No me quieras como en casa

Con el auge de la cultura audiovisual insisten muchos establecimientos hoteleros en hacerle sentir al huésped como en casa. Artículos periodísticos, blogs, vídeos y folletos de todo tipo siguen utilizando este tópico en un impropio alarde de calidez cada día más recurrente. “Aquí se sentirá usted como en casa”, repiten cándidamente.

A mí si un hotel me va a hacerme sentir como en casa, la verdad es que no viajo, que me sale más barato y me ahorra la incomodidad del desplazamiento. Esto lo he dicho ya varias veces. Pero a fuerza de ponerme en el mocasín de quien se toma la molestia de viajar para que lo agasajen como su familia en el hogar suma a este argumento otra reflexión no menos crucial para la hotelería con encanto. Si tanto arraiga el sentimiento de estar en casa, si tanto gustillo o calor humano nos proporciona esa metáfora doméstica, lo que realmente expresa este manido eslogan hotelero es que… fuera de casa lo estamos pasando mal. No nos satisface lo suficiente el hotel como para renunciar, por un tiempo, a la memoria hogareña. Según lo cual, cuando vamos de viaje, en realidad nos gustaría estar en casa, no en el hotel.

¡Qué contradictorio para un negocio hotelero decirle a su cliente que se está mejor fuera del establecimiento, y no dentro, por lo que sus instalaciones y servicios virtualizan el deseo del viajero en lugar de proponerle una experiencia diferente.

Me sucede con frecuencia. Cuando el hotel que visito dice en su folleto, web o vídeo que me quiere transportar virtualmente a casa, sospecho que llegará a decepcionarme. Entre otras razones porque no tiene ni idea de cómo es mi casa, ni qué siento en ella, ni quiénes viven a mi alrededor. Sé que es pura propaganda, un tópico recurrente, una nítida falta de imaginación.

No sé tú, querido lector, pero cuando salgo de casa busco una aventura nueva, una experiencia interesante, esa sorpresa que hará de ese momento algo inolvidable. Y lo único que deseo es que no me regresen.

Fernando Gallardo |