El sindicato de los robots turísticos

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El nuevo secretario general de UGT, Pepe Álvarez, está resuelto a cargarse el Estado de Bienestar en España. Muy seguramente a los trabajadores de su sindicato no les hará mucha gracia, pero su visión de los cambios que estamos viviendo con la transformación de nuestra sociedad analógica en una sociedad digital así lo garantiza. Álvarez comienza a darle vuelta a una idea tan insólita como demoledora: “que los robots coticen a la Seguridad Social”.

Es probable que el líder sindicalista haya sido inspirado por un proyecto del Parlamento Europeo que quizá no vea la luz después del Brexit. El riesgo que corren Sigue leyendo

Ya están aquí

cprtana

Rutinas domésticas. Acabo de adquirir por Internet unas persianas para matizar la luz violenta del amanecer que llega a mi ventana desde el East River neoyorquino. Todo el proceso de compra ha sido automático y rápido, aunque el sitio me ofrecía desde el principio la posibilidad de ejecutarlo vía chat con una atención personalizada. Ante una duda de último momento sobre las ventajas del aluminio en láminas frente a la madera clásica veneciana, opté por requerir la ayuda en línea de Michael. Su atención, debo significarlo, ha sido precisa y amable, exhaustiva y esclarecedora, tanto que incluso podía haberla recibido en tres idiomas. De haber escogido el español, me habría atendido Mario. Si hubiera pedido mantener la conversación en francés, Yves habría sido mi interlocutor.

Cuál no habrá sido mi sorpresa que solo al final del chat he advertido que Michael no era una persona en línea, sino un robot de avanzadas prestaciones. Un sistema de inteligencia artificial de esos que hoy empiezan a conocerse por machine learning. Esto es, un autómata que aprende por sí mismo y es capaz de improvisar una conversación en clave humana con los mimbres del mejor vendedor o experto en el marketing de persianas. Si me he percatado de su acento tecnológico ha sido por la rapidez mostrada en deletrear el código del producto al que se estaba refiriendo. Ni la taquígrafa personal de Ferran Adrià habría conseguido escribirlo tan rápido. Sigue leyendo