ALO ya tiene pareja

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La noche que pasé en el hotel Aloft Silicon Valley, en Cupertino, tenía por único objetivo comprobar si el mayordomo robótico A.L.O. trabajaba de verdad o era un vago redomado. Sabemos que una de las grandes ventajas de un empleado robótico frente a uno humano es que su productividad puede ser verificada al dedillo. No necesita descansar, no requiere alimentarse, carece de ideología sindical y, además, todos sus movimientos laborales se guardan en la nube a disposición de quien tenga el control de su sistema operativo. Pero, como máquina que es, también se avería. Y pierde aceite.

Para un hotel de 172 habitaciones era un desafío saber cuántos requerimientos de A.L.O. hacía la clientela aquel día de agosto. Que si tráeme una Coca Cola, que si sírveme un snack frío en la habitación, que si ahora quiero unos hielitos… Lo cierto es que durante las 24 horas de mi estancia no vi al robot parado, conectado a su cargador Sigue leyendo