El cielo protector anti Uber

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Cuando yo era joven, feliz e indocumentado los matrimonios en España no se podían romper. Daba igual que hubiera violencia de género en el hogar, que los niños sufrieran con las trifulcas familiares, que los cónyuges se odiaran y desearan emprender una nueva existencia por separado. El divorcio era ilegal.

La ley de Principios del Movimiento Nacional, en los cuales estaba basado el régimen de Franco según los ideales de patria, familia y religión, impedía que dos personas casadas pudieran decidir libremente la disolución de su matrimonio. Si mal no recuerdo, el principio II obligaba a los españoles a acatar la Ley de Dios formulada por la Iglesia Católica, y no otra, cuya doctrina inspiraría todo el ordenamiento jurídico. De Sigue leyendo

Las mismas reglas para todos

las mismas reglas para todosLiberté, égalité, fraternité. ¡Qué bonitas palabras emergieron de la Revolución Francesa! Aunque no fueron adoptadas como lema oficial hasta el advenimiento de la Segunda república, su espíritu democrático redimió la primera proclama revolucionaria, que no fue otra que “liberté, égalité, fraternité, ou la mort!” (¡Libertad, igualdad, fraternidad o la muerte!). Las mismas reglas para todos o la muerte.

El discurso igualitario cobra vigor en esta nueva sociedad digital que estamos creando como una respuesta atribulada de los viejos gremios al agravio que supone para ellos la irrupción de las nuevas tecnologías creadoras de nuevas actividades, muchas de ellas competitivas con las vigentes, cuando no claramente sustitutorias. La tasa Google, las trabas a Amazon, Airbnb, Uber, etc. no son más que la expresión de los viejos recelos ante lo nuevo, el temor de un mundo frágil por sumergirse en lo desconocido.

Y eso tiene despistados a muchos de nuestros conciudadanos. No solamente a la clase política, sino también a los jueces, como lo prueba hoy el pimpón al que están jugando en Sigue leyendo