugerir la integración? ¿Acaso una pérdida de singularidad? ¿Una merma de personalidad? ¿O una negociación artificiosa entre lo existente y el poder ser? No, la arquitectura que proponemos, el arte sensorial, se erige en valedora del paisaje porque lo interpreta, extrae de él todo su valor, postula su condición y valida su atractivo esencial.

Volvemos a la Arquitectura de los Sentidos como un panegírico de las emociones. La luz no debiera reflejarse en el objeto más allá de lo verdaderamente esencial. Por eso iluminamos mal, porque no aprehendemos la simpleza de lo existente y nos sube el ego eso de mostrar la complejidad emocional en una paráfrasis de Sartre en su Bosquejo de una teoría de las emociones. Volver a lo simple, realzar lo básico, se convierten en los atributos de nuestra condición humana.

La luz, así vivida, ejerce de escultora en nuestros más profundos deseos y ensoñaciones.

Me gustaría compartir aquí algunas imágenes de este ritual de luces y sombras:

La cucharada de arena

Ya están aquí…

Ellos son ellas

Singing in the age

La flecha de oro

Horizonte sintáctico

Cuchillos en el barro

Seca geometría

Las mil y una puertas

¿O eran mil solamente?

Y otra pregunta intencionada: ¿qué hotel conoces en el que la luz esculpa sombras?

Fernando Gallardo (@fgallardo) 

Tan pichi como un pixurri

pichi En estos tiempos revueltos arrecian las solicitudes de los hoteles por aparecer en los portales más influyentes. Y, a juzgar por la cantidad de peticiones, Notodohoteles.com debe de ser uno de ellos, lo cual me satisface enormemente, como todo el mundo podrá suponer. A veces se dirigen a nosotros establecimientos que conocemos muy bien, porque ya los hemos visitado; bien, porque tenemos noticias de ellos y planeamos una visita a medio plazo; pichí, pichí, porque no tenemos previsto el visitarlos, ya que no nos provoca su imagen; mal, porque la visita no se ha producido en el debido momento por razones variadas que incluyen las presupuestarias; y de ninguna manera, porque son nuevos o figuran en proyecto, pero sus dueños ya tienen apetito de verse publicados como solemos hacer con los hoteles que nos gustan.

En este último caso, lo lógico es que el hotel que irrumpe en nuestras vidas –a veces, como si fueran de la familia– se presente… apetitoso; más aún, apetecible desde su tarjetas de visita, hoy significada por su página web. Es lo lógico y también lo deseable.

Pues no, en demasiadas ocasiones sus impulsores no parecen haber pasado por la escuela. No me refiero a la escuela de negocios esa que da los MBA, ni mucho menos a esa escuela de parvulario que enseñó a todo el mundo a hacer la o con un canuto. Me refiero a los colegios en que nos criamos para comprender que el apetito o la alegría de vivir se miden por el tiempo en que dura un caramelo en su front office.

Véase la muestra. Los tres últimos correos recibidos en la redacción de Notodohoteles para tentarnos y que los seleccionemos con todo rigor no tienen desperdicio. Un hotelito autodenominado Casa Pixurri –sin la menor coña– nos invita a entrar en su web: www.casapixurri.com. Me falla la vista o no encuentro su emplazamiento, ¡pardiez! Pido ayuda a los foristas de La Ruina Habitada para que pueda situarlo en el mapa, saber qué localidad lo acoge, a qué teléfono se le puede llamar. Hasta ahora yo creía que la letra gótica era difícil de leer en piedra, pero no. Observo que en el monitor panorámico de mi ordenador también se vuelve una grafía insufrible para la vista. Y ese flautín tan repetitivo…

Otro que llena de melodrama mis oídos es Molinos de Fuenteheridos, en la sierra de Aracena. Me llaman el desaparecido / que cuando llega ya se ha ido… A pesar de mi banda ancha, voy a la cocina a hacerme un café y cuando regreso aún se sigue cargando el flash y el plugin de QuickTime. ¡Qué mareo ver pasar las imágenes como en tiempos de los hermanos Lumière! Un detalle: ¿llueve?, ¿truena?, ¿o es producto de mi imaginación?

El tercero por la cola es el hotel San Ramón del Somontano, sito en la localidad de Barbastro. Su director me pide que lo incluya en las guías de hoteles, dada su categoría de cuatro estrellas, que él recalca sobre índices con sus cuatro notorios asteriscos. Pero, ¿y la web? No figura en su tarjeta de presentación. Me voy a Google y tampoco… Miro hasta 10 páginas porque uno es profesional ante todo. Nada de nada… San Ramón no tiene web ni tranvía. Y así es difícil llegar hasta él.

¿De verdad se creerán estos emprendedores que tienen futuro? ¿Esas autonomías próvidas en subvenciones tienen claro en qué gastan los dineros de todos? Insisto en un mensaje que ya emití ayer: ¿se tiene conciencia de que la tabula rasa practicada por las administraciones discrimina al buen producto hotelero en favor del pixurri que ni siquiera anuncia dónde está para que se le pueda visitar?

Fernando Gallardo (@fgallardo)

Estética y estática de las subvenciones

Manda h… (podridos) con esta noticia que acabo de recibir. Un nuevo hotelito rural ha abierto este verano en La Rioja después de merecer por parte del gobierno riojano una subvención de 30.000 euros. Tal y como pinta hoy la situación del turismo en España, con la dramática sobreoferta existente en casi todos los destinos, va una autonomía de proba industria vitivinícola y se gasta los dineros de nuestros bolsillos en añadir leña al fuego. O uva al vino… Quizá porque sus cabezas pensantes piensen que una vez superada la crisis financiera mundial todo volverá a su lugar, incluidas las ganas de escaparse que habrán acumulado todo este tiempo los urbanitas por los flamantes territorios autonómicos.

Lo peor no es que otro establecimiento atice la guerra de precios que ya se desata en todos los sitios con los nuevos advenedizos. Todo el mundo es libre de iniciar el negocio que le venga en gana, faltaría más. Lo peor es que la subvención de marras ha sido concedida a un hotel cuya imagen es ésta:

LaBaldufa

Por si todavía a alguien le atrae la casa y se regocija de pasar en ella el próximo fin de semana diré que atiende por La Baldufa y está en el pueblo riojano de Munilla. Muy probablemente sus propietarios inician con buen ánimo esta andadura, son hospitalarios, acogedores y se han hipotecado hasta el cuello por ver culminado su sueño de poseer una casa rural con la que ganarse honradamente el pan. Doblemente lástima, entonces, porque les tocará como a todos sufrir de lo lindo en el saturado horizonte turístico rural de la Península. No han sabido o no han podido hacerlo diferente. La foto aludida, y no digamos su web o tarjeta de visita, no puede parecernos más irrelevante. Es una más entre las 20.000 casas subvencionadas que hoy se disputan a muerte el carcomido pastel del turismo rural.

Los subvencionadores oficiales deberían reflexionar en el futuro acerca de la conveniencia de seguir promoviendo políticas tan discriminatorias para el que lo hace bien en favor del que no lo sabe hacer diferente o mejor. Porque hoteles como el de la imagen daña la ídem del turismo riojano y añade un insano factor de competencia frente a los hoteleros de La Rioja que creen en el turismo de los sentidos, el buen servicio y el refinamiento estético asociado al vino. No es que éstos requieran de subvenciones equiparativas, en pura justicia, sino que los repartidores de dinero público no aticen el fuego de la crisis con propuestas que no van a ninguna parte.

O, parafraseando a Gala, el bastón de la subvención no debiera servir a la estética de los negocios, sino a su estática.

Fernando Gallardo (@fgallardo)

Reservas de última hora

prisas Paradores de Turismo recompensará a aquellos clientes que reserven de forma anticipada como una forma de revertir la tendencia que se ha generalizado de efectuar reservas a última hora. De momento lo hará en las especiales fechas navideñas, cuando es más crucial el asegurar que los establecimientos estén llenos. Y lo hará con una noche gratis por cada reserva anticipada de un paquete de Navidad o de Año Nuevo.

Esta iniciativa surge como consecuencia de la proliferación de reservas de última hora que está sufriendo los hoteles desde el comienzo de la crisis financiera mundial. Cada vez la gente reserva menos días y más en el último momento, se oye decir en casi todos los hoteles del país y en casi todas las agencias de viajes. Las causas apuntan no solo a las condiciones críticas de la economía, sino a hábitos adquiridos desde el instante en que Internet se ha convertido en el primer canal de venta de viajes y camas de hotel. Antes aún, desde que la informática hace su aparición en los sistemas de gestión del hotel, concretamente en el modelo del yield management, que ha primado en muchísimos casos la rebaja de última hora ante el riesgo de quedarse con las habitaciones vacías.

Otro factor a tener en cuenta es la propia idiosincrasia del viajero que diseña su viaje en Internet y reserva en varios hoteles a sabiendas de que las anularán a posteriori en busca del mejor precio. Alguno de los lectores de este Foro sostiene que el futuro reside en la introducción de un motor de reservas propio que termine con la dependencia de los hoteles frente a las centrales de reservas. Así, cada hotel podrá tener el control absoluto de sus precios. Sin embargo, no parece ésta una alternativa muy creíble, dado el aislamiento que sufriría el hotel en el mercado turístico y los daños colaterales que se derivarían del rechazo de una estrategia multicanal, hasta ahora la más rentable de todas.

Por descontado que los viajeros utilizan cada vez herramientas online más eficaces y una información más precisa sobre el hotel demandado. Se comparan precios y se cotejan opiniones a través de las distintas comunidades de viajeros y los meta-buscadores. Pero aquello que más ha contribuido a asentar la cultura de la reserva inminente ha sido la aplicación por parte de los hoteles de ofertas de última hora. Una política de rebajas que ha permitido a los viajeros encontrar la misma estancia a un precio inferior, sin gastos de cancelación o sin ningún pudor en la denegación de las penalizaciones en la tarjeta de crédito. A veces, incluso, mediante el truco de reservar otra habitación en el mismo hotel a un precio más económico.

[A fin de exponer en las jornadas hoteleras de Solares, el próximo 30 de noviembre, un argumento estadístico sobre este fenómeno, responde a esta encuesta solicitada en la columna derecha si eres hotelero: ¿Con cuánta anticipación se efectúan las reservas en tu hotel en términos medios?
Más o menos una semana / entre una semana y 15 días / un mes antes / más de tres meses]

Fernando Gallardo (@fgallardo)