Las Vegas fértiles

First_World_Hotel O Las Vegas no son los Estados Unidos o la crisis va por barrios, que lo sepan los pesimistas de turno. Allí reina la alegría, la fiesta continua. Indemnes al parón financiero e inmobiliario, los inversores del holding norteamericano AFIGroup, antes conocido como Africa Israel Group, proyecta construir en la capital del desierto un hotelazo de 6.745 habitaciones, naturalmente con casino, piscinas, spas y demás florituras estéticas en la avenida Harmon, cerca del celebérrimo Hard Rock Hotel.

Y no contentos con edificar un referente del lujo en plena recesión, los susodichos inversores piensan tirar el hotel por la ventana mediante loa proclama mediática de ser el mayor del mundo. Es tan gigantesco que algunos de nuestros foristas podrían colocar en la calle más de mil hotelitos como el suyo, uno detrás de otro.

Por endosarles una dosis de optimismo estadístico diré que actualmente el hotel más grande del mundo es el First Hotel, en Malasia, que posee la friolera -desde donde escribo, la calentura- de 6.118 habitaciones. Lo siguen de cerca el MGM Grand de Las Vegas, con 5.690 habitaciones; el Luxor Palace, con 4.408 dormitorios; y el Mandalay Bay, también en Las Vegas, que tiene 4.341 habitaciones.

En estos tiempos sienta bien saber que otros le sonríen de este modo a la vida y al director general de su banco. ¿Qué haremos nosotros?

Fernando Gallardo

Reflexiones sobre la vida

sunset En 1928 algunos síntomas hacían prever que las economías estaban en peligro, los ingresos de la población no habían subido tanto como para que el consumo siguiera creciendo, la prosperidad que antes estaba basada en el desarrollo industrial, pasó a depender de la especulación y se produjo la crisis de 1929… ¿Os suena? Durante la Gran Depresión, uno de los personajes más influyentes del  pasado siglo y premio Nobel de Física, Albert Einstein, publicó con gran éxito sus Reflexiones sobre la vida. No he encontrado nada mejor para compartir con vosotros en este frío día de invierno, donde las noticias son cada día más desalentadoras y la crisis, como dice Fernando Gallardo, está abriendo los ojos incluso a los que no quieren ver.

No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y sus penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafío: la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque en crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro y acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.

 

Fernando Terán, hotel Balneario de Salinas

Arquitectura del turismo

VillaConde1

Al hilo de lo que vengo sosteniendo en este Foro sobre el pastiche arquitectónico creado en las últimas décadas de expansión turística en España, releo más convencido que nunca un artículo de Juan Antonio Ramírez en Babelia, titulado Las artes del turista (del regionalismo al estilo de la impunidad).

“La cosa empezó en los años diez del siglo XX. Muchos burgueses adinerados y con pretensiones empezaron a complementar su veraneo, en el sitio de siempre, con algún viaje ocasional. Llegó a ser de buen tono desplazarse a un lugar nuevo, por un corto periodo de tiempo, y así es como se inventó el turismo.”

La estampa de las señoritas en pololos y con sombrilla jugueteando en los baños de olas del Cantábrico no forma parte, ciertamente, del actual imaginario popular, pero sí lo eran en el de nuestros abuelos. Con nuestros padres, este fenómeno social se masificó a costa de hoteles, chalecitos y balnearios diseñados en un estilo regionalista que supuestamente representaba las características más seductoras del país. Véanse los torreones tipo Alhambra que afloraron en Andalucía, las enormes rejas, las tejas policromadas, los azulejos de los zócalos, los arcos de herradura o las columnas salomónicas.

“No había nada contradictorio en mezclar elementos árabes, renacentistas y barrocos con otros ingredientes de la arquitectura vernácula. A fin de cuentas los clientes ideales no sabían historia de la arquitectura y lo importante era la evocación de un mundo, o su recreación fantaseada, mucho más que su fiel reconstrucción estilística. Sabemos que el regionalismo tuvo muchas repercusiones políticas, pero aunque se ha reconocido su papel en la cristalización de algunos nacionalismos periféricos, no parece haberse avanzado mucho en el examen ideológico de aquellas primeras arquitecturas del consumo masivo, que inventaron entidades simbólicas tan amables como artificiosas. El pastiche autocomplaciente parece haber sido el aperitivo simbólico para servir a todas horas.”

La dictadura de Primo de Rivera alentó un popurrí del regionalismo que hoy persiste en no pocos hoteles rurales. Cuando los Paradores de Turismo parecen haberse librado de la caspa, los nuevos pazos, casonas, caseríos, cortijos, haciendas y estancias de España reproducen al pie de la letra ese estilema resabiado del mobiliario seudoplateresco que algunos denominamos con chanza "estilo remordimiento".

En los años sesenta, los nuevos turistas fueron oficinistas y obreros industriales a los que resultaba más económico proveer de una arquitectura… moderna, la primera que se vio en el litoral mediterráneo. “¿Quién no recuerda el estilo de las piscinas de riñón y de los pilotis inclinados, con vagas alusiones a los edificios de Wright y de Le Corbusier? (…) Se trataba, no lo olvidemos, de edificios que querían satisfacer de un modo eficiente los sueños estandarizados de millones de consumidores, procedentes de estratos populares.”

Aquella marea estilística fue sustituida pronto por otra popular con muros encalados y chinarro, falsas espadañas y tapias con cactus. Clint Eastwood y Lee van Cleef se desafiaban bajo la pálida luz almeriense, mientras la costa aledaña a los espaguetti westerns se llenaba de urbanizaciones, chiringuitos y falsos pueblos de estilo andaluz, canario, ibicenco o lo que se le antojara al promotor de turno, recién germinado de entre el cañaveral.

“No hay que escandalizarse. Si Venturi, hace unas décadas, nos invitó a aprender de Las Vegas, ya es hora de que saquemos nosotros las lecciones arquitectónicas y morales que nos enseñan nuestras costas.¿Cómo explicarnos si no la proliferación de cúpulas árabes, celosías, aleros enfáticos y otros detalles de este nuevo eclecticismo? El grotesco desenfado de las nuevas apropiaciones estilísticas no tiene el aire algo candoroso de las oleadas anteriores: es más enfático, más invasivo. Su abierto descaro parece poner el acento sobre el triunfo apoteósico de la impunidad.”

¿Está lo suficientemente claro?

Fernando Gallardo

El Laberinto Orientado

Laberinto orientado Aún recuerdo la primera vez que me adentré en los cerros de Valparaíso. Una buena amiga que jugaba de local me tomó de la mano y me llevó por lugares singulares en un frenético tour, sin darme la posibilidad de tomar conciencia por dónde iba, y menos, de poder orientarme.

Caminábamos por una calle del plan bordeando un edificio gris cuando, de un tirón, me introdujo en una pequeña puerta, a la que le seguía un pasillo angosto que remataba en un torniquete de control… Hasta ese momento, yo no sabía donde estábamos.

Luego me subió en una pequeña cabina que rápidamente empezó a trepar por la ladera, aferrándose a unos rieles metálicos, chirriando, mientras otra cabina similar bajaba como un gato cuyas garras no eran suficientes para evitar el deslizamiento hacia los pies del cerro. Poco después me di cuenta que ambos animales iban amarrados entre si por un grueso cable, siguiendo un ritual bastante elemental que aprovechaba la fuerza de gravedad.

Una vez arriba, mientras yo miraba embobado el mar que ya había hecho su entrada triunfal, ella me expulsó de la boletería-sala de espera-punto de encuentro, y me llevó de una carrera hacia un paseo que seguía la cota del cerro. Pero la tranquilidad no me iba a durar mucho rato… De otro tirón me introdujo de nuevo en el cerro, subiendo por unas escaleras, después doblando una esquina, después otra y a continuación nos metimos por un vacío en medio de una casa, que resultó ser el Pasaje Bavestrello, y cuyo nombre nunca se me olvidó porque había un cartel con letras perforadas a través de las cuales el sol jugaba con las sombras y las proyectaba sobre un muro del edificio-pasaje.

Bajamos, doblamos y volvimos a subir. Y así varias veces, alternándose en cada ocasión el orden de las acciones emprendidas. Rampas, escaleras y nuevamente un ascensor que nos devolvería a los pies del cerro, dejándonos orientados nuevamente en el plano de la ciudad.

Ese día dormí intranquilo. Con una inquietud como de niño en la víspera de Navidad. En mi memoria se sucedían las imágenes de edificios con calaminas de múltiples colores, muros de ladrillos, improvisadas obras de arte callejeras, soluciones inesperadas para barandas, gradas, accesos a distintas alturas… Y yo no era capaz de darles un orden coherente.

Fue mucho tiempo después que descubrí el Hilo de Ariadna, o, mejor dicho, esa hebra interminable representada por las soleras de las calles en los cerros que permiten orientarse a través de señas, colores y letras que lo van guiando a uno desde el suelo con eficiencia digna de elogio.

Ya habría querido tener estas soleras marcadas esa vez que la medina de Fez me llevó a la desesperación, mientras un par de muchachos ociosos me perseguían y se reían de mi evidente incomprensión, no sólo de la lengua árabe, sino también de las reglas de orientación de ese laberinto…

Sólo la regular y reconocible forma del patio interior del riad logró tranquilizarme, y permitió que mis sentidos volvieran a embriagarse con el sabor del té a la menta, el aroma de los naranjos, el sonido del agua de la fuente, con la vista y el tacto danzando sobre los azulejos de ininteligibles símbolos.

¿Que condiciones básicas deberá considerar el Hotel de los Sentidos para permitirle a sus huéspedes descansar -aunque sea un instante- del Minotauro porteño?

Fernando Vogel, arquitecto del Colectivo Valparaíso

Buenos Aires sin alardes

laplata De todos los hoteles, supuestamente con encanto, a los que fui a husmear en la Capital Federal, sólo uno me llamó realmente la atención. De partida, me gustó que esa calle fuera de fachada continua, y que el hotel no la descontinuara. El volumen del hotel no se separaba del resto, ni tampoco descontinuaba la armonía de la manzana al agregar marquesina, logo, publicidad… Acaso un pequeño cartel confirmaba que la dirección que uno había visto en Internet era la correcta.

Mentalmente me transporto a los ascensores de Valparaíso. Me gusta que en la mayoría de ellos el acceso sea (casi) una puerta más dentro de un edificio, y a su vez éste sea uno más dentro de un barrio determinado. Me gusta que ello pueda constituir una sorpresa para el viajante atento, y que pueda evitar las hordas masivas que buscan el cliché turístico, ese que se anuncia con marquesina.

Traspaso la pesada puerta, ya con la expectativa instalada en mis sentidos, y entro a lo que podría ser una casa, pero no es. A lo que podría ser un hotel, pero no es. A lo que podría ser una fábrica refaccionada, pero no es…

Lo primero que veo es un ascensor antiguo que me lleva directamente al segundo piso, a la que habría sido mi habitación, si no hubiera estado reservada. Un espacio amplio con perforaciones hacia distintas orientaciones que hacían entrar la luz natural con misterio. Una bañera antigua en un lugar privilegiado de la habitación, me indica que estos tipos saben que darse un baño no es un castigo que hay que esconder entre cuatro paredes, sino que es un disfrute de los sentidos que debe tener un sitial de honor.

Me asomo al balcón y veo que al otro extremo del jardín interior hay un volumen aislado con una habitación desde la cual flamea una gran cortina blanca, entrando y saliendo de la ventana, como haciéndome señas para que fuera a ver lo que había ahí detrás.

Afortunadamente la pareja de ingleses celebró mi curiosidad y compartió conmigo –casi con orgullo– el casual desorden de su habitación, que transmitía un mensaje de ambiente acogedor.  ¡Es un contenedor ideal para la vida real…!, fue lo primero que pensé mientras se me erizaban ligeramente los pelos en los brazos. A mi espalda, y a intervalos irregulares y aleatorios, la brisa cedía su puesto en la ventana a la blanca cortina flameante.

Fernando Vogel, arquitecto del Colectivo Valparaíso

Ver o no telever

dvbh-nokia Por enésima vez, el debate en torno al pago de derechos de autor por ver la tele en la habitación del hotel se viste de rabiosa actualidad. Y es que el Tribunal Supremo acaba de revocar una sentencia de la Audiencia Provincial de Málaga que desestimaba las pretensiones de EGEDA de cobrar un canon al hotel Puente Romano, de Marbella. La nueva resolución prohibe a los hoteles emitir obras y grabaciones sin la autorización expresa de la Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales (EGEDA).

El canon que pretendía cobrar la citada entidad al hotel marbellí es de una media de 0,23 euros al día por habitación ocupada. Además, condena al Puente Romano a indemnizar a EGEDA desde 1998 y declara como doctrina jurisprudencial que la instalación de aparatos de televisión en las habitaciones de los hoteles es un acto de comunicación pública -los hoteles lo han considerado siempre un acto de comunicación privada- a los efectos de la Ley de Propiedad Intelectual.

Con esta sentencia, el Tribunal Supremo modifica la jurisprudencia existente según lo expresado por el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas en distintas sentencias, que considera "un acto de comunicación pública" la recepción de señales de televisión por parte de los hoteles y su posterior distribución (retransmisión) a las habitaciones.

No queda claro, sin embargo, si se considera también un acto de comunicación pública la instalación de una antena individual en cada habitación, lo que impediría técnicamente la distribución de una señal original al convertirla ésta en una propiedad de cada televisor. Tampoco la sentencia parece impedir al hotel el alquiler a sus huéspedes de un televisor con antena propio, ni que el huésped que lo desee se traiga bajo el brazo su propio televisor (no es chanza, dentro de unos años será una realidad, ya que la televisión llegará a través de Internet y será inalámbrica.

Una vez más se demuestra la incapacidad de algunos por imaginar cómo será el mundo en el futuro inmediato y, consecuentemente, adaptarse a sus realidades mutantes. No es prerrogativa del alto tribunal, cuyas atribuciones no trascienden la justa interpretación de las leyes. Es una simple cuestión de lucidez mental que no termina de asistirles a los responsables de las entidades de gestión de los derechos de autor, ya sea la SGAE, la EGEDA o de cuantos tahúres se aprovechen del actual retardo legal en el discernimiento de lo que está sucediendo con las nuevas tecnologías y la sociedad de la información. El automóvil ha sustituido al carromato, y no se han enterado. Su guerra es ya una batalla perdida.

Pero, al igual que un animal herido, en cuanto pueden se revuelven. Y este último estertor va a afectar, según fuentes judiciales, al 70 por ciento de los hoteles en España representados por la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT), pues la Federación Española de Hostelería y Restauración (FEHR) ya claudicó tiempo atrás mediante la firma de un acuerdo extrajudicial con EGEDA.

La pregunta ahora es: ¿cómo va a reaccionar cada hotel en particular? Y, antes que nada, ¿se está de acuerdo o no con la legislación vigente cuya interpretación ha originado tal sentencia?

En próximas fechas publicaremos los resultados de este debate y el compendio de las distintas reflexiones formuladas aquí por los hoteleros suscritos al Foro.

Fernando Gallardo