RCR Arquitectes: las manos y la voz del turismo español

lescols

Cuando todavía no se ha apagado la reverberación del último récord alcanzado por el turismo español, un nuevo éxito sacude las ondas mediáticas con más valor que mil campañas de promoción turística sucesivas. El estudio RCR de los arquitectos Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramón Vilalta ha obtenido el premio Pritzker, algo así como el Nobel de Arquitectura. Esta distinción afecta, además, de una manera muy profunda a la industria turística española, ya que uno de sus aportes más valiosos al currículo que les ha hecho merecedores de este galardón ha sido el diseño del hotel-restaurante Les Cols, en Olot, donde tienen su sede desde 1987.

En innumerables ocasiones nos hemos referido a este emprendimiento turístico, propiedad de Judit Planella (los pabellones) y su cuñada Fina Puigdevall (el restaurante), como el más epatante del mundo, probablemente. Temíamos pecar de exagerados en este ensalzamiento de lo que es una obra de arquitectura única y culminante en su refinamiento, pero la concesión del Pritzker nos hace ratificar de nuevo el aserto. Les  Cols Pavellons es el hospedaje más apabullante de nuestro planeta, apenas una década después de su inauguración.

Por esta razón celebramos hace diez años un seminario exclusivo con diez hoteleros españoles previamente seleccionados donde revisamos la teoría y la práctica del turismo experiencial, que hoy toma cuerpo como única modalidad de alojamiento en progresión de valor ajena a la expansión del turismo low cost y commodity. Algunos de los Relais & Châteaux españoles más significativos participaron en esta experiencia, de la que se extrajeron muchas lecciones. Una de ellas, crucial porque sirvió para hilvanar el hilo de mi ponencia esta semana en Bogotá sobre la sostenibilidad turística, se refería al ideario de la belleza. Un concepto sin el cual no es posible formular una teoría decente de la sostenibilidad, ni mucho menos inculcar en los industriales del turismo la cultura de lo sostenible. Pues a fin de que un hotel, un restaurante, se sostenga es imprescindible afrontar previamente su diseño desde la apreciación sensible de lo bello.

Les Cols es belleza. Así lo proclama el arquitecto Jaume Prats a propósito del premio: «RCR es la búsqueda constante de la belleza. ¿Sabéis cuál quiero decir, no? Esa que te deja desarmado. Esa que te deja confundido, con la boca abierta. Es aquella primera sensación global, holística, aquella arquitectura que entra por los poros, aquella arquitectura que hasta un ciego puede percibir. Aquella arquitectura que se siente, que se escucha, que se huele. Que se toca y que destiñe.»

También lo declama Judit Planella desde una primera mirada a estos pabellones: «Estar solo ante la noche y el vacío, / refugiado entre muros donde lo opaco / y los reflejos del cristal se mezclan / en un virtuoso juego de luces y agua, para volver / a sentir aspectos de la naturaleza que creíamos olvidados.»

Y quien esto suscribe publicó el 15 de julio de 2006, en su columna habitual de EL PAÍS, un encendido reconocimiento a la «Ensoñación entre paredes de cristal» que le había merecido la experiencia Les Cols, con la más alta valoración otorgada nunca a un establecimiento hotelero objeto de la crítica. Como puede verse, la puntuación en el epígrafe Arquitectura valió, así, directamente, un 10. No estábamos mal encaminados en el aval del Pritzker.

Pero ahí no queda eso para los arquitectos RCR. Otro hotel surgido de la bodega Bell.Lloc, en el Empordà gerundense, también recibió nuestra valoración bajo el título «El lujo rústico», que no mereció la máxima puntuación porque el edificio madre, donde se localizan las habitaciones, no fue intervenido.

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RCR Arquitectes, Olot (Girona). Foto: Inés Baucells

La trayectoria de los RCR, más que larga, ha sido cuidada. Desde el principio han evitado los barros comerciales. Su definición pura, diríase minimalista, muy vinculada a la tierra que les vio nacer y donde trabajan —la tierra, no la ciudad—, proyecta hacia el futuro un mensaje en las antípodas de la arquitectura espectáculo que ha caracterizado a la sociedad occidental y asiática hasta la crisis inmobiliaria de la década pasada. Porque, como hemos repetido en infinidad de ocasiones, un mundo sostenible no es posible sin un ordenamiento estático de las leyes que rigen el Universo. Y dado que todo fluye, todo cambia y nada permanece quieto, la sostenibilidad es una quimera del ser humano avasallado por los vicios de su propio desarrollo. Lo único verdaderamente sostenible es la entelequia de la belleza, el impulso vital de nuestro equilibro interno, esa mano del artista que convierte la estática en estética.

O «Seis manos, una sola voz», como lo titula hoy el New York Times.

Fernando Gallardo |

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