Hoteles madrileños en el National Geographic

Madrid en el National Geographic

Las cosas de palacio van despacio. And the «palacio» is: the National Geographic Magazine! Este altar del periodismo viajero, turístico y geográfico de los Estados Unidos de América, con 12 millones de suscriptores, me ha tenido algo ocupado desde hace más de un año en seleccionarles la lista de mis hoteles favoritos en Madrid. Como siempre, trabajar para esta revista ha sido un placer, un orgullo y, sobre todo, una lección de rigor periodístico. Hay que ver las vueltas que hemos dado para definir cada hotel según su estilo, para hilar cada línea en el texto, para comprobar los datos una y otra vez. Desde Madrid y también desde Nueva York.
«Have a nice day, Fernando»,  me decían al otro lado del teléfono mientras yo les desmenuzaba con puntos y comas por qué había elegido este hotel y no otro. Antes, para planificar esta pequeña selección, me habían enviado a una redactora desde la ciudad de los rascacielos. Y durante meses, llamada sí, llamada también, que les deletreara el nombre correcto de cada hotel, el sentido de cada frase y, dígito a dígito, el número de teléfono al que pudiera llamar cada norteamericano sin confundirse a la hora de reservar. ¡Qué sesiones más agotadoras! Y qué distinto con nuestro nuestro método de trabajo a este lado del Atlántico. Aquí escribimos a toda pastilla, comprobamos los datos lo justo y, si nos equivocamos, pues pedimos disculpas y esperamos la comprensión del lector. Allí no. Allí van a juicio.

Bueno, pues ya está. Felices todos. Especialmente, los hoteles concernidos en esta lista de recomendaciones personales.

Puedes leerla aquí: Best of Madrid: Hotels, by the National Geographic.

Fernando Gallardo

Sólo para amantes de los sentidos

La Ruina Habitada punto Org es una red social creada específicamente para anticipar las tendencias y novedades del mundo hotelero. Sólo quienes se sienten identificados con el ideal turístico y de la Arquitectura de los Sentidos tienen cabida en este foro. Nuestra web se reserva, por tanto, el derecho de admisión de cuantas opiniones lleguen a esta redacción.

En los últimos días hemos recibido varios mensajes de usuarios no suscriptores del Foro de la Ruina que no han visto publicados sus comentarios ni lo verán hasta haber solicitado el derecho de admisión y sea aceptada en consecuencia su suscripción. Para suscribirse a este foro es condición sine qua non haber recibido previamente una invitación como propietario o director de hotel, arquitecto o diseñador, medio de comunicación u operador turístico interesado en la Arquitectura de los Sentidos.

Quien sienta un especial interés por suscribirse a este Foro de la Ruina Habitada sin pertenecer a ninguno de los colectivos anteriormente citados deberá rellenar obligatoriamente el cuestionario de suscripción y esperar la resolución de su expediente de admisión.

El carácter restrictivo de este foro está respaldado por el deseo que tienen estos colectivos de compartir sus ideas y proyectos en un ambiente de semiprivacidad.

No vamos a desechar, sin embargo, la participación de nadie que no tenga algo interesante que aportar al resto de los miembros suscritos.

Hambre y sed de arte

Qué puede esperarse de un hombre capaz de quedarse dos semanas mirando el cuadro de Rembrandt La novia judía (1667) con sólo un pedazo de pan para comer.

La novia judía, Rembrandt

Ejerce algo de fascinación en mí este óleo expuesto en el Rijksmuseum de Amsterdam, es cierto. Lo vi hace más de 15 años en un viaje de solaz a la capital holandesa, tras una semana de navegación en schooner por el Zuiderzee. Un hombre y una mujer vestidos con ropajes galantes del Antiguo Testamento centran la atención en un espacio oscuro. Él acomoda un brazo sobre el hombro de la mujer y toca con la otra mano su pecho. Ella roza delicadamente con la yema de sus dedos la mano del hombre. Ambos miran erráticos hacia dos esquinas opuestas absortos en sus pensamientos. ¿Es el padre de la novia, como creyó el coleccionista de arte Van der Hoop, en actitud de colgarle una cadena con ocasión de su boda? ¿Acaso una pareja de enamorados pese a la diferencia de edad entre ambos? Nada se sabe de este lienzo. Rembrandt se llevó la respuesta a la tumba.

Creo que todos deberíamos que admirar sus próximas adquisiciones de muebles y pinturas en el Convento de San Benito. Como aquel hombre arrobado por la belleza de La novia judía, de quien sólo podía esperarse una locura: Vincent van Gogh.

Fernando Gallardo

El ruido no deja escuchar la música

Acabo de ver por televisión la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín y confieso de modo políticamente incorrecto que el espectáculo ha sido mucho peor de lo que esperaba. No porque confíe en estas celebraciones efectistas, sino por quien la dirigía: el director cinematográfico Zhang Yimou. La tradición china está llena de color, luminosidad, fantasía y mucha melancolía. Pero lo presenciado esta tarde, hora española, ha sido a veces tan excesivo, tan pretencioso y tan extravagante que no puedo evitar asociar este fasto a las epopeyas fílmicas de Cecil B. De Mille o la música hollywoodiana de Ben Hur y Gladiator. Quizá porque la puesta en escena haya sido programada por primera vez en la historia de las Olimpiadas enteramente desde el visor de una cámara.

A Yimou le salían los colores desde todos sus poros. El cineasta más occidental del orbe chino se recreaba en un caleidoscopio humano tan bien adiestrado en su ejecución como adocenado en su plástica. Quienes puedan pensar que ésta ha sido una proclamación de China como superpotencia mundial se equivocan. A mí me ha recordado más bien una maniobra de infantería a la rusa, si no una película de romanos o, aún peor, un ejercicio propagandístico como el que preparó Goebbels para los Juegos Olímpicos de Berlín. En éstos, China se nos ha mostrado como una fábrica inmensa y bien organizada, pero la creación ha sido obra de un sólo hombre, artista para más señas y muy occidental. La tecnología de luz y sonido empleada lo atestigua. Y el estadio diseñado por los suizos Herzog  & De Meuron lo confirma.

El vuelo escenificado por Li Ning para encender el pebetero… eso sí que me ha parecido antiguo, anclado en la tradición china del teatro de marionetas. Ya contemplamos estos movimientos en la película de Ang Lee, Tigre y Dragón. Pero la idea de que alguien en las altas esferas maneje a un atleta prisionero de unos cables no convencerá al mundo de la renovación creativa y democrática que la China actual reclama.

La apoteosis final de la pirotecnia dejó al estadio olímpico y sus alrededores envuelto en una niebla sórdida, embarullada, muy confusa. China se ahogaba en su propia exaltación de la horterada. Asfixiado el apuntador, agotados después de cuatro horas los comentaristas, allí no se veía siquiera el coro angélico que interpretó el himno olímpico con una cursilería difícil de igualar en futuros eventos. Era de noche, que quisieron hacerlo día y se volvió aún más caliginosa.

Lo digo siempre que caigo en un Marina d’Or, que es como la ceremonia olímpica de la arquitectura. Cuando hay tanto ruido no se oye la música.

Fernando Gallardo 

Sugerir o mostrar

A propósito de mi inminente vuelo a Santiago de Chile, donde he sido invitado a hospedarme en el hotel Ritz-Carlton, el mejor de la capital, refresco mi memoria con un video que ausculté hace unos meses cuando la cadena norteamericana anunció a bombo y platillo la producción de tres películas que iban a cambiar la imagen de sus relaciones exteriores. Lo anoté en mi blog de Notodohoteles.com como un ideal del márketing hotelero que nadie hasta la fecha había imaginado.

Me llamó tanto la atención que reitero aquí lo dicho: una gasa supera en erotismo a la desnudez pornográfica. La imagen explícita de un hotel, como el sexo explícito, puede ser descarnada, sincera y conmovedora. Pero no facilita el ascenso a la nube de las emociones, no acompaña nuestro viaje por la geografía de las emociones. Ritz-Carlton promovió con mucha inteligencia y sensibilidad la realización de tres películas cinematográficas cuyo escenario eran sus hoteles, sin describirlos, pero situando en él tres argumentos cotidianos con su presentación, nudo y desenlace. Una obra maestra de la publicidad. Veámosla:

Woody Allen ya había demostrado años antes en Mahattan que una buena peli vendía más que el mejor publirreportaje sobre Nueva York. El lenguaje televisivo y el fenómeno YouTube en Internet se configuran ahora como un soporte valioso para los reportajes de actualidad que incluyen entrevistas a determinados personajes. Al adquirir hace un año la Real Posada de la Mesta, los franceses Marcel Artigues y Brigitte Siarras supieron valerse de un video promocional en el que su discurso, algo exótico, causaba mayor expectación que el paisaje descrito a su alrededor. Esta entrevista puede verse en YouTube:

Al calor de lo visto, decenas de portales se han lanzado a la caza de hoteleros que financien un tipo de telebasura cada vez más visible en la red. Algunos pican el anzuelo por imprudencia o ignorancia. Otros, sin embargo, se reafirman en un lenguaje filmado tan vulgar como reluctante al viajero culto. Y sólo consiguen interesar a los adeptos al pastiche y el turismo de hipermasas gustoso de un Marina d’Or. Sus vídeos sí que les hacen justicia:

Sólo queda, después de esto, que cada quien escoja el modelo de promoción que más le pegue.

Fernando Gallardo |

Generación geek

¿Alguien ha pensado en la generación geek como un cliente del hotel? Seguro que sí, porque es la clientela que está por venir, los huéspedes del futuro. Sentidos, experiencias, emociones… Ellos también son hedonistas y exigen estos placeres como condición de su viaje. Son jóvenes sin complejos ni problemas de bolsillo y gozarán de un patrimonio generoso dentro de unos años, cuando sean definitivamente mayores.

¿Sin complejos? Bueno…, los habrá que se sientan incómodos en un hotel que no les ofrezca los bártulos apropiados para su ocio y su negocio. Porque los hoteles de las nuevas generaciones habrán de disponer de espacios y mobiliario adecuados para seducir a estos hijos que navegan por Internet como pasea Pedro por su casa, que escuchan música encapsulada en terabytes, que utilizan los mandos de un videojuego con mayor virtuosismo que Han Solo en la Guerra de las Galaxias, que transfieren sus fotos y sus videos en el mundo Flickr, Myspace o YouTube… En fin, que trabajan igual desde casa que desde el hotel. No son extraterrestres. Son hijos de cada quisque. Y demandarán su propio espacio, como el que presento en esta imagen tan futurista de un puesto de trabajo para geeks. ¿Serán así las mesas de trabajo en las habitaciones del futuro?, te preguntarás.

Por qué no. Yo tengo una workstation muy parecida en mi oficina de Madrid y aún no me he instalado del todo en el futuro…

¿No será más bien que alguno anda con retraso?

Fernando Gallardo