Pongamos que hablo de liturgias…

Hotel Explora isla de Pascua

Días antes, semanas incluso, soñamos cómo va a ser nuestro hotel. Grande o pequeño. Bonito o feo. Articulamos en la mente el mapa de sus instalaciones, la tinta de sus atenciones, la caja de sus sorpresas. ¿Estará dura la cama? ¿Qué vena se nos hinchará al abrir las ventanas de par en par? Porque nos han prometido unas subyugantes vistas, quizá al mar, quizá a la montaña. Es céntrico, de hecho, muy céntrico. En el tercer ojo de la ciudad. O en el epicentro de la nada, pues nuestro hotel nos promete un descanso inolvidable. Tiene diseño, sí; se ve que lo tiene al hojear su web. ¡Mira esa foto! Y éste tan romántico, con su doselito y sus flores frescas en la encimera del lavabo… Ah, habitar en un palacio regio… Aquí si las piedras hablaran la voz delataría sus tres siglos de antigüedad, la pátina de tantas pisadas sobre sus escaleras, el hueco formado por tanto pasamanos, aquel libro de visitas tan desgastado que se le caen las solapas a trozos al tocarlo. Ya queda poco para el viaje. No queda nada. Ahí delante está, ceremonioso, traspasemos el umbral. Mi hotel durante los próximos días. Se ha cumplido ya una parte del sueño.

Oh, sí, cuántos de nosotros no habremos reflexionado en voz alta sobre la aproximación al hotel seleccionado para nuestras vacaciones. ¿Y acaso no ha sido vibrante el imaginarlo tanto como el vivirlo? A veces incluso más. Gastamos mucha energía en la aproximación al hotel, por lo que no perdonamos al habitarlo un desplome de las expectativas generadas al imaginarlo. El tránsito, el acceso hasta él, parece importante. O sagrado. ¿Me puedes responder a esta pregunta, lector? ¿En cuantos hoteles te han agasajado con una liturgia de bienvenida?

A mí esta semana pasada me han recibido en el hotel Explora Rapa Nui con un collar de flores. ¡Aloha!

El último calcetín ha entrado en la maleta. Ya estamos preparados, a la hora prevista, sin tiempo siquiera para sorber un último café. En un par de minutos se acercará el botones con el transportín… Pierde cuidado. En la recepción está dispuesta tu factura. No debes soportar más carga que la de tus lágrimas al despedirte de este lugar. ¿Qué feliz estancia, verdad? Hemos explorado los rincones de la isla, paladeado los más deliciosos manjares, dormido a pierna suelta, mirado todo lo que se movía ante la retina, vuelto a soñar con nuestro próximo destino, agradecido veinte veces por minuto las atenciones recibidas… Hemos disfrutado sin límite aquí, en este estupendo hotel. And this is the end, my friend. Pero tienes que marchar… Nos encaminamos hacia la salida. Luce el sol afuera. Hace un día radiante de primavera. El mar celebra con su aplauso de olas nuestra despedida. Quién sabe, algún día regresaremos a este lugar en el que hemos vivido tanta felicidad. El camino al aeropuerto siempre es una carretera sórdida, muy diferente a la que surcamos días atrás. Nuestro estado de euforia expectante se ha transformado en un tósigo de tristeza, nostalgia, calma y espiritualidad contenida. Vuélveme a responder, lector: ¿en cuántos hoteles te han agasajado con una liturgia de despedida?

A mí ayer me han despedido en el hotel Explora Rapa Nui con un collar de conchas marinas. ¡Iorana!

¿Empezamos a hablar ya de liturgias?

Fernando Gallardo

3 comentarios en “Pongamos que hablo de liturgias…

  1. Alguien dijo que un viaje empieza en el momento en que empezamos a planificarlo. Entiendo perfectamente tu particular liturgia y siento que te hayas tenido que ir tan lejos para encontrarla. Dicen que el viajar lejos le permite a uno escoger si le gusta lo que los demás han hecho de él para seguir diciéndote que el que está acostumbrado a viajar sabe que algún día tendrá que partir y que aquel viaje que no ha dejado huella en el corazón del viajero jamás fue un viaje. Veo que tu viaje ha cumplido con creces con la liturgia que buscabas. Te quiero contar más: cuando miramos hacía atrás y vemos esos recuerdos, esos momentos vividos, buenos o malos, es como viajar en el tiempo… sólo cerrando nuestros ojos. Que tengas buen viaje, amigo desconocido. Recuerda “vivir no es ver pasar, sino volver”.

  2. Fernando, tengo que darte las gracias por devolvernos el sentido de los sentidos: amor, cariño, esmero, dedicación, alegría,… De lo humano al fín y al cabo, y que estás “reconociendo” por los países que viajas. Este viaje te está devolviendo a nuestra esencia de “piel”. Y nos lo comunicas maravillosamente. En este mundo “avanzado” de locos seguro que habrá quien dirá que esta es tu penúltima excentricidad, ó “qué pijo el tío ahora, así yo también”… Afortunadamente también tenemos a tu amigo desconocido, Fernando Terán, y a otros, como yo, que estamos viajando contigo. Si te digo la verdad siento que, desde este viaje mágico, nos estás transmitiendo con muchísima fuerza sentidos a los que retornar.

  3. Totalmente de acuerdo, como siempre, con las ideas planteadas en tus ultimas reflexiones chilenas, a las que nos tienes diariamente enganchados (nos alegramos de tu rápida recuperación ocular…, quédate unos días más).

    Los viajes son y deben ser una actividad humana en la que el disfrute/gozo se produzca “antes, durante y después” ( preparando, viajando y recordando), al igual que en el maratón, en el amor y en la gastronomía bien entendida.

    Gema i Salva (El Secanet).

    PD 1.- Estuvimos en Les Cols y pensamos ir a Hegia. ¿Vamos por buen camino?

    PD 2.- En noviembre tenemos posibilidad de empezar obras de minimización: eliminación de una de las tres habitaciones, ampliación del solarium de la alberca, derribo de muros y acristalamiento… Ya lo iremos contando.

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