Una boutique para la hospitalidad

No hace mucho, el New York Times publicó en versión para iPad un artículo de tendencias sobre esa perfecta ignorada que antaño existía en cualquier establecimiento hotelero que se preciase: ¡la tienda! Lo que llamó poderosamente mi atención fue descubrir que algunos hoteles en Estados Unidos vuelven a abrir pequeños comercios al público con tal de vender más y, lo que para mí consiste en un mejor argumento, conectar el hotel a la ciudad. Las veces que me han azuzado a dar ideas sobre este irresuelto doble reto, el de introducir el hotel en la ciudad y la ciudad en el hotel, no he podido dejar de responder lo mismo: una entrada rutilante y transparente, un restaurante gastronómico, un bar de copas donde ver y ser visto, un atrio lobby para lo mismo, la quinta fachada de noche, el alquiler por horas para un quicky, esos insoportables desayunos de trabajo que convocan algunas empresas poco productivas y, naturalmente, una tienda donde adquirir 24/7 esos antojos que todo el mundo tiene en su casa. Y no me refiero al cepillo de dientes Sigue leyendo