La primera vez…

Muy raramente, pero muy raramente, quien regenta un hotel conoce la peripecia de sus huéspedes por acceder a él. No es que todos los alojamientos turísticos presenten obstáculos o inconvenientes en su acceso, qué va. El enunciado viene a cuento del escaso interés que, en general, muestran los hoteleros en saber detalles de cómo los viajeros han llegado hasta allí. ¿Tan importante es?, me preguntará alguno…

Importante, puede que no; pero crucial, sí. La primera impresión que solemos tener de lo desconocido condiciona notablemente la experiencia posterior. Y, eso, en la hotelería, es el ser o no ser. La primera impresión es lo que cuenta, se dice hasta el cansancio. No es cierto que vaya a haber después una segunda oportunidad para brindar al que llega una impresión espectacular. Un vericueto misterioso adquiere, por ejemplo, un dramatismo superior a una concurrida calle de la capital. Y he sido testigo, a mi pesar, de lamentos insensatos por parte de algún hotelero frente a la desidia de la Administración pública en llevarle el asfalto hasta allá. Más inteligente, Jemma Markham me explicó al poco de abrir su hotel, Torre del Visco Relais&Châteaux, el por qué de su Sigue leyendo