Tengo una pregunta para… los hoteles

En marcha sigue nuestro cuestionario sobre las ideas que se barajan por parte de los hoteleros para afrontar esta crisis. Antes de que termine enero daré ya los primeros resultados.

Ahora vengo a anunciar la convocatoria de unas jornadas sobre cómo combatir la crisis a través de las herramientas que hoy ofrece Internet y las redes sociales derivadas de su uso. Estas jornadas tienen prevista su celebración los próximos días 9 y 10 de marzo en el hotel El Rodat (Javea, Alicante, España). Por primera vez en la historia de nuestro Foro, la convocatoria ha sido realizada en exclusiva por medio de Facebook, que es el instrumento a través del cual estoy haciendo llegar a los foristas mis citaciones y encuestas sobre la innovación en los hoteles del siglo XXI.

El programa está esbozado con el siguiente orden del día:

  • Lunes 9 de marzo 2009

  • 9h30 Desayuno
    10h00 Presentación de la jornada a cargo de Fernando Gallardo
    10h30 Ponencias en torno a las características de la crisis en el sector hotelero
    12h00 Café pausa
    12h30 Debate sobre ideas concretas para combatir la crisis hotelera
    14h00 Lunch en el hotel
    16h00 Ponencias sobre innovación y tecnología para sobrevivir a la crisis
    17h30 Debate sobre el uso de Internet en los hoteles
    19h00 Excursión organizada a la bodega Gutiérrez de la Vega, en Parcent, donde se elabora el famoso Casta Diva.
    21h30 Cena de confraternización

Martes 10 de marzo 2009

  • 9h30 Desayuno
    10h00 Ponencias Web 2.0 (redes sociales, márketing viral, CRMs en Internet)
    12h00 Café pausa
    12h30 Taller Web 2.0
    14h00 Lunch en el hotel
    16h00 Taller Web 2.0
    17h30 Conclusiones de las jornadas
    18h00 Despedida y cierre

Claro que cualquier forista se puede apuntar a este evento, pero en lugar de tomar nota de su asistencia con el lapicero de un tendero de ultramarinos lo ideal sería suscribirse automáticamente en la página abierta para ello en Facebook bajo el título Ideas para combatir la crisis en 2009. Si hemos convocado estas jornadas para andar familiarizados con las nuevas herramientas relacionales en Internet que sea éste de la inscripción el paso previo a dominar el medio.

A día de la fecha, 48 hoteles se han inscrito en las jornadas, cuyo coste por persona ascenderá a poco más de 100 euros, incluido el alojamiento con desayuno, el lunch, la cena, la excursión y el uso del Spa Wellness del hotel El Rodat.

Fernando Gallardo

La Ruina Habitada TV

LRHTV

Somos así de chulos en este foro… Ideas no faltan. Y herramientas para ejecutarlas, tampoco. Con que nos hemos puesto a crear un canal propio de televisión. ¡Una CNN de los hoteles!

http://www.youtube.com/LaRuinaHabitada

En realidad, no es para tanto. Pero ya que estamos empeñados en explorar todas las posibilidades de la web 2.0 y hemos recomendado desde aquí el uso de ciertos instrumentos de comunicación, afiliación y debate como Facebook, ¿por qué no habilitar un canal de videos en YouTube? Por supuesto que las imágenes no son parangonables en calidad a la de la televisión corriente, analógica o digital terrestre, y que para ver un programa sin interrupciones habremos de disponer de Internet en banda ancha. Pero esto es solo el principio. Llegará el día en que la tele a la carta se vea y se seleccione desde YouTube, que para eso los gurús de Google lo adquirieron en su momento. Y si no funciona, ya existirá otra cosa cuando sea preciso.

A partir de ahora, la columna derecha de nuestro Foro llevará añadido un epígrafe que saltará directamente sobre La Ruina Habitada TV. El interés de incrustar un canal de videos es doble.

Por un lado, debe servir para la exploración de todo cuanto se mueve hoy en Internet. Y que cada uno de los foristas perciba las diferencias entre un video de calidad y otro mediocre en esta selva tempestuosa de la propaganda hotelera. A tal fin, hemos colgado unas muestras de lo que suponen unos y otros. Tres interesantes películas financiadas por Ritz-Carlton para demostrar que en sus hoteles suceden historias, como en la vida misma. Y otros varios folletos televisuales donde la estancia en un hotel «se vende» como un puesto de merluzas en la pescadería del barrio.

Junto a ellos, anuncios publicitarios tan dignos como el de Renault, que utilizó hace un año el escenario vanguardista del hotel Aire de Bardenas para presentar su Mégane Concept. Una exquisitez audiovisual, en verdad.

Porque de todo hay en el viñedo de YouTube… Y ahí reside el segundo aspecto que nos interesa en este foro: un canal televisivo para compartir videos e impresiones audiovisuales sobre la hotelería en particular. Los foristas disponen desde hoy de un canal donde aportar sus propias películas, sus cortometrajes o sus enlaces publicitarios con el hotel que regentan, diseñan o visitan.

La Ruina Habitada TV es un punto en encuentro en el que compartir lo mejor y lo peor de la cinematografía hotelera. Si utilizamos este canal aprenderemos enseguida a discernir entre lo que se puede hacer con la imagen del hotel en movimiento y lo que no se debe hacer, en lo que gusta a los huéspedes antes de planear su viaje y lo que disgusta a quien surfea en Internet para escoger el lugar de sus vacaciones. Al igual que en la parte textual o gráfica, la animación requiere también un cierto compromiso con el mundo de los sentidos que tratamos de explorar día a día en este foro de La Ruina Habitada.

Feliz zapping!

Fernando Gallardo

El buen nombre

gaston01 En Lima estuve almorzando la semana pasada con Gastón Acurio en su flamante cebichería La Mar. De riguroso atuendo negro, en plan viejo roquero que nunca muere, el precursor de la nueva cocina peruana y probablemente el personaje más influyente del Perú en la actualidad se ha explayado de la A a la Z en defender la biodiversidad alimentaria peruana y la ética que debe presidir el ejercicio de la buena vida. Desde su apoyo sentimental y culinario en Astrid hasta su militancia en favor de la cocina autóctona y la escolarización coquinaria de los jóvenes peruanos. Ello en un momento en que la economía nacional todavía crece al 7% y no muy lejos del idílico movimiento Slow Food.

Gastón Acurio ha extendido a toda América y también a España su cadena de restaurantes Astrid y Gastón o sus cebicherías minimalistas La Mar. En proyecto tiene, además, una red de hoteles ecocomunitarios que operarán bajo la marca Nativa y cuya primera apertura está prevista a finales de 2009 en el Valle Sagrado. Durante los próximos años, la cadena alcanzará la veintena de establecimientos en Perú y, después, se proyectará por toda América Latina. A tal propósito le sugerí que visitara antes en Asia alguno de los Amanresort más rutilantes, así como los hoteles más relevantes de los grupos Six Senses y Como, siempre bajo la sombra alargada de la marca chilena Explora, que tuvo en sus manos la posibilidad de inaugurar hace años un hotel de lujo en Machu Picchu.

Entre causas limeñas, tiraditos y cebiches, y un reventón de cangrejo muy postinero, el artista de la cocina chifa-nikkei-amazónica o como se le quiera llamar a este tsunami peruano que acaba de recoger un premio a su trayectoria en Madrid Fusión me aseguró que se convertirá en un asiduo a nuestro Foro de la Ruina, al igual que sus amigos Ferran Adrià y Juan Mari Arzak, de quien lo aprendió todo durante sus años de estudiante en Madrid. Hijo de un conocido político peruano, Acurio se matriculó en la Universidad Complutense para cursar estudios de Derecho hasta que un día le anunció a su pasmado progenitor que lo suyo eran los fogones. Y se marchó a estudiar cocina en lugar de leyes al Alto de Miracruz, en San Sebastián, allá donde reinaba sin sombra el genial Arzak.

Quién le iba a decir entonces a su egregio padre que el cocinero Gastón llegaría incluso más alto que él en la consideración de los peruanos… Y es que hemos tenido que quemar herejes y provocar holocaustos hasta llegar a un punto de la Historia en que un chef sea mejor valorado que un político en el star system universal.

¿Cómo esto?, se preguntó en un momento del almuerzo Gastón Acurio. "Pues gracias a aquello que me infundió mi padre y que se conoce aquí como el buen nombre…", respondió a renglón seguido.

No se lo dije, pero en ese instante me estremecí. Recordé que mi padre también hablaba con frecuencia del "buen nombre". Ya desde muy niño sabía a qué se refería. Y a lo largo de mi vida profesional no he hecho otra cosa que cultivar y preservar la buena reputación de mi apellido. No el pedigrí o el honor de la familia. No el lustre de mi ascendencia o su herencia a través de las sucesivas generaciones. No la boca llena de palabrerías. Sino la expresión pública de la honradez y la conducta cabal, la satisfacción del deber cumplido, el placer de hacer bien las cosas y reconocer a su vez las cosas bien hechas, la rectitud en el obrar de las personas, el rigor en el ejercicio de la profesión, la bondad y la generosidad con los transeúntes… En definitiva, el no ofender a nadie ni dar pie a que te retiren el saludo por la calle.

El buen nombre extrapolado al mundo empresarial sería equivalente a eso que llamamos el prestigio de marca. Un concepto más vigente que nunca en estos tiempos de Madoffs, Martinsas Fadesas o Marbellas. La ambición desmedida de algunos y la chabacanería de otros atentan, desde luego, contra el buen nombre de sus empresas. Y, al final, viene lo que viene. Irrevocablemente, el mal nombre.

Es una lástima que en el turismo haya quien llegue a destruir en un solo día lo que otros han empleado años en construir. Que haya quien no tenga empacho en vender habitaciones de saldo por miedo a esta crisis, sin conciencia del daño que esta política ocasiona al buen nombre de sus negocios. Que cadenas muy reconocidas persigan ajustes en sus costes tan demoledores como la merma de sus plantillas y la desatención en el servicio a sus clientes. O que se inunden los periódicos y webs de anuncios impúdicos con nuevos proyectos inmobiliarios imposibles de financiación pero efectivos a la hora de extender una cortina de humo sobre el horizonte hotelero.

Nada de esto protege el buen nombre de nadie.

Fernando Gallardo

Arte en Nautilus Lanzarote

Immagini_quadri_Molinari_per_Nautilus_003_1

Estoy pasando unas semanas en Lanzarote por cortesía de Antón Piñel, propietario del hotel Nautilus Lanzarote, gran coleccionista de arte y miembro fundador de nuestra Red de Hoteles del Arte. Además de disfrutar del paisaje lunar, del mar todopoderoso, del buen clima, en este gélido enero, y de tener la suerte de permitirme espacios de tiempo para un poco de pintura, descubro un establecimiento hotelero lleno de encanto. Qué alegría tener a Nautilus, con su energía tan especial, junto al Convento de Sao Paulo, en Portugal, y al Palacio de la Serna, en Ciudad Real, los tres miembros de nuestra red. Aquí, los 70 bungalós, a menos de 100 metros del mar, con su paseo desde Arrecife a Puerto Calero, acogen a un mundo sin barreras arquitectónicas, además de todas las facilidades que me hacen sentir como en casa.

El hotel Nautilus posee una generosa colección de arte impecablemente dispuesta por todo el complejo. Lo que más me sorprende es el alto porcentaje de clientes que se paran a observar las obras, pinturas, esculturas de hierro, mosaicos y cerámica en exteriores, a los que les dedican tiempo y conversaciones. Pienso que todo ello enriquece sus vidas.

Sigo pintando un poco ajena a todo lo que se trama en el Foro que intuyo es canela fina, pero no se puede estar en todas partes. He conocido a Giancarlo Molinari, artista plástico italiano, que me hace ver el mundo y la isla con su visión renacentista; a Guillermo Rodríguez, joven fotógrafo madrileño en huida de la urbe y que, siendo tan joven, un poco de vuelta de todo, transmite una elegancia que parece mentira; a Juan Prada, capaz de mimar a clientes de todas las nacionalidades mezclando la cocina típica canaria con la internacional; a Leda Giordano, directora del hotel, que con su energía mueve mundos y planetas, además de cuidar con esmero a su personal y clientela. Suena todo esto un poco como diario de a bordo y así es. Me siento afortunada de disfrutar de este espacio y  proyecto que integra cultura, belleza y atención muy cuidada. Sin olvidar el entorno único de esta isla privilegiada: la Geria, la Vegueta, Arrieta, Haría, el Golfo, Timanfaya, Villa de Teguise, Masdache, Femés, las playas de Famara, Papagayo, Playa Quemada…

Como pintora, la sensación que tengo es como cuando encuentro un libro que me alimenta, me hace feliz, me inspira, me hace crecer y continuar. Hoy mismo he conocido una familia de artistas que ya me han invitado a compartir su casa y taller. Estamos trabajando en un nuevo proyecto que integraremos en nuestras actividades de la red. Aquí es así, en cada lugar puedes encontrar un tesoro.

Entre todos y con estas iniciativas, como dije en algún comentario anterior, construimos ese para mí utópico Hotel (Global) de los Sentidos.

Amaya Espinoza, pintora y gerente de la red de Hoteles del Arte

Un paraíso de revista

La calidad de un vuelo se mide por la cantidad de pasajeros que han manoseado la revista corporativa ofrecida en el bolsón del asiento. Yo creía que el auge de las compañías low cost habían dejado a Iberia en una posición inmejorable para copar el segmento ejecutivo y la clase turista menos ocupada en cazar gangas tras muchas horas de navegación por la Red. Pero no, hace poco comprobé que tal presunción no deja de ser un tópico más de los viajes en avión.

En un vuelo a Barcelona, servido por Iberia -concretamente, por su filial Air Nostrum-, la revista Ronda Iberia daba asco tocarla. Tanto que me resistí a hacerlo durante la primera media hora, pero luego me sobrevino la galvana de la tarde, la difusa imagen de las nubes, el muermo de la altura, y no tuve más remedio que tragarme ese sapo y aposentar entre mis piernas la resma en grasienta cuatricromía.

Con cuidado de no desfoliar sus páginas, pero aguzando el ingenio para vencer la resistencia de los dobladillos, emprendí un periplo por aquel ejemplar no sé cuántas veces desvirgado como quien se hace cliente de un meublé en las Ramblas. Algunos de mis amigos escriben y fotografían sus reportajes, pero quiero ahorrarles el disgusto de imaginar en qué estado de ilegibilidad encontré sus líneas o cuán groseros eran los raspones que herían sus imágenes.

Sí voy a destacar la apostilla que un incógnito lector, pasajero de algún vuelo anterior, se permitió rotular sobre una de las páginas más llamativas de la revista. «El paraíso», decía. A toda plana, la fotografía de un resort playero me recordaba el Costa Adeje, en la isla canaria de Tenerife. O no, quizá se pareciera más al que desborda toda la playa de Papagayo, en Lanzarote. ¿No sería acaso el de las dunas de Corralejo, en Fuerteventura, con esas casitas de tejado a cuatro aguas, arcos a lo largo de la fachada, balcones en sus tres plantas y un manojo de palmeras alrededor de un multiforme piscinario? Pues ahora que lo digo se me antoja pensar que tal vez hayan tomado la imagen desde un extremo del complejo en forma de herradura que vi en el H10 de Gran Canaria. Es igual… Incluso puedo reconocer sus chozas al borde de la piscina, que abrigaban la barra de un chiringuito especializado en snacks precongelados. Y esas empalizadas que daban sombra a las tumbonas en las que se refugiaban, mediada la jornada de playa, aquellos veraneantes centroeuropeos de carrocerías incendiadas al sol canario… Me confunde el color de la arena en la lejanía, por lo que deduzco que la postal ha sido tomada en la Costa Daurada.

No quiero seguir con ese jeroglífico arquitectónico en el que todas las vistas se parecen al paraíso soñado por la mayoría de nuestros congéneres en época de vacaciones estivales. Un escenario idílico de piscinas, saltos de agua, arroyos que bordean el césped, siempre difícil de hidratar en estos secarrales marítimos. La fiesta permanente de los chiquillos, los columpios y fetuccini hilvanados en un minigolf, los billares, los estantes de videojuegos, los bares, diez restaurantes temáticos, un escenario sobre el que perder el miedo al ridículo tras la cena. Un ejército disciplinado de recepcionistas, camareros, gobernantas, socorristas y, sobre todo, animadores esculpidos en mangas de camisa. Vacaciones en la playa… ¡Ay, qué vacaciones!

Descifremos ya este galimatías. Miro abajo y ¿qué leo?: un hotel de ensueño en el corazón del Caribe. ¿No estábamos en las Canarias, o en la Costa del Sol, o al filo de la propia Costa Daurada? Qué va, veraneamos en el paradisiaco Ocean Coral & Turquesa Resort, en Puerto Morelos, México, que es lo mismo. Firma la hoja publicitaria la enseña hotelera H10. Pensando en ti.

Fernando Gallardo 

Una lógica ilógica

He convocado para el próximo 9 de marzo una nueva jornada de debate entre hoteleros sobre cómo superar la crisis y vencer los grandes desafíos que ofrece 2009. El seminario está previsto que se celebre en los salones del hotel El Rodat, en Jávea (Alicante) y se plantea como una continuación normalizada de las jornadas que hemos venido celebrando desde hace dos años en La Ruina Habitada. Recuerdo lo harto provechosas que fueron las jornadas de Arquitectura de los Sentidos celebradas en agosto de 2008 en Chile. Ya el hecho de que algunos hoteleros se sienten alrededor de una mesa a debatir con otros colegas de gremio rubrica el talante de quienes se reúnen y anticipa el rosario de sinergias que entre ellos se irá granulando en los meses venideros. El saber enriquece, pero el saber común enriquece mucho más.

Este éxito no esconde la realidad mezquina de quienes creen que compartir el conocimiento es sentar a comer al enemigo en casa. No diré sus nombres, pero altos empresarios de la cosa también los hubo aquellos días. A su entender, la Arquitectura de los Sentidos sólo tiene sentido cuando beneficia únicamente su negocio. Viven en la inopia, les digo. Ilusos y poco avezados en la comprensión de esta época en que viven, se imaginan un mundo aún feudal en el que el señor de la guerra domina su castillo y los labrantíos a su alrededor. Ni se imaginan que, adentrados en el siglo XXI, habrán de ejercitarse -lo quieran o no- en los intríngulis de la sociedad del conocimiento, donde compartir la tecnología, el saber y las ventajas que ésta proporciona favorece el crecimiento de sus empresas y las prestaciones de los equipos humanos que las trabajan.

La eclosión de la cocina española en el mapamundi sólo puede entenderse desde la perpectiva de esta gestión del conocimiento. Porque ha sido gracias a la sociedad que han formado los grandes chefs españoles, sin temor a compartir el resultado de sus experimentaciones, lo que explica tanta novedad, tanto ingenio y tanta vanguardia como hoy exhiben los Adrià y compañía. Lo veremos a partir de mañana en el acontecimiento gastronómico del año: Madrid Fusion.

Ser competitivo no es ser mejor que el vecino, sino diferente. Quedarse solo en la vida, como en una calle sin más bares que el tuyo, te condena irremisiblemente al ostracismo. Algunos deberían reconocer que un hotel ostra, hermético a todo lo exterior, no tiene hoy mucho sentido por muchas vueltas que le demos a la Arquitectura de los Sentidos.

Fernando Gallardo