Nuda veritas

nuda veritasQué hermosa imagen la de esta mujer desnuda… Es una obra superlativa del pintor vienés Gustav Klimt, en la que su atractiva y erótica mirada turba al espectador, lo inquieta, le arrastra a la espasmódica pulsión de la verdad. Sujeta en su mano derecha un espejo donde nos presenta la «verdad desnuda» que enuncia la pintura.  Sobre su cabeza se lee: «Si no puedes gustar a todos con tus hechos y tu arte, gusta entonces a unos pocos. No vale la pena gustar a muchos. Schiller».

Es la frase emblemática del libre pensamiento, el puño del arte sobre la mesa de los cobardes, de los incrédulos, de los indolentes. Las tonalidades rojizas del cabello y del pubis de esta mujer elude el falso puritanismo de quienes viven entregados por conveniencia a lo políticamente correcto. La verdad, cuando se desnuda, es erótica; pero también hierática. No sé si lejos de Tiziano e Ingres, no sé si más cercana a Boticelli. Habría que discutirlo.

La verdad desnuda nos atrae. Nos invita a reflexionar sobre lo que vemos, lo que tocamos, lo que escuchamos. Cuestiona los hechos y los pensamientos. Nos acerca lo real o nos distrae de lo cotidiano, tan superfluo. Y, aunque nos cueste aceptarlo, nos devuelve a la ineluctable realidad de lo reluctante. Gracias, Joyce, por inspirarme el guión cotidiano de mi palabra interior en el tercer capítulo de tu Ulises…

¿Qué podemos aprender nosotros de tal imagen? Alguien dirá que, después de todo, un hotel es siempre ese espacio que nos rapta de la realidad y nos coloca en las manos celestiales de la nuda veritas… ¿O no todos los hoteles inspiran en sus espacios esta verdad?

Por la Galicia eléctrica (in memoriam)

Con un poco de suerte, la bruma envuelve en celofán la carretera de descenso hacia la ría de Muros-Noia. El paisaje adquiere un aspecto dramático, inescrutable, fuera de este planeta. Apenas se distinguen los límites del asfalto y, en cada revuelta, unos cables eléctricos que surcan repetidamente el bosque. El viaje adquiere, de repente, la máxima emoción. Al borde del agua surge la silueta espectral de una central eléctrica que el arquitecto Antonio Palacios -autor del célebre Palacio de las Comunicaciones, actualmente sede del Ayuntamiento madrileño, y del edificio madrileño sede del Círculo de Bellas Artes- diseñó en 1924 para la Sociedad Gallega de Electricidad (hoy, Fenosa), junto a varias construcciones administrativas desperdigadas por la ladera. Todas con nombre propio: la Casa del Jefe, la Cámara de Carga, la Casa de los Maestros, la Escuela de Cornoas…

Gonzalo Gurriarán o algún miembro de su familia salen al encuentro del recién llegado con ese sentido de la hospitalidad que practicaban los monjes de la antigua pesquería cisterciense adscrita al monasterio de Toxosoutos, a cinco kilómetros del lugar. Reconocidos profesionales de la hostelería -el patriarca ejerció de director en Paradores y luego fue responsable máximo del grupo hotelero zaragozano Palafox-, los Gurriarán acogen sin mayores trámites en medio de la tormenta y acompañan al huésped cuando le corresponde una habitación solitaria en uno de los anexos.

Sin tomar en consideración las menudencias decorativas, el pasmo del aislamiento y la sensación de soledad deseada constituyen un verdadero lujo en la España superpoblada del litoral. Para qué irse a una isla perdida si el lugar habitado más próximo es el Pazo do Tambre, gestionado también por la familia, a una hora de sendero pedestre por las orillas boscosas del Tambre. Según las condiciones meteorológicas, desde el hotel se organizan actividades de turismo náutico, kayak en la ría, excursiones en bicicleta, rápel, escalada, amén de un pic-nic más descansado bajo los eucaliptos, en un remanso que hay junto al puente colgante, detrás de la central.

Buena cena, buen colchón

Da igual mojarse bajo el sempiterno calabobos gallego, pues al final del camino, en uno u otro sentido, aguarda una cena de cocina honrada -lo mejor de la casa-, un buen colchón sobre el que esparcirse y calefacción (eléctrica, claro) en todos los rincones del dormitorio.

Poco a poco se irá descargando el hotel de sus estampados florales, sus lacitos repollo y demás adornos campiranos heredados de sus anteriores gestores. Otras habitaciones surgirán por ensalmo en recónditos pliegues del bosque, prometen con entusiasmo los nuevos. Mientras tanto, son especialmente recomendables las agrupadas en el interior de la Casa del Jefe, con galerías abiertas sobre la ría. Nadie quiere luego irse de aquí.

[Este texto salió publicado en EL PAÍS el 11 de julio de 2009. Durante sus últimos años al frente de la cadena Palafox Hoteles, herencia muy bien administrada y extendida por el diplomático Felipe Sanz, Gonzalo Gurriarán soñaba con jubilarse en su Galicia natal en compañía de su esposa, Adela Mosquera, y de sus hijos, para quienes creó la sociedad Pazos y Naturaleza de Galicia Rural. En varias ocasiones nos reunimos con el objetivo de pulir la idea y acariciar con mejor crédito el proyecto de un hotel de los sentidos en las umbrías del Tambre, allá donde las meigas atlánticas danzan solas y parlotean dormidas. Gonzalo y Adela participaron en una de las primeras jornadas que organizamos entre hoteleros en La Ruina Habitada. No asistía un parvenu del turismo con encanto, sino un docto profesional de la hotelería que había tocado ya todos los palos del gremio, entre otros el de dirigir ese monumento de la hotelería universal que es el Hostal de los Reyes Católicos, en la plaza compostelana del Obradoiro. Recuerdo muy bien su expresión mientras admiraba lo que habíamos creado en la ruina palentina. Atónito, pero inteligentemente, quiso él también sumarse al sueño de la Arquitectura de los Sentidos. Meses más tarde entró a gestionar la vieja Pesquería del Tambre con toda la familia. Fue uno de los primeros y más animosos suscriptores del clúster de innovación hotelera que acabamos de constituir estos días. Pero apenas tuvo tiempo para más que ocuparse de su estómago y sobrevivir a la verdadera crisis, esa pasarela que cuelga sobre las brumas de la ría y nos lleva temblorosa de una orilla a otra, de la vida a la muerte. Descanse en paz Gonzalo Gurriarán].

Por la Galicia eléctrica. Pesquería del Tambre, un paisaje de ribera con una curiosa central proyectada por Palacios y el mar muy cerca

Fernando Gallardo (@fgallardo)

Duelo a orillas del Tambre

Gonzalo_Gurriaran A ver cómo demonios voy a dormirme yo esta noche… La noticia me llega tarde, justo cuando me había enjuagado la boca, mesado la barba, alisado las sábanas, aprestado la almohada, activado la alarma de la casa y doblado convenientemente el embozo de mi cama. En mala hora me puse a fisgar en la calle Facebook antes de apagar la luz y rendirme a los apéndices de Morfeo. En mala hora abrí el cajón de los últimos mensajes y reparé en el del joven Ricardo Gurriarán, que me escribía desde ese recóndito fiordo de la Galicia prometeica donde una central eléctrica ha venido alumbrando el sueño de tantos y tantos viajeros.

Todas las aguas de la ría de Noia apenas llenarían un tazón de cuanto ahora derraman mis glándulas lacrimales, maldita sea, porque leo en este correo que Gonzalo Gurriarán se ha muerto. Del estómago o qué sé yo, Gonzalo se ha evaporado de la ría. Estoy muy impresionado por la noticia, ya que apenas unos meses escribí sobre su nuevo proyecto gallego después de tantos años en la brega diaria por gestionar los hoteles más emblemáticos de nuestro país y hacerlo con un pundonor y un sentido común que no admiten comparación en el gremio.

Me resisto a escribir el último epitafio para mi querido Gonzalo, entre otras razones porque me veo tan impresionado por el luctuoso deceso que ya no me quedan fuerzas ni ganas para añadir algo sentido a los tristes pensamientos que deben estar rondando en el éter escénico de su esposa y de sus hijos. Solo me quedo sollozando, cautivo por la pena, en un rincón de mi lejanía chilena y repitiendo en otro rincón de mi memoria la secuencia de nuestro último paseo por las frondas de Muros hasta el Pazo do Tambre desde su mágica Pesquería.

Tienes que venir a ver mi Pesquería, repitió unas cuantas veces sobre mi oído derecho en La Ruina Habitada, hace dos años. Después de su brillante carrera en Paradores de Turismo, después de haberlo dirigido todo en esa seria casa, incluso el emblemático y compostelano Hostal de los Reyes Católicos, después de unos años últimos como gerente general de la cadena zaragozana Palafox y de haber engrendrado unos emprendimientos únicos para la Expo del Agua, nuestro buen Gonzalo se retiró a su Galicia natal para poner en valor con inusitada valentía y gran entusiasmo la Pesquería del Tambre, un hotelito con encanto en las antiguas viviendas diseñadas por el arquitecto Antonio Palacios para la central hidroeléctrica de la ría de Noia.

Si supieras, lector, qué ánimo en el empeño, qué ilusión en la obra y qué denuedo en el emprendimiento… Fui a verlo para imaginarlo rey de los bosques y dueño de las aguas, pues de tales elementos casi mitológicos se amalgamaban los diseños que le presentó, días más tarde, Jesús Castillo Oli.  ¿Te imaginas, divagó nuestro arquitecto de cámara, la santa compaña ejerciendo de edecán en la recepción de los huéspedes? Sí, claro, y el estro oceánico de las meigas en la espiral de sus sueños.

¡Gonzalo, por Dios, baja de tu nube y cuéntanos ya qué proyecto de Arquitectura de los Sentidos tenías para tu hotel hidroeléctrico! Tres cuartos de hora duró nuestro último paseo entre las umbrías silentes de Muros… Y una mañana entera frente a los óleos del pazo para imaginar qué hotel de los sentidos nacería de esa próbida excursión. Gonzalo, no nos dejes en ascuas a los que todavía mantenemos el estatus de mortales con plazo de caducidad asegurado por reunirnos contigo en el séptimo cielo. Cuéntanos… Qué mundos lúcidos tú dibujabas y cuáles de ellos se harán realidad gracias a la antorcha que portan ahora tu mujer, Adela, y tu hijo, Ricardo.

Porque si para algo sirve nuestra estancia en este mundo, como esos clientes que somos del hotel Tierra, es para que otros tomen el relevo de nuestros sueños y alumbren el futuro de los que están por venir. Nos lo dijo el poeta: somos quien somos y en tanto somos.

Me has dejado huérfano, Gonzalo. Hijo de una infinita tristeza. Pero mi rabia de frágil ser mortal va a ser la savia que alimente un nuevo recorrido por la senda que nos llevó de la Pesquería imposible al Pazo real. Y juro por tu imborrable memoria, como hizo Escarlata O’Hara, que cada año de lejanía tuya en la historia de nuestra pasión hotelera quedará marcado como un hito de proximidad en el camino que lleva a los sueños. El germen redivivo de la hotelería de los sentidos.

Tu último latido, un gesto de dulce hospitalidad.

Fernando Gallardo (@fgallardo)

Calle Facebook

FBcuna Lo he escrito anteriormente a esta encuesta. Hoy, salir a la calle es entrar en Facebook. El hotel que no tome conciencia de ello dejará de existir a no muy tardar, pues el fenómeno de la web 2.0 y las redes sociales trasciende su enunciado comunicativo al imponer en todos nosotros un lenguaje o un protocolo que son los que configuran el escenario turístico de estos días. Y no digamos el que se nos cierne en un futuro inmediato.

“El viaje más apasionante es el del dedo sobre el mapa”, solía repetir Ramón Gómez de la Serna, no sé si como proclama sedentaria o por lo que veía en su bola de cristal: un mundo cada vez más globalizado y susceptible de ser comprendido desde una óptica virtual. Enchufado al Google Earth uno se queda pensando si acaso hace falta más. Sí, por supuesto, queda Facebook, que es el patio en el que todo quisque se cita para cominear. O, acaso, la calle ancha por la que hay que circular para adquirir conciencia de que Google Earth habla no solo por medio de la cartografía vectorial, sino en boca de sus viandantes y viajeros. O sea, nosotros.

¿Estamos, pues, en la calle? ¿Quiénes? La gran mayoría de los foristas sí lo están, y mucho, a tenor de lo respondido en la encuesta anexa a este Foro. Es obvio que sus seguidores son, por lo general, hoteleros comprometidos con la innovación y el marketing online, del cual la calle Facebook es el mentidero público de ese boca/boca que todos quieren para sus negocios. Y yo sostengo, además, que es potencialmente el gran y más barato CRM hotelero de los próximos años.

El 52% de los encuestados ha confesado usar mucho el Facebook, por tan solo el 26% que lo usa poco y el 19% renuente a utilizarlo hasta la fecha. El 3% se lo anda pensando, lo que probablemente indica una aproximación a medio plazo.

Otro cantar es si la calle Facebook es transitable o algunos conducen con miedo y se montan en las aceras. Un grupo pequeño se muestra activo e inteligente en sus apariciones cotidianas, mientras que los más –demasiados– se dan a jalonar el asfalto con vallas publicitarias que provocan cansancio o aburrimiento en sus fans. A mí me recuerdan esos conocidos que te paran por la calle de a dos, con terno y corbata, mientras ejercitan su labia en la catequesis del diseño inteligente o el amor fraterno universal, por no citar a esos amigos de tus amigos que te franquean el paso para venderte un seguro de vida.

Facebook, como la calle misma, tiene de todo y para todos. Por eso, en este Foro, vamos a intentar articular un código de circulación que sirva para elevar la calidad urbana y hacer más fluido el tráfico hotelero. No se trata de que impongamos normas a las intervenciones hoteleras en Facebook, sino de extraer el mejor aprovechamiento a esta red social y pautar unas fructíferas relaciones entre el hotel y su clientela, objeto del encanto de la llamada web 2.0

Quien desee contribuir con sus ideas a establecer ese código hotelero en Facebook puede dejar su granito de arena en este documento.

Fernando Gallardo (@fgallardo)

Opinémonos

¿Qué opinamos los hoteleros de nosotros mismos? ¿Acaso tienen que venir de fuera a buscarnos los defectos? Porque las loas y los aplausos son siempre bienvenidos, aunque a veces sean caramelos envenenados. Ante todo somos hoteleros porque tenemos un proyecto, un concepto, una idea, una filosofía de vida, una cultura con la que estamos profundamente comprometidos. Todo eso lo queremos trasladar a los demás y lo plasmamos en nuestro proyecto/espacio, lo lanzamos/compartimos con los demás o estamos en el principio del fin de lo nuestro.

No me parece que cuando hablamos de innovación hotelera estemos hablando de esto precisamente. Las últimas reflexiones en este Foro sobre los que dicen los demás (en terminología moderna 2.0) me está empezando a descolocar… Desde siempre he creído que «no importa la opinión, sino el agente opinante» (por ejemplo, para mí lo que me diga Fernando Gallardo sobre El Secanet me llega, me duele, me conmueve, me motiva… Y, por contra, lo que me critique un determinado y futuro ex-cliente (porque después de una mala opinión aparece la decisión explicita de no volver al lugar del crimen) me dolerá o no, pero será objeto de un análisis diferente .

No creo que debamos adaptarnos permanentemente a aquello que nuestros clientes demanden. La gente, en general, nunca demanda innovación. Salvo que esté muy escaldada, la gente es continuista y huye de los cambios. Así pues, o conocemos bien nuestras debilidades y fortalezas, o mal rollo.

Si no queremos perpetuar una hotelería cutre, opinemos nosotros de nosotros mismos… Pongamos en práctica unos ejercicios espirituales. Primero en Jávea. Ahora en Solares, por supuesto.

Salvador Estellés, hotel El Secanet

Camas que bajan del techo

quintana2 Si hemos celebrado las jornadas hoteleras de La Ruina Habitada, si nos hemos reunido en El Rodat para hacer germinar el Espíritu de Jávea, si nos volvemos a reunir el mes que viene en el Balneario de Solares y si acabamos de constituir el Clúster transautonómico de la innovación hotelera ha sido para insuflar un nuevo aire a la industria turística, aplicar los principios elementales de la Arquitectura de los Sentidos y generar un movimiento asociativo y cooperativo entre los hoteles más despiertos de nuestro entorno.

La prueba de que esta semilla ha prendido entre nosotros es la visita que los propietarios de la Casa do Batán, en Galicia, han rendido a los propietarios de la Quintana del Caleyo, en Asturias. Puede decirse que este viaje forma parte del rosario de viajes iniciáticos programados en fechas próximas para los miembros del Clúster de la Ruina Habitada y que se sucederán espontáneamente entre los hoteleros suscritos por libre voluntad a este Foro. Porque antes que fraile conviene ejercitarse de cocineros. Porque el servicio se aprende siendo servido. Porque el conocimiento es el carril de nuestra existencia. Porque si no sabes qué habas se cuecen allende tus paredes difícilmente vas a saber calentar un buen puchero.

Tal es la lección que aprendemos de quien escribe las siguientes líneas en Facebook al término de su viaje iniciático:

"Entre las colinas asomaban los últimos rayos de sol de un anaranjado atardecer. A juego, los gruesos muros de la Quintana se divisan a lo lejos. Una carretera asfaltada y un camino nos llevan a ella. Como no podía ser de otra manera, en la Asturias vaqueira, el coche se mete en un cercado desde el cual un sendero nos indica el camino.

Entre dos frondosas y gallardas higueras comenzamos nuestro viaje.

Nuestros pasos resuenan sobre el centenario empedrado que termina en una especie de plazoleta. La Casa, el pajar, las paneras y la casina. Una regia y robusta escalera pétrea nos acerca al portón. A cada lado dos sillas forjadas nos invitan al descanso. Sentados sobre ellas nos dejamos inundar por la paz y la tranquilidad que invaden el lugar.

Glorina, a quien conoceremos más tarde y a quien divisamos entre las paneras, disfruta de la tarde otoñal con su familia. Dos golpes con la aldaba, y nuestros amigos virtuales se convierten en reales. Una mirada, un gesto y una palabra fueron más que suficientes para sentir y saber que todos los buenos presentimientos serían superados por la realidad.

Una vez dentro, los gruesos muros conforman amplias estancias, donde las paredes en tonos ocres y tierra sirven de tapiz a vetustos muebles labrados a mano y recuperados con mimo. Las anchas y centenarias tablas de castaño del piso aportan sobriedad y nobleza a las estancias. El mobiliario invita al descanso de cuerpo y mente. Los dos ventanales de la habitación dejan entrever las últimas luces del día. Tonos rojizos y blanco roto aportan armonía a la amplia y luminosa habitación. Unas flores frescas, en perfecta consonancia de colores, desvelan el sutil toque de nuestra anfitriona. Lencería blanca impoluta, de suave algodón, que invita a deslizarse entre ella.

El fuego de la chimenea y la tenue luz del comedor son testigos de una larga y sincera tertulia que nadie desea dar por terminada. La parte humana son tres, y los tres muy necesarios… Antonio: innovador, emprendedor, hiperactivo, un crack… Lo mismo le da el Facebook, que los asturcones, que el Hotel de los Sentidos. Para mí, el Jefe ;)… María Jesús: sensata, dulce, divertida y una gran cocinera. Cada plato que sale de sus manos rebosa calidad, sabor y, sobre todo, el amor que le pone… Iñaki: todo un potencial por explotar. Discreto, eficiente y muy buen conversador.

Dos días de descanso, que para ellos de trabajo, se hacen cortos y en un claro intento de no despedirnos alargamos ese momento. Disfrutamos de su sinceridad, de su humor, de sus detalles, de problemas e inquietudes similares, del futuro y del presente… Y, cómo no, de mágicos sueños donde las camas bajan del techo, de teorías asturconadolescentes, de paneras-chillout, de pajar-terma, de llariega gastro-sexual, etc, etc. Está comprobado que FG deja huella, y es sano comprobar que nos causa efectos secundarios similares.

Ahora, desde nuestro rincón batanero, entre estos dos ríos, estamos deseando nuestro próximo encuentro en el que volver a compartir espacio y tiempo con nuestros buenos amigos los Condes del Caleyo."

Firman este retrato poético-iniciático de la Quintana del Caleyo los dueños de la Casa do Batán, Antón Vázquez y Mariluz Pena. Al menos ellos practican con su poesía, su ciencia y su humana sensibilidad ese viejo aforismo: “no te acostarás sin saber cada día una cosa más.”

Y tú, ¿qué has aprendido esta semana?

Fernando Gallardo (@fgallardo)