Adiós a la caspa, ¡uf!

Fue un amor a primera vista, lo confieso. El día que me senté a almorzar en el parador de Santillana del Mar con el presidente de la red estatal, Miguel Martínez, supe que las anchoas de Santoña me iban a saber mejor. Yo venía de dar una ponencia en la Menéndez Pelayo santanderina sobre la Arquitectura de los Sentidos en un curso organizado por la UIMP en colaboración con los Paradores de Turismo. Y el presidente Martínez no quiso perder la ocasión de conocer al «ogro de los desayunos» paradoriles. No hubo ceremonias, ni mayor liturgia que un cordial apretón de manos. Al grano, entendí que deseaba. O sea, a las anchoas.

Me gusta, pensé. Este hombre no se anda por las ramas, ni deja su anterior cargo de alcalde para jubilarse en la poltrona del dolce far niente turístico, por muy amigo que sea de ZP. Este hombre viene a quitarle la caspa que aún le resta a nuestros paradores. Conversamos sobre la política nacional, pero sobre todo sobre filosofía de vida, sobre las relaciones humanas, sobre el mundo de la empresa y del trabajo, sobre los proyectos que merecería una red como la de Paradores de Turismo. Y, claro, intercambiamos pareceres sobre algo que no habían sabido digerir sus antecesores en el cargo, ocupados quizá en otros decisivos menesteres. La caspa que todavía evidencia esta institución adalid del turismo de calidad en todo el mundo.

Así, mientras no recuerdo qué pescado del Cantábrico regalaba nuestra mesa, pasamos revista a las células muertas que seguían cayendo del pelo de la cadena estatal. Una de las más notorias, el uniformado del personal, que nos retrotrae a aquellos tiempos de los Coros y Danzas del Movimiento, cuyo vestuario encendía de fervor patriótico a nuestro Dictador y enaltecía el hecho diferencial de su régimen. Nunca lo he podido publicar por no herir susceptibilidades nacionales, pero ahora que muerto el perro se acabó la rabia lo confieso. Cada vez que se me acercaba a la mesa una camarera de parador sentía en el vuelo de sus faldas y de su camisa nueva que alguien desde atrás me cantaba el «Montañas nevadas / banderas al viento».

Históricos sí, pero no tan historiados, les solía repetir a los distintos presidentes de la cosa en nuestros sucesivos encuentros informales. A los jóvenes de hoy, que serán los clientes de mañana, no les seduce mucho sentarse en una silla de Isabel La Católica, aún vigente en algunos paradores. Ni deambular por una arquitectura de Exin Castillos que les devuelve a los Lego de su reciente infancia. Ni que les miren fantasmas incógnitos desde el interior de esas armaduras y esos yelmos que aún permanecen expuestos en algún parador (¿o ya los habéis quitado todos?). Tampoco es cuestión de ponerse en plan Starck e iluminar el claustro de la Seo d’Urgell como el St. Martin’s Lane, de Londres. Lo único que requiere nuestro sacrosanto hogar turístico español es ser un espejo de lo que somos ante el mundo, sin tópicos y sin complejos. Que se siga sacudiendo la caspa de otras épocas sin olvidar de dónde venimos y adónde vamos. Que fije, pula y dé esplendor a la herencia común, sin soslayar que compartimos el planeta con otros seres igualmente comunes. Que extraiga lo mejor de cada uno de sus empleados, sin perder de vista que ellos mismos son lo mejor de Paradores. Que practique la liturgia de la hospitalidad, sin convertir el beneficio empresarial en protagonista único del rito. Que haga caso al arquitecto Jesús Castillo Oli y su propuesta de suite-spa, mecachis. En fin, que innove, experimente y anticipe el futuro porque hoy ya es historia.

El primer acto entra en escena: Paradores ha presentado esta mañana sus nuevos uniformes.

Gracias, presidente Miguel Martínez, por guardar el yugo y las flechas en el baúl de Karina.

Fernando Gallardo

Una ayuda púbica a la hotelería riojana

riojanos Me extrañaba a mí que una región tan dinámica y emprendedora como La Rioja no tuviera su propia central de reservas hoteleras. Llevo una década escuchando a los próceres de todas las autonomías proclamar que su prioridad turística es la puesta en marcha de una central de reservas on-line. Así se acabarían todas las dependencias de las mayoristas internacionales y, lo mejor, serviría para vertebrar la oferta dispersa que padece el turismo de interior.

Cada director general de la cosa me ha intentado convencer de la utilidad de una herramienta así, de una organización así, de una política así. Alguno, como el anterior responsable turístico de Castilla y León, Jesús Rodríguez Romo, se afanó durante los tres largos días que pasamos juntos en Tokio, con ocasión de un evento organizado allí por Turespaña, que coincidió con una de mis escapadas zen. Al menos con Jesús, amigo al que aprecio por encima de todo, las discusiones se dieron con el fondo siempre soportable de un hotel hi-tech y unos tintos importados de la Ribera del Duero. Él ya sabía que mientras yo tuviera la nariz ocupada podía convencerme de cualquier política imposible.

Porque al día de la fecha todavía espero que alguna autonomía declare que su central de reservas funcione comme il faut! La última en entrar por el aro ha sido La Rioja, que yo extrañaba tanto como el Finca Allende que elabora el enólogo Miguel Ángel de Gregorio en su bodega de Briones. Sin perder mucho tiempo, la Asociación Riojana de Hoteles anunció ayer su alumbramiento, un portal de reservas TIC «imprescindible para no quedarnos atrás respecto de otras regiones españolas», según lo subrayado por su presidente, Jaime García Calzada. ¿Querrá decir que además de no ser tortuga en esta absurda carrera autonómica, las reservas automatizadas servirán para algo?

La iniciativa pretende significar un ahorro de costes para los hoteles, que hasta ahora sufragaban los costes a través de motores de reservas nacionales e internacionales, “lo cual suponía un importante gasto de intermediación y una notable carga financiera para las pequeñas empresas hoteleras”. Ahora ya no… Costeada por el Gobierno riojano, esta nueva central ofrece la posibilidad de gestionar de forma autónoma las reservas, “que ya se encuentran totalmente operativas para los usuarios y clientes”, concluye el anuncio.

Asociación Riojana de Hoteles

Ávido por la novedad, aunque escéptico en su idoneidad tribal, me he puesto a hurgar en la mentada central on-line y, ¡vaya por Dios!, ¿qué descubro?, un espúreo sistema de reservas, una gran mentira. Salvo en los hoteles de las cadenas AC, NH, F&G y Husa no existe ninguna posibilidad de efectuar reservas en línea, pero ninguna. Pincho en la ficha del hotel Conde de Badarán y me catapulta a la web sonora del hotel, donde solo puedo rellenar un formulario de contacto. Sigo a la Hospedería Cisterciense, en Santo Domingo de la Calzada, y lo mismo, pero sin formulario y sin tarifas de pernocta. La Hospedería del Camero Viejo, más abajo, me vuelve a remitir al formulario de su página web, igual que el hotel siguiente en la lista: el Señorío de Briñas. Ideam eadem idem con el Hostal Gala o el hotel Casa del Cofrade (de pésimo recuerdo para mí). Ni rastro de reservas en los hostales La Calera, el Moderno, el Niza, el Peñabajenza. Nos vamos ahora al Hostal Chandro, donde encuentro un lay-out prometedor: Encuentra Pareja, La Forma Divertida de Encontrar una Cita, Empieza a Coquetear, Cómo Agrandar el Pene Con Técnicas y Ejercicios Naturales Videos online y Servicio de Ayuda…

¿De verdad están tan necesitados los hoteles riojanos que les sirve esa “ayuda” pública?

Fernando Gallardo

Un caso de éxito en internet: Ruralia

> Ponencia de Roberto Pérez Pastor en las Jornadas de Jávea

Como director de la empresa tecnológica GdTIC, que actualmente gestiona los recursos tecnológicos de la Asociación Española de Estaciones Náuticas, mi intervención pretende ser menos teórica y más de índole prática, por cuanto muchos de los aquí reunidos, en estas Jornadas para combatir la crisis turísticas que se celebran en El Rodat, poseen hoteles cuya presencia en Internet es menos visible de lo que se desearía. Voy a ponerles un ejemplo, un caso exitoso: la nueva web de Ruralia, una central de reservas de ámbito regional especializada en casas rurales de alquiler íntegro que ha querido adaptarse a los nuevos tiempos.

Basamos el trabajo de GdTIC en tres puntos clave:

  1. Una revisión estratégica del negocio, nuevas necesidades.
  2. Las acciones propuestas y orientadas en dos ejes: al negocio y a I+D.
  3. Presentación de indicadores de éxito.

Veamos entonces sus antecedentes o el periodo que comprende los años 1999-2008, que son los que Ruralia ha dedicado con mayor ahinco a obtener sus ingresos principales a través de Internet.

El equipo de Ruralia apostó desde muy pronto por el comercio electrónico para la venta de servicios turísticos, organizando una completa web de reservas que enlazaba con sus procesos de gestión locales internos. Analizamos, pues, sus debilidades, las estrategias débiles de marketing marcadas por el entorno (escasa competencia y destino). Cuando las exigencias de su mercado no eran las del principio, Ruralia empezó con apenas competencia y menos demanda, pero enseguida verificó que ambas crecían exponencialmente, e incluso esta última empezaba a retroceder, por lo que había que reconsiderar la estrategia a seguir y proyectar una nueva web más acorde con la época. Se hizo preciso entonces definir nuevos objetivos y nuevas estrategias de marketing. GdTIC fue el socio tecnológico escogido para llevar a cabo esta tarea.

¿Qué hicimos?

En primer lugar se reconceptualizó la página web. Se redefinió y se completó con contenidos bien definidos e información de calidad para aumentar las visitas. La consigna: contenidos para atraer al cliente y contenidos para saciar su curiosidad (cómo llegar, tarifas, posibilidades de ocio). Además, se implementaron facilidades de comunicación del visitante con Ruralia a través de herramientas generalizadas (Skype, Messenger…) y también se implementaron algunas herramientas de la naciente Web 2.0.

La conceptualización de la página web se llevó a cabo mediante acciones de posicionamiento y trabajando los aspectos del posicionamiento natural desde el inicio. También, con el uso correcto del posicionamiento de pago como contextualizador de la oferta. Se planeó la trazabilidad de las acciones,  así comno el desarrollo de contenidos y el alta de productos y/o empresa en portales especializados. Por último, se trabajó en la fidelización del cliente. Y, para conseguirla, se diseñaron acciones concretas y susceptibles de seguimiento y medición, como boletines periódicos con información sobre ofertas, suscripciones a la web, posibilidad de invitar a amigos o de enviarles una oferta concreta, comentarios, logs, etc.

Todo ello permitió a Ruralia el conocer la trazabilidad de los clics, estar informado sobre las preferencias de sus usuarios, llevar un control de prescripciones y un control estadístico de audiencias.

Herramientas externas

Se estableció el uso de herramientas externas para medir y seguir la utilización de la página web y los hábitos de sus usuarios. Herramientas como Google Analytics, que permiten conocer el número de visitas recibidas, número de páginas vistas, número de página por visita, porcentaje de rebote, promedio de tiempo en el sitio, porcentaje de visitas recibidas, etc. Una información de gran valor que sería de gran ayuda a la hora de valorar la idoneidad de las acciones realizadas.

Enseguida obtuvimos los indicadores de éxito de la nueva web, cifrados en: 

Audiencia: + 40.000 personas
19 campañas con trazabilidad
Más de un millón de pautas de comportamiento en forma de clics
Más de 300 prescripciones

Y lo más importante: un incremento en las reservas del 15% y un incremento de los beneficios del 2,5%.

Roberto Pérez Pastor, director de GdTIC

Algo se mueve

Hablar de idiomas, de Internet, de derechos digitales o de condohoteles puede llegar a aburrir. Por tanto, intentaré hablar de inquietudes, las nuestras. Las inquietudes que en este Foro, en Jávea y en la propia Ruina Habitada se  empezaron a captar. Porque Jávea ha sido la espoleta de muchas cosas, efectivamente. De la asunción plena del fenómeno Facebook como CRM de nuestras pequeñas explotaciones. De la eclosión teórica de un movimiento aterritorial totalmente de y para profesionales que puede cambiar muchas cosas en el panorama turístico. Porque si bien en el aspecto formal y arquitectónico -esto es, la Arquitectura de los Sentidos- los artífices y máximos ideólogos son Fernando Gallardo, Jesús Castillo Oli y Judit Planella existió otro encuentro de hoteleros.

 Y se dio en un aspecto más de batalla, más de día a día. En esa parte jurídico administrativa donde muchos hoteleros no nos sentimos cómodos porque no es nuestro campo. Pero que desde nuestro sentido común vemos más cosas que muchos políticos y directivos de asociaciones de casas rurales desde sus mullidos despachos, sus atalayas inconscientes de una realidad cambiante -la española- muy diferente a la reflejada en esos farragosos reglamentos hechos tras la Transición Española, elaborados la mayoría por técnicos no hoteleros muy alejados de las necesidades actuales de nuestro sector, el de los hoteles rurales. 

El hecho de pertenecer a un Foro de estas características nos permite hablar con gente de toda España. Es una suerte y un privilegio que nunca podremos agradecer lo suficiente. Desde el día que entramos en la Ruina Habitada, todos hemos podido entrar en contacto con empresarios de todas las Comunidades Autónomas, cada uno con sus fortalezas, con sus particularidades y debilidades. Todos con una idea fija en la cabeza: mejorar nuestro producto, satisfacer el cliente.  

Eso de entrada. Pero casi todos los que se han llegado a sondear -con una idea en la cabeza, con matices en algunos casos- confiesan lo mismo: que las Administraciones públicas no ayudan en demasía al sector. Eso quedó muy claro. No nos referíamos a las generosas subvenciones europeas para edificar el hotelito de nuestros sueños, sino en el día a día, en la lucha continua, el fragor por conseguir más clientes nuevos. Aquí nos sentimos, quizás, un tanto desamparados. En Jávea también se pudo llegar a otras conclusiones, muy jugosas todas ellas. Todos estamos de acuerdo en que las múltiples marcas rurales existentes en España lastran nuestra comercialización como destino.

La gran mayoría también opinamos que hace falta una mayor implicación de las autoridades en la promoción internacional de lo que llamaríamos el Turismo Rural Español. Queremos extranjeros entre semana, pero no sabemos muy bien cómo. Porque hubieron dos Jáveas, si se me permite. Una, la oficial, dedicada a la comercialización de nuestros establecimientos. La otra, la emocional, aquella que se dio entre nosotros. Tan solo por las cosas que pudimos escuchar en la corta distancia ya valió la pena ir a la bella ciudad levantina. Para mi relativa sorpresa, valencianos, catalanes, vascos, gallegos, castellanos, leoneses, riojanos, andaluces, extremeños, astures, cántabros, canarios y algún que otro mallorquín perdido coincidimos en que algo debemos cambiar en el ordenamiento jurídico de nuestro país antes de que éste nos haga cerrar nuestros hoteles.

Ordenación, promoción, líneas de apoyo a las Nuevas Tecnologías… Pero, ¿acaso esto debiera salir de la Administración? No, pienso que no. Sencillamente, la Administración se ha quedado sin interlocutores válidos y representativos. No hay asociaciones a nivel nacional que sean representativas en cuanto a nuestro producto se refiere. Lo más aglutinador que hay son las marcas de calidad existentes hoy en el mercado. Seamos pues nosotros quienes podamos trasladar nuestras inquietudes a la Administración central. Hagamos un «corpus», un decálogo de lo que queremos. Sería brillante que una de las primeras acciones prácticas de lo que se quiere hacer fuere la modernización de nuestro sector. Brillante, y necesario. Nos jugamos demasiado.

Bernat Jofre i Bonet, hotel Son Esteve

A cuestas con el turismo rural

CowFace1 Anda el personal del agro un poco levantisco, no sé si por los efectos indeseados de esta crisis o porque faltan ideas con las que gobernar el negocio. No del agro paltero (de los aguacates) o del aceitero, que ya no toca pito aquel comisario europeo que llevó a muy mal traer a los aceituneros altivos de Jaén y otras zonas productoras de Iberia, la década pasada. Ahora le toca el turno al agroturismo, del que puede decirse en confianza que solo existe en funcionamiento una decena de establecimientos reales, puesto que los demás tienen de agrario nada más que el nombre. Quien no esté de acuerdo con esta afirmación que no me lo discuta a mí, sino al profesor egresado del CSIC Venancio Bote, un amigo.

A los que no gustan de llamarse agroturismos utilizan el vocablo más amplio de turismo rural, que es todo aquel establecimiento no ubicado en Madrid o Barcelona. ¿Suena a broma? Acaso la broma sea la de encontrarse con un buen número de hoteles rurales dentro de Vigo, que es pueblo no capitalino de mucha mayor habitación que Soria. O en el centro mismo de La Virgen del Camino, cerca de León, acaso porque hace unos años esta localidad era lugar de labrantíos, hoy convertida en núcleo industrioso.

Sucede lo mismo con los hoteles de golf, que confunden cuando no se les reconoce sus atributos. Me lo contaba un amigo mío golfista de pro, que viajó desde Oslo con sus palos para jugar en el campo del hotel Villa Magna, en la mismísima Castellana de Madrid, y se extrañó de encontrar por únicos hoyos los del metro de Gallardón. ¡A quién se le había ocurrido anunciar ese ex Hyatt como un hotel de golf!

Pues eso, que los negocios de la cosa verde están que trinan porque la oferta de casas rurales ha aumentado casi un 10% durante 2008, y como la ocupación ha descendido un 11%, las cuentas salen solas. El sector del caserío rural es claramente deficitario. Sus propietarios temen acabar muy golpeados por la crisis, por lo que la Asociación de Profesionales de Turismo Rural (Autural) y la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA), algunas de las muchas que existen para atizar las brasas de la gresca agroturística, han emprendido una cruzada contra el parque ilegal de casas rurales en España, que se supone incluso mayor que el de las legales.

“La piratería perjudica gravemente la imagen del sector y supone competencia desleal”, acusa el presidente de Autural, Rafael Correa, para quien los males del sector estriban en la existencia de una normativa desigual en cada comunidad autónoma, con 18 leyes diferentes, y pocas ayudas públicas. Es de suponer que el representante de la mentada asociación preferiría que fuese la Unión Europea quien normalizara (¿McDonalizara?) a las casas rurales, ya que expresa cierta querencia por un mercado único, y que lo financiara todo, como hasta ahora, el programa europeo de fondos estructurales. Lo que resulta más difícil de suponer, por contradictorio, es que se persiga la piratería cuando en su erradicamiento se pretenden exacciones émulas de Barbarroja.

A ver si lo entiendo. La única condición que distinguiría la legalidad y la ilegalidad de las casas rurales es la transparencia fiscal de su actividad económica, aparte de las exigencias sanitarias y arquitectónicas, como en casa de cualquier vecino. Y si Autural está reclamando hoy a la Administración “un aplazamiento del pago de los impuestos para los alojamientos situados en poblaciones de más de 500 habitantes y fiscalidad cero para los ubicados en las de menos de 500 habitantes” está condenando a la ilegalidad a un buen puñado de casas rurales. Ya no tendría sentido su solicitud de un observatorio para controlar la piratería, pues con una exacción fiscal como la que se propone todas las casas observadas serían directamente ilegales.

Claro que si lo que se está diciendo es que la ferulenta estacionalidad del caserío rural impide cualquier normalización fiscal, a santo de qué gastar el tiempo y las ideas (malas) en cruzadas tan estériles como la de la música en mp3… Por la boca muere el pez. Al igual que la SGAE, la Autural haría bien en inventar otro modelo de negocio. Porque está muy claro que el negocio de las casas rurales de medio pelo es un mal negocio una vez que se han agotado los Leader europeos.

Se pueden seguir reclamando infinitas ayudas públicas, naturalmente, que contra el vicio de pedir está la virtud de no dar.

Fernando Gallardo

Diez errores a evitar en tiempo de crisis

cirque du soleil 03 Una escuela de negocios de referencia en España, el Centro de Estudios Financieros, ha tenido los reflejos de publicar en 20 Minutos un decálogo de qué no deben hacer las empresas en la situación de crisis actual. A simple lectura, podría parecer elemental, sarcástico. Mas conviene recordarlo sin tregua porque hoteles de toda condición y provincia no se han dado todavía por enterados y siguen cometiendo errores… elementales.

Veamos.

1. Negar el impacto de la crisis: Debido en parte a su elevado componente sicológico, esta recesión ha terminado afectando a todas las empresas de todos los sectores, por lo que minimizarla a estas alturas puede ser temerario. “Incluso en el caso de empresas que aparentemente todavía no se han visto afectadas por la crisis, y aunque sólo sea en aspectos parciales, la crisis acabará afectando a casi todas las compañías del país” sostiene el CEF.

2. No extremar la cautela: Aun en época de bonanza, los hoteles no deberían descuidar sus ingresos, ni mucho menos sus gastos. Es importante seguir muy de cerca la evolución del mercado y de las ventas.

3. Descuidar la comunicación: Tanto como estar inundando de información los multimedia y las redes sociales, el silencio informativo es señal de fenecimiento. Como en todo, “hay que saber administrar las comunicaciones”, dice el estudio, ya que así “podremos neutralizar los efectos negativos de rumores e informaciones inexactas”.

4. No ponderar los costes e ingresos para cada escenario: Es justo lo toca en las crisis, replantearse objetivos para minimizar sus consecuencias negativas e imaginar nuevas fórmulas que ayuden a reconfigurar el escenario del negocio.

5. Pasar de los presupuestos y del endeudamiento: No creo que haya muchos hoteles “pasotas”, pero sí que el efecto invernadero de un hotel rural le puede hacer olvidar aspectos básicos de la gestión empresarial como ajustar la cuenta de resultados prevista sobre los gastos, que marca el estudio del CEF. En estos momentos es cuando más conviene endeudarse para sanear la empresa o lograr financiación exterior mediante la entrada de nuevos socios. Recuerdo al lector que estamos entrando en una temible fase de deflación económica y que las únicas políticas certeras para combatirla son las monetarias y las fiscales. Las primeras exigen por parte del Estado darle a la maquinilla de papel, es decir, bajar el precio del dinero y ponerlo en circulación a fin de que aumente el consumo. Y, por parte de los particulares, desechar el ahorro y gastarlo todo o invertir en la empresa, eso que yo llamo reparar las goteras. La única política fiscal admisible es aumentar el gasto público para suplir la caída de la demanda y bajar los impuestos para que los hogares puedan gastar más y reactivar la economía. Luego, poner una vela a la Virgen para que el endeudamiento no nos arruine a todos como les acaba de suceder a los islandeses.

6. Descuidar la delegación de decisiones: Frente a la incertidumbre reinante, muchas de aquellas decisiones que se delegaron en otrtas personas porque todo iba bien ahora merecen ser reconsideradas y, tal vez, “recentralizadas”.

7. Continuar sin más los proyectos e inversiones en curso: No parece muy inteligente seguir como estamos, ni bien, ni mal. Es preciso reconsiderar los proyectos en marcha o previstos, “manteniendo en el congelador aquellos que no vayan a mejorar a corto plazo los resultados o la facturación”.

8. Desatender los posibles cambios del mercado: Para ello conviene no desanimarse. Estar al loro de lo que pasa, pues cuanto más rápida sea la respuesta de la empresa frente a los cambios del mercado “mejor se podrán planificar las estrategias que permitan restablecer el negocio”. Especialmente en estos tiempos de aceleración tecnológica. Ya se arrepienten algunos hoteleros de no haber asistido al webinario que impartimos la semana pasada sobre el proyecto de constitución de un clúster empresarial y tecnológico.

9. Sobrerreaccionar: Que quiere decir ni tanto ni tan calvo. Hay quien se desespera porque no puede pagar la nómina y empieza a tirar los precios, o se apura tanto que contagia su desaliento a los empleados o, peor, a los clientes. Hay quien piensa ya en vender como sea sin un rictus de lucha por la supervivencia del negocio. En todos estos casos “se debe imponer la templanza”, asegura con buen criterio del CEF.

10. No prever los posibles escenarios una vez superada la crisis: Porque dar palos de ciego para superarla no conduce a nada si al final del túnel la luz pertenece a otros. La crisis es una oportunidad para darse un respiro y arreglar las goteras que padece el negocio, que en el caso de la costa española es un desagüe oceánico. Cuando el ciclo remonte, el panorama propio y sectorial debería resplandecer por su novedad, calidad, ingenio y también su sensualidad.

Todos estos errores hallan remedio en una sola virtud: saca lustre a tu hotel para que al final de la crisis vuelva a relucir como en época de bonanza. Ya lo dijimos en las Jornadas de Jávea. Lo que ahora toca es renovar el producto y aprender a utilizar las nuevas herramientas de su comercialización: arquitectura de los sentidos y redes sociales. Éste es el mandamiento supremo para una nueva era.

Fernando Gallardo