Sweet home Atacama

Ya al aterrizar lo tuve claro. El desierto inspira. Y el hotel Tierra Atacama, en las afueras de San Pedro de Atacama, me tiene pensativo todo el día. ¿Es arquitectura efectista o arquitectura de los sentidos? ¿Cuál es el paso entre lo llamativo y lo emocional? ¿Qué clase de retina escondo en mis ojos que me hace ver distinto lo que se ha pretendido que sea lo que es. ¿Pero es? ¿Es de verdad?

Demasiadas preguntas para saber por dónde voy. Me explico, con permiso del vacío equinocccial de este desierto tenido como el más árido del planeta. El hotel Tierra Atacama sigue la secuela emprendida por el hotel Explora Atacama, del gran arquitecto chileno Germán del Sol, autor que fue del pabellón de Chile en la Expo de Sevilla (el del témpano de hielo, ¿recuerdas?). Edificio significante en medio de la nada, materiales de la zona (no todos), decoración recurrente a la artesanía popular, instalaciones al aire libre pese a la inclemencia de este desierto y un programa nutrido de excursiones exploratorias por sus alrededores (Montañas de la Luna, el Salar de Tara, los géiseres Sigue leyendo

Luces y sombras, un duelo estético

Más adelante, en este Foro, disertaré sobre uno de los tres libros que han inspirado La Ruina Habitada. Me refiero, ya se sabe, al Elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki. Pero hoy simplemente quiero ilustrar con imágenes cómo se inicia uno al estudio de la luz en la penumbra. Es una danza ritual y momentánea que se salda con la belleza.

En la conceptualización de los espacios, la luz y la sombra revelan las formas. En la translucidez del vidrio, ellas libran un particular duelo por definir los reflejos. Que, a su vez, gracias a ellos, la arquitectura puede regalarnos con la percepción simultánea de distintos lugares.

Que cada uno piense lo que se le antoje, pero nadie permanezca indiferente a esta emoción.

Ser diferente también en la montaña

He vuelto a La Ruina Habitada desde la sierra de Mampodre, al norte de León, donde me he machacado lo poco que ya me faltaba por machacar en una interminable semana de excursionismo a pie cabal. Pico de la Cruz, pico de las Castellanas, puerto de Ventanielles, Vegabaño, de La Uña a Soto de Sajambre… En fin, algo agotador pero absolutamente recomendable. Para todos, incluso para los más perezosos.

¿Dónde nos hemos alojado el grupo de amigos que íbamos y yo? Pues a lo mejor que nos hemos encontrado. Nada para turbar los sentidos. En Acebedo estuvimos en El Sol de Mediodía: una casa rural bastante corriente cuyo plato fuerte nos pareció la atención dispensada por su propietaria, Esther. Agosto y la casa estaba vacía… En Soto de Sajambre nos hospedamos en el Hostal Peñasanta, bastante vulgar y, sin embargo, encontramos abarrotado de excursionistas. Alguien me puede recordar aquí el lema del imperator de la hotelería mundial Conrad Hilton: localización, localización, localización… De acuerdo, Acebedo no puede competir con Soto de Sajambre, un mito en la montaña como otros pocos señalados con el dedo en los Picos de Europa: Bulnes, Cabrales, Caín, Posada de Valdeón, Oseja de Sajambre… El Hostal Peñasanta no es un destino turístico, pero Sajambre sí. La pena es que ni Acebedo ni su casa El Sol de Mediodía lo sean. La solución, pues, estriba en crearlos.

¿Qué argumentos tiene Acebedo para convertirse en un destino turístico de cierta importancia? Habida cuenta de que es base de partida para las excursiones al macizo de Mampodre, en tanto estas montañas sean un reclamo para los senderistas el argumento de Acebedo pesa poco. ¿Acaso existen más posibilidades de que El Sol de Mediodía lo sea? Sí, naturalmente. Pero su propietaria debería antes imaginar un no-lugar, en lugar de esa casa rural tan gustosa como las otras 40.000 que existen en nuestro país. Ya lo hemos discutido en nuestras jornadas. Lo que El Sol de Mediodía debería afrontar para no quedarse vacío el mes de agosto (no digamos ya en invierno, ni en estos tiempos de crisis…) es competir con otras casas rurales, con otros alojamientos de montaña, no por ser el mejor, sino por ser único.

Aquí sí que hay milagro: be different, Esther! 

Fernando Gallardo  

Elogio de la luz y el agua

Luz, agua, aire, acero, madera, transparencia de las sombras… Quien ha visitado La Ruina Habitada sabe de lo que hablo. Y de lo que Junichiro Tanizaki ha escrito. Es uno de los tres libros fundamentales del proyecto arquitectónico.

En un viaje exploratorio por las 50 arquitecturas más sugerentes de Japón me quedé pasmado por el trabajo del arquitecto Tadao Ando en las afueras de Osaka. El entorno carecía de magia. Incluso era vulgar. Pero eso no importaba. Al igual que me sucedió en Les Cols, el paisaje estaba dentro. Era una introspección de la forma en medio de la nada. Me refiero al templo cristiano más sereno que jamás se ha construido: la Iglesia de la Luz. Un proyecto surgido de mente de un sintoista como el japonés Tadao Ando.

Éste:

Iglesia de la Luz, Osaka Apenas cuatro planchas de hormigón ilustran de la existencia de algo muy sagrado en la tradición cristiana: la cruz. ¿Cabe mayor sensibilidad? Antaño la iconografía religiosa en el interior de los templos servía a fines didácticos, que los fieles aprendieran a reconocer los personajes bíblicos y el devocionario eclesiástico. Pues de este mismo modo, en la actualidad, los fieles japoneses aprenden que detrás de la divinidad, entre la sombra, emerge la luz. Siempre la luz.

El próximo mes de noviembre emprenderé otro viaje exploratorio por el alma arquitectónica, espacial y sensorial de Japón. Nuestro amigo Tange, participante en una de nuestras jornadas, ya me ha puesto sobre la senda de varios highlights que no me debo perder. Uno de ellos, que traigo ahora a colación, es otro de los trabajos más intimistas de Tadao Ando. Otro templo cristiano, para que algún católico me intente convencer de que la religión se practica mejor con el catecismo en una mano y la fusta en la otra. Afirma el propio Tadao: «Pienso que un espacio sacro debe estar de alguna manera ligado a la naturaleza, lo que no significa que tenga que ver con el animismo o panteísmo.»

Visitaré en la isla de Hokkaido, norte de Japón, el Templo sobre el Agua. Me parece en fotos un lugar lleno de magia, serenidad, humildad, belleza formal y espiritualidad zen. Invita a meditar, a detenerse en el camino de la vida, a dejarse llevar por la quietud del agua, a escuchar los propios latidos del corazón (y puede que alguno también la palabra de Dios). ¿No es esto un ejemplo palpable, audible y táctil de la Arquitectura de los Sentidos?

Iglesia sobre el Agua, Hokkaido

En silencio, pido la paz y la palabra para sugerir que este escenario nos convoque a una emoción colectiva. El estro de diseñar un hotel o un chill out que flote sobre el agua para invitarnos a la idealización de los sentidos. ¿Quién se atreve con ello?