Esto del Foro funciona…

Bueno, bueno, bueno… No me imaginaba yo ni por asombro que la respuesta de nuestros foristas fuera tan rápida en la aplicación de las nuevas herramientas que Nuestra Señora de Internet pone a la disposición de todos. En concreto, esa plataforma de redes que últimamente suscita el interés no solamente de los amigos, sino también de las empresas: el Facebook. El invento del siglo para quedarse retratado. La comunidad más abierta del planeta. Y, que se me lea bien, el CRM del futuro.

A lo largo de 2008 he venido escuchando por parte de muchos prójimos su negativa a inscribir sus datos en Facebook por miedo a salir retratados en público. Que si esto es un club de adolescentes, que no quiero ser detectado por Hacienda, que así somos más vulnerables a la delincuencia organizada… Como si el hecho de salir a la calle no fuera ya un retrato en sociedad, o como si Hacienda fuera tonta, o nuestros delincuentes comunes son los más listos del universo que rastrean mejor que los policías nuestras conversaciones informales en Internet.

He oído cosas ridículas, absurdas, como la protección del derecho a la intimidad. Un derecho que muchos creen natural, cuando las tres cuartas partes de la Humanidad no sabe qué significa claramente este concepto. Y no me refiero únicamente a la conciencia luterana de que todo lo que se hace en privado debe poder hacerse en público, a diferencia de esa otra farisea que permite ocultar lo que en conciencia daría vergüenza mostrar a los demás.

Facebook, pese a quien pese, es una poderosísima herramienta de comunicación grupal y servirá a quien la sepa utilizar como un sistema ágil y barato para relacionarse con la clientela. Por eso no me sorprende que en menos de una semana, fecha de publicación de mi artículo sobre la tecnología en tiempos de crisis, más de 30 de nuestros foristas se hayan dado de alta en Facebook. Lo que sorprende es que se hayan demorado tanto en comprender que si uno vive de los demás -los clientes- necesariamente tendrá que comunicarse con los demás. Si uno desea que lo quieran -los clientes- necesariamente habrá de exhibirse allá donde estén los demás. Y Facebook es la solución. Hoy por hoy.

¡Bienvenidos, pues, al club de La Ruina Habitada! Tenemos un grupo formado allí donde compartiremos información con otras personas y empresas no foristas, pero que seguramente leerán nuestros debates y aprenderán de ellos. Ésta es su dirección en Facebook.

Por supuesto, el Foro de la Ruina sigue vivo aquí. Trasladaremos a Facebook las convocatorias que realice este foro, como la que el próximo lunes 9 de marzo se celebrará en el hotel El Rodat (Jávea, Alicante, España) sobre este asunto tan de actualidad: Ideas para combatir la crisis hotelera en 2009. Quien desee asistir puede apuntarse aquí.

Es una convocatoria que prolonga las ya organizadas anteriormente en La Ruina Habitada. Y, como aquellas, completamente gratuita.

Os espero en El Rodat.

Fernando Gallardo

La nieve con sentido

¿Seguimos reflexionando sobre los sentidos? El de la vista, por ejemplo, interesa cada día más a las estaciones de esquí. Sus gestores son conscientes de que a las masas no las arrastra ya el deporte invernal, pero sí las vacaciones invernales. En consecuencia, las estaciones de esquí se están transformando en parques temáticos de la nieve. En España la que primero lo ha entendido correctamente ha sido Formigal.

Gracias al consorcio Aramón, la estación de Formigal se ha beneficiado de privilegiadas inversiones públicas que la han convertido en los tres últimos años en la estación más moderna y ambiciosa de España. Es ya la mayor en extensión y, si algún día se acaba de unir con su vecina Astún, conformará el parque de nieve más extenso de la península Ibérica, por delante de los grandes complejos andorranos de Grandvalira y Vallnord.

Otras estaciones aragonesas y catalanas se mueren de la envidia y critican, cierto que en voz baja, los réditos políticos de una inversión pública tan gigantesca como la obrada en el valle de Tena. Pero no menos cierto es que todos la desearían para sí. Y, además, criticar las inversiones públicas no parecen estar muy de moda en estos tiempos que corren de crisis y aspaviento, donde hasta los más liberales se han reconvertido interesadamente en defensores ultras de la inversión pública con tal de que sus empresas no se vean arrastradas a la quiebra. «Cosas veredes, amigo Sancho», decía Don Quijote… Todos se apuntan ahora a las ayudas de papá Estado.

¿Pero la inversión en Formigal ha obrado por sí sola el milagro? Ni mucho menos. Hay que ser justos y reconocerlo: el gran acierto de Aramón en esta estación de la cabecera del río Gállego ha sido nombrar a un gerente con visión de futuro, capaz de extrer las lecciones oportunas de las emblemáticas estaciones norteamericanas, como la canadiense Whistler, y adaptarlas a los gustos locales con agudeza de esquiador y sabiduría de gestor. Toño Gericó, director de Formigal, se ha curtido antes en la hotelería gracias a su trabajo en la central de EcoHoteles y posteriormente como director del hotel Saliecho, en la misma estación formigalense. Es, pues, un hombre de la casa.

Áreas de esquí libre, zonas infantiles, half pipes para surferos, esquí-ratrack, cafeterías postineras, restaurantes de altitud, competiciones locales y otras de nivel internacional, como los Campeonatos del Mundo de Esquí Junior, disputados en 2008… Todas éstas han sido implementaciones surgidas de la cabeza de Gericó, a quien el valle de Tena entero le debe el llenazo de que goza en estas fiestas navideñas. No cabe un alfiler.

¿Y cuál es el siguiente reto de Formigal? La arquitectura. Toño Gericó iba a asistir a la última jornada de Arquitectura de los Sentidos que no pudo celebrarse el año pasado, pero asistirá a la siguiente. Me lo ha prometido. Allí analizaremos qué se puede hacer más en Formigal. O por qué no se ha hecho ya. Por qué la tradición del turismo invernal obliga a un modelo tirolés de chimenea encendida, aleros de madera labrada, frescos botánicos en las fachadas y todo el mundo se queda tan contento. ¿Por qué gusta tanto un paisaje de pesebre como el creado en el valle de Arán? Paisaje que no deja de ser como una peluca, un moño postizo…

En las estaciones de esquí que gestiona Intrawest, esta multinacional de la nieve irrumpió con una idea transformadora inspirada de algún modo en esta arquitectura de los sentidos que pregonamos en La Ruina Habitada. Sus analistas estudiaron el motivo por el cual las casas de la costa amalfitana dibujaran un horizonte tan colorista y personal. Así los pescadores arrumbaban directamente a sus casas, reconocibles en la distancia por el color de sus fachadas. ¿Y qué utilidad tiene esto en la nieve? Obviamente, cualquier esquiador que se precie es consciente de la dificultad que supone en la última bajada atinar con el hotel o edificio de apartamentos en el que reside. Todos nos hemos confundido más de una vez y hemos tenido que remontar, a nuestro pesar, la última pista. Pues bien, los de Intrawest han solucionado esta pequeña incomodidad pintando de colores reconocibles los edificios de sus estaciones. Un detalle más en favor del esquiador, que es quien paga su negocio.

¿Seguimos hablando de Arquitectura de los Sentidos? Formigal debe ahora sondear nuevos horizontes y suscribirse a la nueva generación de estaciones diseñadas por ordenador en las que se optimiza el transporte suspendido y se minimiza el impacto de tanta infraestructura de cables y pilonas a costa de volúmenes colosales en las bases de los telesillas. Debe apostar por la arquitectura con mayúsculas, como la que abre este artículo en una estación de los Alpes austriacos preocupada por el medio ambiente.

Así, la nieve cobrará otro sentido.

Fernando Gallardo

Ideas para combatir la crisis en 2009

Este artículo ha surgido, como quien no quiere la cosa, en la barra de un bar en Aranjuez. No es que me inspirara precisamente su ambiente ruidoso y cargado de humo, pero sucedió como suelen ocurrir estos temas. Charlando una vez más sobre la recesión mundial en 2009 y cómo afectará a la hotelería en su conjunto. Nos fuimos a picar algo en una noche fría la propietaria del hotel El Cocherón 1919, Carmen Capuchino, y un servidor, bajo el astragamiento gastronómico propio de estas fechas. Y allí la atmósfera ponzoñosa nos hizo elucubrar no solamente sobre lo que nos esperaba en los próximos meses, sino de qué manera había que afrontar los acontecimientos que se vaticinan.

Los agoreros señalan que esta crisis va a ser la peor conocida jamás por la humanidad. Te lo dicen a la cara y luego se te sonríen con toda desfachatez. Claro que no se lo creen, pero les divierte comprobar el efecto de sus palabras en el rostro del interlocutor tal vez aterrado por los peores presagios. «Vamos de culo, ¡je, je!», espetan. Tal vez porque ninguno de ellos ha conocido una crisis como Dios manda. Les tendré que recordar que anoche vi atiborrados los bares y las salas de fiesta, que esta mañana la gasolina me costó un 40 por ciento menos que hace tres meses y que el banco me cobrará en la próxima revisión de la hipoteca un 30 por ciento por debajo de lo que me venía cobrando este último año.

Capuchino, que no es agorera ni mucho menos, sino una luchadora impenitente por su hotelito en el Real Sitio de Aranjuez, me confirmó que había cerrado 2008 con beneficios -como el banco Santander-, aunque con un 30 por ciento de ocupación menos. Ella, que es más joven que yo, no podía recordar los estragos de la crisis del 73, cuando el precio del petróleo se multiplicó por cinco en unos meses y la tasa de inflación superaba el 24 por ciento. ¿Qué significa esto?, le informé. Pues que el bajón crítico de la demanda se agravaba con una depreciación del ingreso producido en otro 24 por ciento, de modo que en 1973 ella habría perdido un 54 por ciento, que es la mitad de su facturación. Y prefiero no caer en la demagogia de recordar aquella crisis del 29 -que, evidentemente, no presencié- donde un dólar se pagaba a cinco millones de marcos alemanes, o al revés, y había gente que se tiraba de los balcones.

Que vamos abocados a una crisis de incalculable consecuencias por el momento es algo que nadie duda, pero no magnifiquemos la recesión porque haremos de ella un globo psicológico sin base económica real. Es pronto todavía para atarse los cinturones, y el propio Sarkozy recomendó a sus compatriotas que consumieran en estas navidades, que gastaran e invirtieran como medida de choque contra la crisis. Sus efectos serían positivos en lo económico y transmitiría optimismo en lo sentimental.

Así pues, más que exagerar sobre la que se nos viene encima, y seguir especulando con la economía, lo prudente es reflexionar sobre qué debemos hacer para prevenir la caída. Es un ejercicio que recomiendo a todo el mundo, empresarios y asalariados.

Qué se puede hacer para combatir la crisis…

A mi juicio, existen dos ideas básicas para navegar en este océano proceloso de 2009 sin que se produzca el naufragio hotelero. Una es incrementar la calidad de nuestro negocio, aprovechar las horas bajas para rearmarse e iluminar una batería de propuestas u ofertas imaginativas que se recuerden por su singularidad. Capuchino esta noche quiso rectificar el consejo: «he promocionado un puñado de ofertas que no han tenido resultado alguno», me señaló. Solo que ella no incluye en los resultados el efecto recordatorio que generan esas propuestas en la clientela objetivo para 2010 y 2011, cuando la crisis vaya remontando. Ella piensa, mejor dicho, pensaba, en el corto plazo. Y, claro, tenía razón. Pero los supervivientes a la crisis serán -porque lo han sido de las anteriores- quienes piensen y programen estrategias en el largo plazo. A quien no tenga esto claro le recomiendo la lectura de algún manual sobre Bolsa.

Y la otra idea que deseo transmitir es que se precisa aprovechar todos los ratos libres que nos provoca la caída de la demanda en estrechar el acercamiento con la clientela a través de las herramientas que hoy disponemos gracias a la informática. Me refiero a emprender una estrategia de red con los clientes actuales y probables. Una manera de gritar: ¡eh, que estoy aquí…! Y que estas personas que confían en nosotros porque nos vean en pleno parto de ideas, ofertas y propuestas imaginativas nos recompensen en el futuro cuando sus bolsillos vuelvan a recomponerse del roto que esta crisis les está provocando. ¿En quién iban a confiar mañana si no en nosotros, que hemos compartidos sus penas y sus alegrías, que hemos estado cerca de ellos cuando nos han necesitado. Sí, ya sé que lo llaman fidelizar a la clientela, pero yo prefiero emplearme con unos términos más poéticos. Me recordarán por eso, y no por mis conocimientos del benchmarking o la lectura del Peters.

No somos números. No somos letras. Somos alma y alguna otra razón que no es necesario desvelar aquí. Por eso convido a todos los foristas, que alcanzan ya los 500 asiduos diariamente a este foro, a expresar sus propuestas y compartirlas con los demás hoteleros con el objetivo de aliviar esta crisis. Y, quien sabe, si no a salir reforzados de ella.

He elaborado este cuestionario para que las propuestas queden ordenadas en un documento que será publicado dentro de unos días. Puede que nos sirva a todos.

Si tienes alguna idea que compartir con los demás y deseas saber también cómo les ha ido a todos este año, responde a este breve cuestionario.

Gracias en nombre de todos.

Fernando Gallardo

¿Crisis? Estúpido, es el Capitalismo…

Amigos del foro de La Ruina Habitada, Fernando Gallardo ha venido de su periplo por Chile con las tijeras de podar en una mano y el rayo de Zeus en la otra. Y como casi siempre es más fácil acertar en lo que ha pasado que acertar en lo porvenir, me pregunto: ¿por qué los que supuestamente sabían desde hace tiempo que el mercado del turismo se estaba saturando, que nuestros precios no son competitivos, que la falta de formación hostelera y la profesionalidad brillan por su ausencia, que incentivar y apoyar con subvenciones casas rurales, proyectos turísticos deficitarios y tantos otros programas para el sector donde lo único que primaba era la foto del político y del empresario de turno para justificar los fondos europeos y los programas partidistas, no avisaron o pusieron coto al desmadre hostelero? Supongo que por lo mismo que ha pasado en el sistema financiero, hipotecario e inmobiliario. Los que tenían que haberles dicho a los pequeños inversores, léase a aquellos que tenían en mente hacer un pequeño o mediano hotel con encanto, un restaurante con estilo, o un chiringuito muy chulo, se escondieron con la que estaba cayendo. Y no avisaron de que, en poco tiempo, aquí no vendrían más que guiris de bocata y botellón y que el turismo interno, con el acojone de la hipoteca, el mileurismo y el empleo precario no está para gollerías. Pues nadie, ni los medios de comunicación, ni los especialistas en el sector, ni los políticos… Nadie ha dicho en los últimos años: chavales esperar a que escampe y se aclare el panorama para saber por donde tirar.

¿Clientes? Pues claro que los hay -solo en España veinte millones, más o menos-, pero no a estos precios. Ni con estos servicios, ni con esta profesionalidad. De la crisis no se saldrá con buenas intenciones y nobles esfuerzos. Aquí sí que estoy de acuerdo con Fernando: saldrán aquellos que tengan imaginación para adaptarse a las nuevas tecnologías, a los precios competitivos y ofrezcan una calidad una profesionalidad y un trato al cliente exquisito. Y como me gusta dar consejos, ahí va uno: salid fuera, haced turismo y comparad con lo que tenemos aquí. Os llevareis algunas sorpresas.

Por cierto, el proyecto de Hotel de los Sentidos sigue en pie y además con mucha fuerza. Solamente nos falta concretar los inversores. Vamos a convocar una reunión, el próximo lunes 2 de febrero en mi hotel El Milano Real, en Hotos del Espino (Ávila), para avanzar algo sobre este tema. Los interesados en participar en esta reunión constituyente contactad conmigo por correo o por teléfono. Y, aunque pueda parecerlo, no me apellido Madoff.

Paco S. Rico, hotel El Milano Real

Por un nuevo modelo turístico en España

Mientras pasaba mis vacaciones en Barcelona estuve leyendo también puntualmente los posts que publicaba el señor Gallardo en el Foro de la Ruina. En su antepenúltimo escrito «El turismo echa el freno» reflexionaba sobre el devenir del turismo español y la crisis. Sobre el cómo minimizar sus efectos y sobre el futuro comprometido de muchos hoteles. Sostenía el autor que España -mejor dicho, el mercado español- no está preparada para  lo que se avecina. Probablemente, sea así. Que hay demasiados hoteles para los pocos clientes que se esperan los dos próximos años. Porque el ciclo económico que se avecina promete ser, desgraciadamente, más largo de lo que pensamos.

Siempre desde la educación, me gustaría decir un par de detalles que creo necesario apuntar. En primer lugar, si algún efecto benévolo va a tener esta crisis va a ser la desintoxicación de según qué empresarios de nuestra profesión. Puede sonar muy duro, pedante y en cierta manera ofensivo, teniendo en cuenta que servidor también es hotelero. Pero es que uno se había preguntado muchas veces cómo podían abrir 5, 6, 8 o hasta 10 hoteles nuevos al año sin que nadie pestañeara. Y esto ha sido el pan nuestro de cada día para según quien.

Claro, se puede abrir una decena de hoteles siguiendo los criterios de selección de destino y target clientelar. Pero no diez seguidos sin una concatenación lógica de ciudades y destinos -cuánta falta haría un licenciado en Geografía e Historia en cada cadena hotelera- y con una disparidad de criterios en la selección del cliente que ha hecho sonrojar a más de uno. Porque, después, la cotización en Bolsa es la que es. Ninguna hotelera cotiza en el selectivo IBEX 35, y nos sorprendemos si suenan ruidos de EREs.

Pues bien, a mí no me sorprende: ha habido en España durante una década  lo que el arquitecto Jesús Castillo Oli ha definido como la cultura del hágase usted millonario en un día. No podía ser que una persona se presentara con un proyecto de hotel bajo el brazo en cualquier banco español y con un aval personal se convirtiera en hotelero sin haber tenido anteriormente ningún lazo ni relación con el sector. La irresponsabilidad de las entidades bancarias ha sido palmaria. También  es cierto que no todos los créditos han ido a parar a irresponsables aprendices: algunas entidades de crédito internacionales se deben estar arrepintiendo de haber hecho caso a según qué planes de expansión de cadenas hoteleras mallorquinas y españolas, alguna de ellas al borde del colapso. Y es que no siempre sale el sol, aunque queramos.

Desaparecerán o sufrirán los que deben. No los que fueron paso a paso. Es decir, si un hotel ya ha sido amortizado en una gran parte de su capital, no pasará grandes apuros. Ahora bien, todo aquel proyecto que hubiera sido financiado en su día al 80% e incluso al 90% -de esos hay muchos- y aún esté en sus primeros años de vida lo pasará francamente mal. Hay bastantes ejemplos de crecimiento que podríamos considerar poco rigurosos. Podría citar el de un conocido grupo hotelero español que, confiando en la producción de su buque estrella -un complejo vacacional de Isla Margarita le reporta el 12% de su facturación hotelera-, ha proyectado y ejecutado en España y parte de Europa sus otros establecimientos hoteleros. El problema lo tendrá cuando el españolito o europeo deje de ir a Venezuela. Y cuidado con que este fenómeno -la reducción de los viajes al Caribe por los europeos-  no empiece a ocurrir ya este año. ¿Cómo pagaría entonces a su chef mediático (Ferran Adrià)?

Existe otra problemática que ha facilitado la proliferación actual de hoteles, y ha sido la avidez tributaria de las administraciones locales, así como el poco caso hecho a los brokers del sector (Christie+Co ya dice algo de ello en su último informe anual) por parte de los promotores. Tal es así que llegan a aparecer casos como el  barcelonés, donde en el último bienio 2008-2009 se han inaugurado o están en construcción la nada despreciable cifra de 22 proyectos hoteleros. Todo en la misma ciudad, en apenas 24 meses. Lo cual nos lleva a reflexionar sobre el modelo de ciudad que quiere para sus ciudadanos el consistorio de Barcelona. ¿Vamos hacia la Venecia del Oeste del Mediterráneo, hacia la Amsterdam del Sur de Europa? ¿Quiere el barcelonés de a pie sufrir lo que el florentino está ya sufriendo en sus carnes? Eso no es lo que parece, pero sí a lo que se va. Entiendo que las licencias de obra de un hotel son golosas, y más en el contexto actual, pero deben ser muy conscientes los regidores de toda España que un exceso de oferta hotelera devalúa el valor y, por consiguiente, la cuenta de resultados de los ya existentes.

¿Quiere esto decir que las ciudades deberían limitar el número de establecimientos que en ellas operan? Tampoco es eso, pero sí se deberían delimitar las zonas. No tiene ningún sentido que Starwood Hotels esté destinando 60 millones o más a su hotel Vela y pasado mañana otros grupos construyan dos o tres hoteles que hagan de la primera línea de mar un nuevo Torremolinos. Por no hablar de la súbita -y, a mi juicio, peligrosa para el turista- proliferación de hoteles en el Barrio Gótico y alrededores.

Éste, y no la actual crisis, es a mi modo de ver el verdadero peligro a que se enfrenta Barcelona y España entera. Vamos a una balearización de sus principales capitales. Ese «todo vale» es un problema que se debería evitar en la medida de lo posible y en todo el ámbito español. Porque no es un problema estrictamente catalán: Madrid, Sevilla, Valencia, Zaragoza y -ojo al dato, la sociedad civil vasca ya ha empezado a quejarse- Bilbao. No es la cantidad en sí -cabrían más establecimientos, si su financiación  fuere correcta y prudente – sino su ubicación y las consecuencias que está acarreando sobre el ciudadano. Porque pasear por las Ramblas de Barcelona o su Passeig de Gràcia o calles adyacentes es hacerlo por una inacabable línea imaginaria de obras que empieza en el mar y acaba en la Diagonal. Obras hoteleras, por supuesto.

La primera pregunta que debe subyacer es la siguiente: ¿ha habido planificación? Cuando paseamos por la Castellana o Gran Vía madrileñas y vemos lo que empieza a producirse, llegamos a la conclusión de que estamos creando dos urbes diferenciadas: la del turista y la del ciudadano. ¿Es bueno para las ciudades españolas que vayamos a dicho modelo? Eso es lo que empieza a preguntarse el zaragozano cuando ve el Manhattan del Ebro surgido tras la Expo, el valenciano cuando mira el Paseo de la Alameda hasta llegar a la Ciutat de les Ciències o el sevillano cuando observa la cantidad de hotelitos que están surgiendo como setas en el casco antiguo, en un proceso parejo al barcelonés.

Por tanto, dicho debate debería ser abordado creo que muy seriamente en un foro presencial  -un congreso tipo Fitur-  con especialistas venidos de fuera, regidores políticos, promotores inmobiliarios, hoteleros en activo, sociológos… Y hablar entre todos del modelo turístico español. Hacia dónde va realmente. Qué sentido tiene trasladar el modelo de crecimiento hotelero mediterráneo intensivo a todo el país. Y sobre todo, sus alternativas. Un plan de futuro no ya para el sector, sino para el Estado. Porque, hoy por hoy, la industria hotelera es, tras el batacazo del ladrillo y la automoción, la industria más sana de la nación.

Nos jugamos mucho.  Quizás demasiado.

Bernat Jofre i Bonet, hotel Son Esteve

ReacTable

¿Qué tiene que ver un hotel con una mesa reactable? Mucho y nada. Si uno piensa en la habitación de cera que Wolfgang Laib se ha construido en el Roc del Maure, al pie del Canigou  (Pirineos franceses), basta con sentir a solas la pulsión de Dios o el grito del vacío en la reclusión de la montaña. Si uno escucha, por el contrario, a la cantante Bjork y su recién adquirida ReacTable entonces sabremos de qué estamos hablando.

Este instrumento musical electrónico, desarrollado por el Grupo de Tecnología Musical de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, reúne las características que, a mi juicio, debe ofrecer un hotel de los sentidos. A saber:

  • Es colectivo. Lo tocan varios ejecutantes y cualquier cosa que haga uno repercute en los demás. Ofrece mucha libertad, libera la imaginación individual, pero si cada uno va por su lado la suma orquestal resulta un caos indescifrable y difícil de soportar.
  • Es intuitivo. No requiere de un manual de instrucciones que haya de estudiarse con vocación ingenieril, sino que basta un protocolo básico, una liturgia instrumental, para que las ideas fluyan en armonía grupal.
  • Es sonoro y desafiante. Cada pieza movida sobre la mesa azul significa un logro para el ejecutante, que debe aprender de sus movimientos, su sentido espacial, su vibración estética para concertarse con los demás y ofrecer a la audiencia un disciplinado compás.
  • Es enseñable y aprendible. Incluso un niño sabría extraer una limonada de su cámara frigorífica, si es que la habitación mantiene el cofre discreto del minibar.

¡Ejem…! Tiene algo de anárquico el instrumento en cuestión. Y, en su madurez, puede que reclame una batuta para sonar más concertante, como ha propuesto en sus últimas actuaciones la cantante Bjork. Pero vale la pena experimentar con él las posibilidades de concertación que ofrece a ejecutantes solistas sin que éstos pierdan un ápice de imaginación o estro poético. Creo que el departamento de recursos humanos en un hotel debería salirse de sus casillas y explorar lo que la tecnología regala al intelecto humano para la gestión del conocimiento. Sea con un ReacTable o en Internet, el trabajo individual en equipo es la base de un sistema que servirá a los oficiantes de la hospitalidad en el hotel del futuro.

Por algo se debe empezar, y a esto me refería hace unos días cuando comunicaba la adhesión de este Foro al Facebook.

Fernando Gallardo