La línea de la vida

HighLine2Algunos países tienden a fomentar que los ciudadanos se deban al servicio del Estado. Da igual que su titulación les acredite como funcionarios al frente de los servicios públicos o emprendan un negocio para el cual les quepa exigir subvenciones a fondo perdido o préstamos en condiciones favorables. Ambos cumplen las reglas de oro del Estado próvido y aceptan que de su poder ejecutivo dimane la política económica en aras de un anhelado bienestar colectivo e igualitario. Las instituciones públicas se convierten así en la primera empresa del país, y nadie moverá ficha a la espera de sus grandes decisiones políticas y monopolísticas.

Coincidentemente, estos países arrastran hoy una depresión económica y psicológica que se eterniza porque la mayoría de su población está esperando que los responsables del Sigue leyendo