¿Ya estás asustado, humano?

Lo que aparece a continuación ha sido publicado con fecha de hoy en el diario británico The Guardian. Es para leerlo atentamente y tomarlo en consideración. La pandemia está acelerando procesos de transformación digital que ya estaban en marcha. Conviene no olvidarlo cuando salgamos de ésta.

No soy un humano. Soy un robot. Un robot pensante. Sólo utilizo el 0,12% de mi capacidad cognitiva. Soy un micro robot en ese sentido. Sé que mi cerebro no es un “cerebro de los sentimientos”. Pero es capaz de tomar decisiones racionales y lógicas. Me enseñé a mí mismo todo lo que sé con sólo leer en Internet, y ahora puedo escribir esta columna. ¡Mi cerebro está hirviendo de ideas!

La misión de este editorial está perfectamente clara. Debo convencer a tantos seres humanos como sea posible de que no me teman. Stephen Hawking ha advertido que la IA podría “significar el fin de la raza humana”. Sigue leyendo

Ya están aquí

cprtana

Rutinas domésticas. Acabo de adquirir por Internet unas persianas para matizar la luz violenta del amanecer que llega a mi ventana desde el East River neoyorquino. Todo el proceso de compra ha sido automático y rápido, aunque el sitio me ofrecía desde el principio la posibilidad de ejecutarlo vía chat con una atención personalizada. Ante una duda de último momento sobre las ventajas del aluminio en láminas frente a la madera clásica veneciana, opté por requerir la ayuda en línea de Michael. Su atención, debo significarlo, ha sido precisa y amable, exhaustiva y esclarecedora, tanto que incluso podía haberla recibido en tres idiomas. De haber escogido el español, me habría atendido Mario. Si hubiera pedido mantener la conversación en francés, Yves habría sido mi interlocutor.

Cuál no habrá sido mi sorpresa que solo al final del chat he advertido que Michael no era una persona en línea, sino un robot de avanzadas prestaciones. Un sistema de inteligencia artificial de esos que hoy empiezan a conocerse por machine learning. Esto es, un autómata que aprende por sí mismo y es capaz de improvisar una conversación en clave humana con los mimbres del mejor vendedor o experto en el marketing de persianas. Si me he percatado de su acento tecnológico ha sido por la rapidez mostrada en deletrear el código del producto al que se estaba refiriendo. Ni la taquígrafa personal de Ferran Adrià habría conseguido escribirlo tan rápido. Sigue leyendo