Camas que bajan del techo

quintana2 Si hemos celebrado las jornadas hoteleras de La Ruina Habitada, si nos hemos reunido en El Rodat para hacer germinar el Espíritu de Jávea, si nos volvemos a reunir el mes que viene en el Balneario de Solares y si acabamos de constituir el Clúster transautonómico de la innovación hotelera ha sido para insuflar un nuevo aire a la industria turística, aplicar los principios elementales de la Arquitectura de los Sentidos y generar un movimiento asociativo y cooperativo entre los hoteles más despiertos de nuestro entorno.

La prueba de que esta semilla ha prendido entre nosotros es la visita que los propietarios de la Casa do Batán, en Galicia, han rendido a los propietarios de la Quintana del Caleyo, en Asturias. Puede decirse que este viaje forma parte del rosario de viajes iniciáticos programados en fechas próximas para los miembros del Clúster de la Ruina Habitada y que se sucederán espontáneamente entre los hoteleros suscritos por libre voluntad a este Foro. Porque antes que fraile conviene ejercitarse de cocineros. Porque el servicio se aprende siendo servido. Porque el conocimiento es el carril de nuestra existencia. Porque si no sabes qué habas se cuecen allende tus paredes difícilmente vas a saber calentar un buen puchero.

Tal es la lección que aprendemos de quien escribe las siguientes líneas en Facebook al término de su viaje iniciático:

"Entre las colinas asomaban los últimos rayos de sol de un anaranjado atardecer. A juego, los gruesos muros de la Quintana se divisan a lo lejos. Una carretera asfaltada y un camino nos llevan a ella. Como no podía ser de otra manera, en la Asturias vaqueira, el coche se mete en un cercado desde el cual un sendero nos indica el camino.

Entre dos frondosas y gallardas higueras comenzamos nuestro viaje.

Nuestros pasos resuenan sobre el centenario empedrado que termina en una especie de plazoleta. La Casa, el pajar, las paneras y la casina. Una regia y robusta escalera pétrea nos acerca al portón. A cada lado dos sillas forjadas nos invitan al descanso. Sentados sobre ellas nos dejamos inundar por la paz y la tranquilidad que invaden el lugar.

Glorina, a quien conoceremos más tarde y a quien divisamos entre las paneras, disfruta de la tarde otoñal con su familia. Dos golpes con la aldaba, y nuestros amigos virtuales se convierten en reales. Una mirada, un gesto y una palabra fueron más que suficientes para sentir y saber que todos los buenos presentimientos serían superados por la realidad.

Una vez dentro, los gruesos muros conforman amplias estancias, donde las paredes en tonos ocres y tierra sirven de tapiz a vetustos muebles labrados a mano y recuperados con mimo. Las anchas y centenarias tablas de castaño del piso aportan sobriedad y nobleza a las estancias. El mobiliario invita al descanso de cuerpo y mente. Los dos ventanales de la habitación dejan entrever las últimas luces del día. Tonos rojizos y blanco roto aportan armonía a la amplia y luminosa habitación. Unas flores frescas, en perfecta consonancia de colores, desvelan el sutil toque de nuestra anfitriona. Lencería blanca impoluta, de suave algodón, que invita a deslizarse entre ella.

El fuego de la chimenea y la tenue luz del comedor son testigos de una larga y sincera tertulia que nadie desea dar por terminada. La parte humana son tres, y los tres muy necesarios… Antonio: innovador, emprendedor, hiperactivo, un crack… Lo mismo le da el Facebook, que los asturcones, que el Hotel de los Sentidos. Para mí, el Jefe ;)… María Jesús: sensata, dulce, divertida y una gran cocinera. Cada plato que sale de sus manos rebosa calidad, sabor y, sobre todo, el amor que le pone… Iñaki: todo un potencial por explotar. Discreto, eficiente y muy buen conversador.

Dos días de descanso, que para ellos de trabajo, se hacen cortos y en un claro intento de no despedirnos alargamos ese momento. Disfrutamos de su sinceridad, de su humor, de sus detalles, de problemas e inquietudes similares, del futuro y del presente… Y, cómo no, de mágicos sueños donde las camas bajan del techo, de teorías asturconadolescentes, de paneras-chillout, de pajar-terma, de llariega gastro-sexual, etc, etc. Está comprobado que FG deja huella, y es sano comprobar que nos causa efectos secundarios similares.

Ahora, desde nuestro rincón batanero, entre estos dos ríos, estamos deseando nuestro próximo encuentro en el que volver a compartir espacio y tiempo con nuestros buenos amigos los Condes del Caleyo."

Firman este retrato poético-iniciático de la Quintana del Caleyo los dueños de la Casa do Batán, Antón Vázquez y Mariluz Pena. Al menos ellos practican con su poesía, su ciencia y su humana sensibilidad ese viejo aforismo: “no te acostarás sin saber cada día una cosa más.”

Y tú, ¿qué has aprendido esta semana?

Fernando Gallardo (@fgallardo)

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