Los muebles rotos del seísmo turístico

Un terremoto, como una crisis económica, es una excelente oportunidad para regenerarse. No para las víctimas, naturalmente, sino para los que quedamos sumidos en el caos, en la amargura y en la desesperanza. Frente a tamaña calamidad cuesta un riñón levantarse y aproar el viento con la ilusión de estar construyendo algo nuevo que transmitir a barco_terremotolos hijos y a los nietos (salvo que se caiga en el fraude de construir castillos en el aire o viviendas prefabricadas de madera a 1.200 euros, como propone alguna buenaventurada oenegé). Cuesta incluso un riñón y medio, porque el vecino, que podría ayudarnos, está ocupado también en afrontar su propia reconstrucción. Y para tener fe en el futuro hace falta algo más que una religión fiduciaria.

En España nos hemos sumado muchos a una campaña de aliento social que promueven estos días las Cámaras de Comercio bajo el ya conocido lema Estosololoarreglamosentretodos.org. Pero no como quieren ellos, corrigen algunos desde Facebook. En Chile, el arreglo de los desastres provocados por el terremoto está siendo más Sigue leyendo