Del hotel experiencial al hotel experimental

Nos hemos pasado la semana metidos en un hoyo. Jesús Castillo Oli, arquitecto de cámara, y este servidor nos hemos escurrido por todos los subterfugios posibles en la ciudad chilena de Valparaíso para anticipar visualmente algunos rasgos característicos del Proyecto de un Hotel de los Sentidos. La condición era leer el terreno, sin planos, sin trazos, sin números. Y en las calles por donde bajaba el viento de Neruda, sin esa lluvia que traía hilos celestes, desentrañamos el misterio de las arquitecturas sin sentido que nos devolverá el placer de los sentidos.

Lo primero que vi fueron 
árboles, barrancas
decoradas con flores de salvaje hermosura,
húmedo territorio, bosques que se incendiaban,
y el invierno detrás del mundo, desbordado.
(Canto General, Pablo Neruda)

Nuestro proyecto avanza. En lo que puedo contar, por ahora, el básico de arquitectura se halla en su fase inicial, que concluirá probablemente a finales de abril 2010. Enseguida iniciaremos el proyecto de ejecución, una vez se hayan definido todos los pormenores y elevado a trámite sus pliegos antes las autoridades competentes en la plaza. Si todo sale según lo previsto, la construcción de este hotel experimental en Valparaíso podría iniciarse en abril/mayo de 2011.

Los conceptos espaciales y arquitectónicos que definen este proyecto son los siguientes:

L12003771) Hotel de geometría variable. Vamos a innovar un concepto de yield management no solamente sobre la gestión del hotel, sino también en su arquitectura.

2) Idea de capacidad flexible. Un programa de gestión determinará a según qué horas del día el espacio concedido a cada pasajero en función de su reserva. A las 18 horas, el hotel dará opción al viajero de poder ampliar su habitación 1/3 o 2/3 más sobre el tamaño reservado.

3) Subversión sin freno. Al menos un 50% de los elementos que posea el hotel serán diseñados con criterios transgresores del espacio y de las instalaciones. Haremos especial hincapié en su iluminación diurna y nocturna, el paisaje interior, la articulación de las camas, los módulos de higiene y la conectividad tecnológica.

4) Todos los espacios habitacionales dispondrán de una zona interior ajardinada en diferentes cotas.

5) Existirá una suite de referencia en la que se experimentará una arquitectura fragmentada con zona de trabajo, zona de relax, zona de esparcimiento gastronómico y un espacio aéreo en conexión con el perfil de la ciudad.

6) El hotel dispondrá como zonas comunes de un comedor escénico, un lounge vespertino ceremonial, una terraza mirador extensible, un Sigue leyendo

Emociones al cubo

casacubo3 Rotterdam, Holanda. Con el propósito de hacer la ciudad más pintoresca y reconocible, el Ayuntamiento convocó en el año 1978 un concurso para construir viviendas a lo largo de un puente pedestre sobre la calle Blaak. Su ganador, el arquitecto Piet Blom, ideó un bosque abstracto de árboles representados por cada cubo y su base. La estructura del árbol consiste en tres pilares de hormigón armado con bloques que rellenan los espacios entre ellos, lo que forma un tronco hexagonal que sujeta el cubo. Toda la estructura de madera está recubierta de fibrocemento con la intención de protegerla de la lluvia y el sol. Los cubos visten de cara paneles de zinc coloreados con fines aislantes. A sus pies se extienden terrazas vegetales que bordean el agua.

El conjunto es reconocible. Estas casas cubo (Kubuswoningen) se han hecho famosas en el mundo entero por su singularidad, condición de toda obra que pretende destacarse y constituir un atractivo digno de ser visitada. Lo que no se ve en la foto es el interior de cada cubo, distribuido en diversas áreas públicas y privadas en tres niveles cuya

Sigue leyendo

Emociones circenses

raluy

Nos gustan los hoteles únicos. Aquellos que sobresalen del resto por su singularidad, aunque el disfraz a veces esconde el mismo perro con distinto collar. Pero celebramos en ellos la búsqueda de una identidad propia, captar la atención del viajero o el paseante, él ir más allá de lo habitual, sorprender, convencer y emocionar. Muy especialmente en aquellos casos en los que la cualidad diferencial es una exigencia del guión y no un puro diktat mercadotécnico.

Quiero descubrir aquí una iniciativa reciente desarrollada por la familia Raluy, promotores desde 1911 del circo que lleva su nombre y que ha extendido por cuatro continentes la calidez del espectáculo circense en su versión más clásica: las butacas de terciopelo, los saltimbanquis, los acróbatas, los payasos, la carpa y… el carromato. El Circo Raluy es Premio Nacional de Circo en 1997, concedido por el Gobierno, y Creu de Sant Jordi en 2006, concedida por la Generalitat.

Conscientes de que the show must goes on, y más en estos tiempos de incertidumbre por la explosión lúdica de lo virtual, los integrantes del

Sigue leyendo

Los sentidos en su tinta

casado_y_guia El día que Antonio Fernández Casado visitó La Ruina Habitada apenas podía disimular tras sus ojeras el madrugón que debió soportar para hacerse el viaje desde Madrid. Le picaba la curiosidad de ver lo que habíamos creado y tocar lo que parecía ser una alucinación matinal en concepto y en forma. Al salir del coche no dio crédito al desastre de obra que se percibía, y tuvo que restregarse los ojos para elucidar si aquello había merecido el viaje. ¿Quién de los tres padecía una mayor locura? El arquitecto, tal vez, que le estaba explicando animosa pero incomprensiblemente los pormenores de su obra. Yo mismo, por haber inducido el engendro de una fachada totalmente arruinada. O él, que le había raptado unas horas al sueño por asistir a semejante escarnio.

El día que Antonio Fernández Casado, creador del grupo hotelero High Tech, visitó La Ruina Habitada flipó tanto de ojeras hacia adentro que no pudo resistirse a encargarle a su arquitecto, Jesús Castillo Oli, el primero de sus hoteles cinco estrellas en Madrid. Puede que nada o casi nada entendiera de la Arquitectura de los Sentidos, y menos aún de la atrabiliaria atracción por los materiales de desecho que el alarife sentía en ese recóndito lugar de la geografía palentina. Pero de lo que no tenía ninguna duda era de la capacidad de asombro que transmitía esta obra. Y supo ver enseguida, como empresario afilado, que tales cualidades definían a la perfección las bases del turismo experiencial y la hotelería de las emociones.

Antonio Fernández Casado es un empresario de éxito. Lo conocí hace más de 20 años, cuando dirigía con rectitud y no menos entusiasmo el hotel Ercilla, de Bilbao. Me enloqueció cómo se comía allí y lo bien que se conducía el personal de servicio. Recuerdo incluso que mereció una puntuación alta, de esas que solo los muy grandes podían reclamar… A su labor callada le debía el Bilbao pre Guggenheim el incipiente turismo que tuvo.

Solo una persona de este talante podía cerrar su etapa al frente de un clásico como el Ercilla y embarcarse en la aventura de fundar un grupo hotelero tras su paso por Hoteles Tryp. En compañía de otros cuatro socios y dos grupos de capital riesgo, High Tech Hoteles es hoy una realidad estimulante en el panorama de crisis que viven los hoteles en España. Su estrategia de copar el segmento de categoría media en el núcleo histórico de las ciudades le ha valido un hueco bien consolidado en la planta urbana española con algunos ejemplos significativos de rehabilitación arquitectónica como la Posada del Peine, probablemente el hotel más antiguo de Madrid. Quien lo haya visitado o sumergido en las tripas de cualquiera de sus hoteles en Madrid, Barcelona o Bilbao enseguida comprenderá por qué Fernández Casado sucumbió a esa prueba del algodón que para los hoteleros de los sentidos es La Ruina Habitada. El ladrillo y la vejez de los materiales es un grado.

Una mente así no podía permanecer inactiva en los territorios feraces de la creación y la memoria. Los planos, los bocetos, los números, la ingeniería financiera siempre le han sabido a poco sin las letras. Y por ello, Antonio Fernández Casado ha compaginado desde hace años su pasión hotelera con el internamiento en los vericuetos de la escritura. Su última publicación en papel, la Guía histórica de fondas, posadas, hoteles, restaurantes, tabernas y chacolís de Bilbao es, sin duda, una obra con encanto. Bien impreso, presentado con elegancia e ilustrado con imágenes de la belle époque bilbaína, el libro rememora un tiempo glorioso solo para amantes de mitos. La lista de estos alojamientos románticos es larga, desde la Posada del Sol Dorado (Paseo del Arenal esquina con Bidebarrieta) hasta el hotel Carlton, al que eran asiduos Hemingway, Lorca y María Callas, pasando por La Terrasse, el Scala o la Fonda del Antiguo.

Al igual que muchos de los huéspedes de La Ruina Habitada, Casado apreció la inspiración literaria que acredita toda obra arquitectónica con mayúsculas. Recuérdense los tres libros fundamentales: El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki; Ornamento y delito, de Adolf Loos; y Rayuela, de Julio Cortázar… Qué cabe esperar, pues, de un hotelero de los sentidos sino la expresión de su talento en las sábanas de una cama o en la tinta de una página. Nos llaman aquí los sentidos en su tinta. Que, como los sueños, sentidos son.

Guía histórica de fondas, posadas, hoteles, restaurantes, tabernas y chacolís de Bilbao. Antonio Fernández Casado. Ed. BBK Temas Vizcaínos 406/407. 180 pág. ISBN-978-84-8056-277-5. Precio: 9 euros.

Fernando Gallardo | Sígueme en Twitter @fgallardo Comparte este artículo

Calle Facebook

FBcuna Lo he escrito anteriormente a esta encuesta. Hoy, salir a la calle es entrar en Facebook. El hotel que no tome conciencia de ello dejará de existir a no muy tardar, pues el fenómeno de la web 2.0 y las redes sociales trasciende su enunciado comunicativo al imponer en todos nosotros un lenguaje o un protocolo que son los que configuran el escenario turístico de estos días. Y no digamos el que se nos cierne en un futuro inmediato.

“El viaje más apasionante es el del dedo sobre el mapa”, solía repetir Ramón Gómez de la Serna, no sé si como proclama sedentaria o por lo que veía en su bola de cristal: un mundo cada vez más globalizado y susceptible de ser comprendido desde una óptica virtual. Enchufado al Google Earth uno se queda pensando si acaso hace falta más. Sí, por supuesto, queda Facebook, que es el patio en el que todo quisque se cita para cominear. O, acaso, la calle ancha por la que hay que circular para adquirir conciencia de que Google Earth habla no solo por medio de la cartografía vectorial, sino en boca de sus viandantes y viajeros. O sea, nosotros.

¿Estamos, pues, en la calle? ¿Quiénes? La gran mayoría de los foristas sí lo están, y mucho, a tenor de lo respondido en la encuesta anexa a este Foro. Es obvio que sus seguidores son, por lo general, hoteleros comprometidos con la innovación y el marketing online, del cual la calle Facebook es el mentidero público de ese boca/boca que todos quieren para sus negocios. Y yo sostengo, además, que es potencialmente el gran y más barato CRM hotelero de los próximos años.

El 52% de los encuestados ha confesado usar mucho el Facebook, por tan solo el 26% que lo usa poco y el 19% renuente a utilizarlo hasta la fecha. El 3% se lo anda pensando, lo que probablemente indica una aproximación a medio plazo.

Otro cantar es si la calle Facebook es transitable o algunos conducen con miedo y se montan en las aceras. Un grupo pequeño se muestra activo e inteligente en sus apariciones cotidianas, mientras que los más –demasiados– se dan a jalonar el asfalto con vallas publicitarias que provocan cansancio o aburrimiento en sus fans. A mí me recuerdan esos conocidos que te paran por la calle de a dos, con terno y corbata, mientras ejercitan su labia en la catequesis del diseño inteligente o el amor fraterno universal, por no citar a esos amigos de tus amigos que te franquean el paso para venderte un seguro de vida.

Facebook, como la calle misma, tiene de todo y para todos. Por eso, en este Foro, vamos a intentar articular un código de circulación que sirva para elevar la calidad urbana y hacer más fluido el tráfico hotelero. No se trata de que impongamos normas a las intervenciones hoteleras en Facebook, sino de extraer el mejor aprovechamiento a esta red social y pautar unas fructíferas relaciones entre el hotel y su clientela, objeto del encanto de la llamada web 2.0

Quien desee contribuir con sus ideas a establecer ese código hotelero en Facebook puede dejar su granito de arena en este documento.

Fernando Gallardo (@fgallardo)

El adagio del ingeniero Murphy

pavorealAmaneció en Madrid con luz, se puso gris en el rubicón y luego chispeó lo suficiente como para anunciar melancolía. En el otoño de la hotelería española se regodean los románticos y sufren los pendencieros, pero siempre merodea por aquí la paradoja de Murphy: si algo puede salir mal, saldrá mal. O, aplicado con más propiedad al ámbito hotelero, el cliente recordará más las veces que la rebanada cae al suelo por el lado de la mantequilla.

Edward A. Murphy Jr era un ingeniero de desarrollo que experimentó en 1949 con cohetes sobre rieles en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, concretamente en la base militar Muroc –que años más tarde tomaría el nombre de Edwards–, con la misión de probar la resistencia humana a la fuerza G en una desaceleración rápida. El experimento se realizaba sobre unos rieles con frenos en su extremo. Tras las pruebas iniciales, en las cuales se empleaba un humanoide atado a una silla, el capitán John Paul Strapp sirvió de conejillo de indias con un arnés de sensores que medía la fuerza G contraria a la que experimentarían los astronautas en su despegue de la Tierra. Pero, oh, surprise, surprise, los sensores instalados por el asistente de Murphy dieron una lectura de cero.

Mosqueado el patrón, comprobó enseguida que el asistente elegido era un poquito… ¿lerdo? Había instalado incorrectamente el arnés con los sensores cableados al revés. Y, con el enfado, saltó la chispa. El ingeniero Murphy echó la culpa a su asistente: «Si esa persona tiene una forma de cometer un error, lo hará». Vaya, que si puede ocurrir, ocurrirá. O lo que es igual, en palabras del hijo de Murphy: «si hay más de una forma de hacer el trabajo y una de ellas culmina en desastre, alguien lo hará de esa manera».

Esta es mi reflexión de hoy, entre la luz matinal y el gris del véspero, con la que doy respuesta a las varias conversaciones sostenidas por teléfono con lo más granado de nuestra hotelería nacional. Estamos en crisis, vale, pero si seguimos haciendo lo que antes hemos hecho mal, avanzaremos hacia el desastre. Algunos se empeñan en levantar barricadas y adoptar una estrategia de resistencia al viso de tiempos mejores. Hay quien persiste y considera que su política es la correcta, mientras que son los demás los equivocados. Y luego están quienes se desparraman como las lluvias levantinas de estos días en este valle de lágrimas que ha excavado la sobreoferta hotelera durante la última década.

Pero quiero anunciar bien alto que, de todos los hoteleros con los que hoy me he entretenido, tres navegan viento en popa y con unas tasas óptimas de ocupación altas durante estos días de otoño, y anuncian un lleno total hasta las próximas navidades. No es casual que los tres hoteles coincidan en el factor X del éxito: su particularidad, el valor de lo identitario, el hecho de que sean distintos a todo lo visto y por ver. Sin duda, compiten no por ser los mejores, sino por ser distintos.

Incluso dos de ellos superan el precio medio por habitación doble de 200 euros. Y si su ocupación es alta cualquiera puede echar cuentas… Pero los tres hoteles a los que me refiero no se quedan en el limbo del éxito porque conocen el famoso adagio de Murphy. Y, claro, no es plan. Por lo que los tres vuelven a coincidir en la persignación del trabajo y el emprendimiento de nuevas mejoras en sus hoteles a fin de conjurar el enunciado enfáticamente negativo del ingeniero de cohetes. O sea, si puedes, hazlo.

Los tres hoteles referidos con los que hoy he conversado son La Casa de San Martín, El Convento de Mave y Les Cols. Ya pueden nuestros contertulios descolgar rápido el teléfono e interesarse por la fórmula anti-Murphy.

Fernando Gallardo (@fgallardo)