El camino de los sentidos

Mi experiencia en la remodelación y ampliación de Son Esteve me ha servido para proponer a todos los foristas una reflexión sobre lo que puede significar el lento tránsito de un establecimiento tradicional hacia los sentidos. O el devenir de un planteamiento clásico a uno más vanguardista. Lo que ello puede acarrear a sus explotadores. En definitiva, la actitud y quizás los sacrificios que deberá asumir el nuevo apóstol de la modernidad para con sus visitantes. Qué pedagogía debemos afrontar ante el nuevo ejercicio de hospitalidad ideado. Qué nuevo sentido cobra el ser anfitrión. Seguramente alguno ha llegado a sufrir un cierto hartazgo del propio negocio, y muy probablemente se haya planteado diversas posibilidades:  seguir igual -siendo lo más aconsejable cerrar- o apostar quizás por un concepto diferente de hostelería, algo que sea único o bastante inclasificable. Es decir, abocar a una parte de las antiguas casas a la Arquitectura de los Sentidos.

En nuestro caso optamos por lo último, y este junio inauguramos la primera fase de lo que nos proponemos, que no es otra cosa que una diferenciación conceptual única en Mallorca. Y aquí vienen mis reflexiones que, quizás como terapia, quizás como consejo, nunca como intromisión, quiero trasladar a todos mis colegas de este Foro.

En primer lugar, ser sinceros con uno mismo/a. Y entender que no tan sólo por unas habitaciones tecnológicamente avanzadas vamos a girar esa tendencia quizás negativa de nuestro negocio. No, hace falta mucho más, a mi modo de ver. Necesitaremos reinventar el hotel. Su liturgia, su lenguaje, todos sus conceptos. Desde el desayuno hasta la iluminación de la zonas comunes. Voy a poner cierto énfasis en la colación matutina: es uno de los momentos más esperados del día por el turista. Pero también puede ser uno de los más repugnantes si el hotelero se lo propone. César Ritz decía que la mitad del bienestar del visitante se ganaba por el estómago. Si escogemos la senda de los Sentidos, deberíamos tener muy claro que éstos empiezan por la mañana.

En segundo término,  comentar el coste. Meterse en una aventura sensorial es, básicamente, caro. No voy a decir muy caro -todo depende del estado en que se encuentre el edificio sobre el que ejecutar la obra-, pero sí más costoso que el patrón clásico de la hostelería convencional de habitación mediana, pasillos angostos, un comedor amplio y a correr… No, se trata de otra cosa, evidentemente.  Los estucados venecianos, claraboyas encima los rain showers, suelos radiantes y demás aderezos tecnológicos cuestan algo, para qué engañarnos.  

Bernat Jofre i Bonet, hotel Son Esteve

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