Los vigías de la torre

Los controladores aéreos están alcanzando una cotización en el mercado nacional de la corrupción muy cercana a la obtenida por los especuladores inmobiliarios. Ser controlador aéreo es ya, en el subconsciente colectivo, sinónimo de manipulador, chanchullero, mafiosillo, truhán. A pulso se lo han ganado desde hace tiempo.

Desde el sector turístico se pide al Gobierno negociación con este colectivo antes de que nos eche a perder el agosto. Es muy probable que lo consiga en las próximas horas, aunque para siempre quedará el daño que produce la imagen de un gremio consentido capaz de chantajear a su patronal, el Gobierno y la sociedad civil, por el nada despreciable sueldo de 320.000 euros al año. La opinión pública, sin embargo, no parece dispuesta a aceptar que sigan en sus trece… y con sus privilegios.

Los controladores aéreos españoles amenazan con una huelga

En su derecho están los controladores aéreos de exigir la remuneración que pretenden, e incluso de ir a la huelga que amenazan. Los sindicatos de controladores tienen toda la razón cuando acusan a su patrón de negarse a negociar unos mejores salarios para sus representados. Su misión es esa y su táctica consecuente, el hacer huelga.

Lo que parece reprobable en este conflicto es que sigamos funcionando todos con leyes cuyo espíritu representa el maquinismo del siglo XIX y el modelo hoy superado de la lucha de clases. No puede ser que una profesión como ésta se rija todavía según el esquema empleador-empleado, ni que su estructura sindical sea ostensiblemente vertical, ni que por el Sigue leyendo