Las Vegas fértiles

First_World_Hotel O Las Vegas no son los Estados Unidos o la crisis va por barrios, que lo sepan los pesimistas de turno. Allí reina la alegría, la fiesta continua. Indemnes al parón financiero e inmobiliario, los inversores del holding norteamericano AFIGroup, antes conocido como Africa Israel Group, proyecta construir en la capital del desierto un hotelazo de 6.745 habitaciones, naturalmente con casino, piscinas, spas y demás florituras estéticas en la avenida Harmon, cerca del celebérrimo Hard Rock Hotel.

Y no contentos con edificar un referente del lujo en plena recesión, los susodichos inversores piensan tirar el hotel por la ventana mediante loa proclama mediática de ser el mayor del mundo. Es tan gigantesco que algunos de nuestros foristas podrían colocar en la calle más de mil hotelitos como el suyo, uno detrás de otro.

Por endosarles una dosis de optimismo estadístico diré que actualmente el hotel más grande del mundo es el First Hotel, en Malasia, que posee la friolera -desde donde escribo, la calentura- de 6.118 habitaciones. Lo siguen de cerca el MGM Grand de Las Vegas, con 5.690 habitaciones; el Luxor Palace, con 4.408 dormitorios; y el Mandalay Bay, también en Las Vegas, que tiene 4.341 habitaciones.

En estos tiempos sienta bien saber que otros le sonríen de este modo a la vida y al director general de su banco. ¿Qué haremos nosotros?

Fernando Gallardo

Arquitectura del turismo

VillaConde1

Al hilo de lo que vengo sosteniendo en este Foro sobre el pastiche arquitectónico creado en las últimas décadas de expansión turística en España, releo más convencido que nunca un artículo de Juan Antonio Ramírez en Babelia, titulado Las artes del turista (del regionalismo al estilo de la impunidad).

“La cosa empezó en los años diez del siglo XX. Muchos burgueses adinerados y con pretensiones empezaron a complementar su veraneo, en el sitio de siempre, con algún viaje ocasional. Llegó a ser de buen tono desplazarse a un lugar nuevo, por un corto periodo de tiempo, y así es como se inventó el turismo.”

La estampa de las señoritas en pololos y con sombrilla jugueteando en los baños de olas del Cantábrico no forma parte, ciertamente, del actual imaginario popular, pero sí lo eran en el de nuestros abuelos. Con nuestros padres, este fenómeno social se masificó a costa de hoteles, chalecitos y balnearios diseñados en un estilo regionalista que supuestamente representaba las características más seductoras del país. Véanse los torreones tipo Alhambra que afloraron en Andalucía, las enormes rejas, las tejas policromadas, los azulejos de los zócalos, los arcos de herradura o las columnas salomónicas.

“No había nada contradictorio en mezclar elementos árabes, renacentistas y barrocos con otros ingredientes de la arquitectura vernácula. A fin de cuentas los clientes ideales no sabían historia de la arquitectura y lo importante era la evocación de un mundo, o su recreación fantaseada, mucho más que su fiel reconstrucción estilística. Sabemos que el regionalismo tuvo muchas repercusiones políticas, pero aunque se ha reconocido su papel en la cristalización de algunos nacionalismos periféricos, no parece haberse avanzado mucho en el examen ideológico de aquellas primeras arquitecturas del consumo masivo, que inventaron entidades simbólicas tan amables como artificiosas. El pastiche autocomplaciente parece haber sido el aperitivo simbólico para servir a todas horas.”

La dictadura de Primo de Rivera alentó un popurrí del regionalismo que hoy persiste en no pocos hoteles rurales. Cuando los Paradores de Turismo parecen haberse librado de la caspa, los nuevos pazos, casonas, caseríos, cortijos, haciendas y estancias de España reproducen al pie de la letra ese estilema resabiado del mobiliario seudoplateresco que algunos denominamos con chanza "estilo remordimiento".

En los años sesenta, los nuevos turistas fueron oficinistas y obreros industriales a los que resultaba más económico proveer de una arquitectura… moderna, la primera que se vio en el litoral mediterráneo. “¿Quién no recuerda el estilo de las piscinas de riñón y de los pilotis inclinados, con vagas alusiones a los edificios de Wright y de Le Corbusier? (…) Se trataba, no lo olvidemos, de edificios que querían satisfacer de un modo eficiente los sueños estandarizados de millones de consumidores, procedentes de estratos populares.”

Aquella marea estilística fue sustituida pronto por otra popular con muros encalados y chinarro, falsas espadañas y tapias con cactus. Clint Eastwood y Lee van Cleef se desafiaban bajo la pálida luz almeriense, mientras la costa aledaña a los espaguetti westerns se llenaba de urbanizaciones, chiringuitos y falsos pueblos de estilo andaluz, canario, ibicenco o lo que se le antojara al promotor de turno, recién germinado de entre el cañaveral.

“No hay que escandalizarse. Si Venturi, hace unas décadas, nos invitó a aprender de Las Vegas, ya es hora de que saquemos nosotros las lecciones arquitectónicas y morales que nos enseñan nuestras costas.¿Cómo explicarnos si no la proliferación de cúpulas árabes, celosías, aleros enfáticos y otros detalles de este nuevo eclecticismo? El grotesco desenfado de las nuevas apropiaciones estilísticas no tiene el aire algo candoroso de las oleadas anteriores: es más enfático, más invasivo. Su abierto descaro parece poner el acento sobre el triunfo apoteósico de la impunidad.”

¿Está lo suficientemente claro?

Fernando Gallardo

Buenos Aires sin alardes

laplata De todos los hoteles, supuestamente con encanto, a los que fui a husmear en la Capital Federal, sólo uno me llamó realmente la atención. De partida, me gustó que esa calle fuera de fachada continua, y que el hotel no la descontinuara. El volumen del hotel no se separaba del resto, ni tampoco descontinuaba la armonía de la manzana al agregar marquesina, logo, publicidad… Acaso un pequeño cartel confirmaba que la dirección que uno había visto en Internet era la correcta.

Mentalmente me transporto a los ascensores de Valparaíso. Me gusta que en la mayoría de ellos el acceso sea (casi) una puerta más dentro de un edificio, y a su vez éste sea uno más dentro de un barrio determinado. Me gusta que ello pueda constituir una sorpresa para el viajante atento, y que pueda evitar las hordas masivas que buscan el cliché turístico, ese que se anuncia con marquesina.

Traspaso la pesada puerta, ya con la expectativa instalada en mis sentidos, y entro a lo que podría ser una casa, pero no es. A lo que podría ser un hotel, pero no es. A lo que podría ser una fábrica refaccionada, pero no es…

Lo primero que veo es un ascensor antiguo que me lleva directamente al segundo piso, a la que habría sido mi habitación, si no hubiera estado reservada. Un espacio amplio con perforaciones hacia distintas orientaciones que hacían entrar la luz natural con misterio. Una bañera antigua en un lugar privilegiado de la habitación, me indica que estos tipos saben que darse un baño no es un castigo que hay que esconder entre cuatro paredes, sino que es un disfrute de los sentidos que debe tener un sitial de honor.

Me asomo al balcón y veo que al otro extremo del jardín interior hay un volumen aislado con una habitación desde la cual flamea una gran cortina blanca, entrando y saliendo de la ventana, como haciéndome señas para que fuera a ver lo que había ahí detrás.

Afortunadamente la pareja de ingleses celebró mi curiosidad y compartió conmigo –casi con orgullo– el casual desorden de su habitación, que transmitía un mensaje de ambiente acogedor.  ¡Es un contenedor ideal para la vida real…!, fue lo primero que pensé mientras se me erizaban ligeramente los pelos en los brazos. A mi espalda, y a intervalos irregulares y aleatorios, la brisa cedía su puesto en la ventana a la blanca cortina flameante.

Fernando Vogel, arquitecto del Colectivo Valparaíso

En FITUR, sí hubo Arte

En Fitur, este año, no todo fue «llanto y crujir de dientes». Alguien tuvo la lucidez de entre las tinieblas crear la luz. Me estoy refiriendo al stand de Castilla y León. Nada más te acercabas a él reconocías que era distinto. La luz no era la misma. Sus matices cambiaban. Las cortinas de agua tenían color, así como las cortinas metálicas que dividían espacios y reflejaban el color, el contraste de los tonos oscuros, de los paramentos divisorios. La luz que emanaba de cientos de puntos, en el cielo, cambiantes por sus reflejos y movilidad, convertían el lugar en un auténtico espacio sensorial. Un espacio que, entre las estructuras feriales de Fitur y el escandaloso alboroto de megáfonos, equipos sonoros y vocerío, te invitaba a relajarte y a observar.

En principio, aquello me sonaba… Sensaciones parecidas las había tenido antes… Hasta que alguien, más tarde, me comunicó que el autor se llamaba Jesús Castillo Oli.

Entonces, lo entendí todo.

Antonio Gómez, Quintana del Caleyo

Den arkitektritade ruinen

Reportaje sobre La Ruina Habitada en Sydsvenskan

Hoy me he desayunado con la lectura "en línea" de mis diarios favoritos, y de alguno más que ha ido apareciendo en mi prontuario de alertas RSS. Ni el foro de Davos, ni la nieve que ha caído en media España, ni siquiera los ecos de la crisis tras la elección de Obama… Lo que ocupa todas las portadas, abrumadoramente, es que Nadal, una vez más, despacha a Federer. Ya tocaba.

El País, The New York Times, The Washington Post, Le Figaro, The Independent, The Daily Telegraph, Corriere della Sera, El Mercurio, La Tercera, Clarín… Y, de repente, Sydsvenskan. No hablo una pizca de sueco, pero algo me llamó la atención en ese tabloide de Malmö, donde Santiago Calatrava erigió hace un lustro su Torso. En una de sus páginas aparece un largo reportaje sobre La Ruina Habitada, la obra arquitectónica de Jesús Castillo Oli, en las antípodas de esos esqueletos vertebrales que dan fama al valenciano.

PORQUERA DE LOS INFANTES. När man kommer på den lilla vägen mot byn, tio mil norr om Palencia i norra Spanien, är den första känslan att detta är ännu en av de många sömniga spanska byar som lämnats åt sitt öde. Hus har rasat samman och bara ett fåtal bybor finns kvar.

Me imagino cómo estarán ahora los vecinos de esta localidad palentina, que en toda su historia apenas la prensa local había hecho mención a su condición de arruinados. Ahora su nombre trasciende no solo las fronteras provinciales, sino las nacionales. Vuela sobre el continente europeo hacia Rusia, donde ya se publicaron varias páginas sobre el experimento de los sentidos; hacia el Reino Unido, que también se hizo eco de cómo una ruina puede habitarse; y, allende el Atlántico, a Chile, Argentina y Mexico, donde existen ya muchos suscriptores de este Foro.

När Jesus Castillo övertygat Fernando Gallardo att köpa det halvt raserade gamla magasinet började en lång resa. Det handlade om att finna lösningar som fungerade praktiskt och i helheten.

Aquello que surgió de una vuelta en redondo y mirar a otro paisaje inspiró la serie de Jornadas hoteleras sobre la Arquitectura de los Sentidos que este dominical sueco ha querido ahora reconocer. Volveremos esta primavera a convocar unos debates que, debido a la crisis, cobran nueva actualidad. Sobre cómo afrontarla nos reuniremos en Jávea el próximo 9 de marzo. Y sobre cómo seguir existiendo durante los próximos 15 años debatiremos en La Ruina Habitada, de Porquera de los Infantes, en una convocatoria que haré pública en su momento.

Ahora toca hacerse el sueco sobre la crisis de Fitur y leer a ojo de cubero palentino este estupendo reportaje de Sydsvenskan.

Fernando Gallardo

Una lógica ilógica

He convocado para el próximo 9 de marzo una nueva jornada de debate entre hoteleros sobre cómo superar la crisis y vencer los grandes desafíos que ofrece 2009. El seminario está previsto que se celebre en los salones del hotel El Rodat, en Jávea (Alicante) y se plantea como una continuación normalizada de las jornadas que hemos venido celebrando desde hace dos años en La Ruina Habitada. Recuerdo lo harto provechosas que fueron las jornadas de Arquitectura de los Sentidos celebradas en agosto de 2008 en Chile. Ya el hecho de que algunos hoteleros se sienten alrededor de una mesa a debatir con otros colegas de gremio rubrica el talante de quienes se reúnen y anticipa el rosario de sinergias que entre ellos se irá granulando en los meses venideros. El saber enriquece, pero el saber común enriquece mucho más.

Este éxito no esconde la realidad mezquina de quienes creen que compartir el conocimiento es sentar a comer al enemigo en casa. No diré sus nombres, pero altos empresarios de la cosa también los hubo aquellos días. A su entender, la Arquitectura de los Sentidos sólo tiene sentido cuando beneficia únicamente su negocio. Viven en la inopia, les digo. Ilusos y poco avezados en la comprensión de esta época en que viven, se imaginan un mundo aún feudal en el que el señor de la guerra domina su castillo y los labrantíos a su alrededor. Ni se imaginan que, adentrados en el siglo XXI, habrán de ejercitarse -lo quieran o no- en los intríngulis de la sociedad del conocimiento, donde compartir la tecnología, el saber y las ventajas que ésta proporciona favorece el crecimiento de sus empresas y las prestaciones de los equipos humanos que las trabajan.

La eclosión de la cocina española en el mapamundi sólo puede entenderse desde la perpectiva de esta gestión del conocimiento. Porque ha sido gracias a la sociedad que han formado los grandes chefs españoles, sin temor a compartir el resultado de sus experimentaciones, lo que explica tanta novedad, tanto ingenio y tanta vanguardia como hoy exhiben los Adrià y compañía. Lo veremos a partir de mañana en el acontecimiento gastronómico del año: Madrid Fusion.

Ser competitivo no es ser mejor que el vecino, sino diferente. Quedarse solo en la vida, como en una calle sin más bares que el tuyo, te condena irremisiblemente al ostracismo. Algunos deberían reconocer que un hotel ostra, hermético a todo lo exterior, no tiene hoy mucho sentido por muchas vueltas que le demos a la Arquitectura de los Sentidos.

Fernando Gallardo