¿Economía colaborativa o negocio?

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Economía colaborativa, economía P2P (peer to peer), economía entre iguales, consumo colaborativo, o como quiera que se llame esta surgente modalidad de intercambios de bienes y servicios, aparecen con frecuencia envueltos en la polémica que alimenta su propio término. ¿Airbnb es economía de la cooperación o un negocio turístico como cualquier otro? ¿Es economía colaborativa Blablacar y no Uber? ¿Qué diferencia a Spotify o Pandora de iTunes? ¿Es buenista la economía colaborativa? ¿Cuánto de hippismo o de libertad económica representa este nuevo modelo de relaciones sociales?

No es posible una aproximación al concepto sin convenir que, bajo una u otra etiqueta, la economía colaborativa es, ante todo, economía. Su etimología proviene del griego: oikos (casa) y nomos (regla). Esto es, las reglas domésticas de nuestra existencia. O lo que es igual, la ciencia social que estudia la extracción, producción, intercambio, distribución y consumo de bienes y servicios. Los epígonos de Adam Smith y el capitalismo moderno han preferido definir la economía como «los medios de satisfacer las necesidades humanas mediante los recursos disponibles que siempre son limitados», pero hoy encuentran difícil sostener este enunciado porque por primera vez en la Historia nos encontramos con que todos los recursos no solo no son limitados, sino que tienden a la abundancia. Las nuevas tecnologías nos están permitiendo ya satisfacer necesidades humanas mediante la digitalización de los bienes, los servicios y el conocimiento con una capacidad autocopiable que los vuelve abundantes como el aire que respiramos.

Es precisamente esta nueva definición económica —la gestión de los bienes abundantes— lo que más cuesta entender de este ecosistema digital en el que los garantes de las reglas de juego ya no son los Estados ni las marcas empresariales, sino los propios consumidores organizados en comunidades de usuarios y plataformas colaborativas. Nada genera hoy más confianza en el sistema que las relaciones entre iguales, el susodicho P2P. La avanzadilla de la nueva prescripción en el consumo la ha protagonizado, no por casualidad, la industria turística a través de la plataforma de opiniones no profesionales TripAdvisor.

¿Por qué la gestión de la abundancia es la raíz misma de la economía colaborativa? Nada hace pensar que esta modalidad económica, más allá de toda etiqueta, vaya a sustituir al capitalismo tradicional, pero seguramente lo complementará mediante la creación de valor en bienes o servicios hasta ahora ociosos. Y que solo por ser abundantes son ociosos. En la economía de subsistencia no puede haber recursos ociosos, pues todos son necesarios en pleno uso para producir los bienes y servicios indispensables a la propia supervivencia. En una siguiente fase, la producción de excedentes requiere su comercialización en los mercados apetitosos de tales excedentes. Pero, cuando la abundancia de excedentes hace que su coste marginal llegue a ser pequeño (a veces, cero o casi cero), las relaciones de producción y consumo enfatizan de sobremanera la idea de propiedad sobre la del uso y el acceso al disfrute de la cosa. Si el precio de un avión comercial fuera de 1 euro se incentivaría el que cada uno de nosotros fuéramos propietarios de una línea aérea.

En las escuelas de negocios ya se estudia este fenómeno emergente de la economía colaborativa con el ejemplo clásico de la taladradora. Existen 80 millones de taladradoras en los Estados Unidos, y cada una de ellas tiene un uso de apenas 13 minutos en sus cinco años de vida útil. Esto es, cada taladradora goza de 13 minutos de uso y soporta 2.627.987 minutos inútiles, guardados en un cajón. El precio medio de una taladradora alcanza los 50 dólares en el mercado, lo que supone 3,85 dólares por cada minuto de uso. ¿Significaría ello que una sola taladradora generaría un valor cesante de 10.117.750 dólares? En términos matemáticos, así es. Pero calculemos en realidad cuánto valor podría generar cada taladradora en el caso de que no tuviera minutos ociosos. Si estimáramos 6 dólares por su alquiler ($2 en transporte drónico, 2$ en coste laboral por la prestación del servicio y $2 en comisión de la app), con una rotación de tres días (uno por el transporte de ida, uno por el uso y uno más por el transporte de vuelta), estaríamos dándole a la taladradora un total de 608 usos, que generaría un valor total de 3.648 dólares ($6 x 608 usos). La economía creada por el conjunto de 80 millones de taladradoras alcanzaría un valor de… ¡291.840 millones de dólares! Aunque lo verosímil es que los 80 millones de propietarios se quedasen en solo 131.759 dispuestos a alquilar sus taladradoras cada uno 608 veces a lo largo de su vida útil de cinco años, con el consiguiente ahorro en costes de producción de taladradoras y sus repercusiones medioambientales. A la vez se evitaría un despilfarro tan mayúsculo como los 210.238.960.000.000 (210 billones) minutos ociosos que acumulan los 80 millones de taladradoras en Estados Unidos.

Qué duda cabe que los recursos hasta ahora ociosos ofrecen una magnífica oportunidad para asentar un modelo económico más eficiente y sostenible. No solo en el ámbito del bricolaje, sino en todos los sectores de la economía y muy especialmente en el turístico, donde las camas sobrantes en el mundo se cuentan por millones todos los días. Desperdiciamos el 40% de los alimentos. Los vehículos particulares permanecen el 95% de su tiempo parados. Y los automovilistas malgastan más de 2.500 horas de su vida circulando por las calles en busca de aparcamiento.

La optimización de todos estos recursos no es ninguna novedad. Siempre se han compartido las taladradoras en el vecindario, se han alquilado automóviles y plazas de aparcamiento, se han ofrecido camas y apartamentos en zonas turísticas. La novedad es que todo ello se haya amplificado enormemente gracias a Internet y las redes sociales, cuyos modelos distintivos entre la propiedad y la posesión han abierto nuevos horizontes a las relaciones económicas. En su génesis interviene la gestión del conocimiento en red, el software de multi-licencia o licencia dual, el copyright y el copyleft. A los arrendadores profesionales se les han aparecido millones de arrendadores ocasionales que ponen al servicio de las relaciones sociales sus taladradoras, sus vehículos particulares y sus viviendas o habitaciones privadas. ¿Competencia desleal? En este caso habría que preguntarse la de quién… ¿Acaso no sería competencia desleal la del hotel frente a un particular que alquila su propia cama por darle un uso económico más eficiente? ¿No es competencia desleal frente a un modelo de eficiencia económica el que un hotel se quede un día sí y otro también con habitaciones vacías? ¿No compite deslealmente con el vecindario el hotel que ocupa un edificio entero para alojar a forasteros?

Hay competencia desleal cuando los mercados no son libres. El mero concepto de intrusismo causa espanto en su formulación sectaria y exclusiva: suena a xenófobo. Las críticas a la economía colaborativa provienen, en general, de los reguladores o de quienes defienden las sociedades hiperreguladas, cuando no de los envidiosos: «si tú tienes esta exención, yo también la quiero». Regular por regular es enfermizo, perjudicial para la actividad económica en sí misma. Regular, de acuerdo, pero… ¿el qué? A las viviendas se les supone que cumplen los mínimos de seguridad antiincendios, pero si no las cumplieran habría que obligar a sus propietarios a cumplirlas, no solo a las de alquiler turístico o residencial. Los ruidos perjudican al vecindario, claro que sí, pero cualquier clase de ruido, no solo los de tipología turística. Los derechos del usuarios deben ser protegidos, naturalmente; pero, ¿por qué razón el protector debe seguir siendo el Estado y no los propios usuarios a través de su aplicación de confianza? Por lo mismo, la calidad del producto debe responder a la expectativa del usuario; pero, ¿por qué motivo el Estado debe imponer al usuario la aceptación de un patrón de calidad y no se permite que sea el propio usuario el que diseñe ese patrón y clasifique al establecimiento según sus gustos y preferencias?

A veces se alude al fisco para presuponer que los prestatarios de Uber o Airbnb no pagan los impuestos que deben, cuando todas sus transacciones quedan registradas electrónicamente a cuenta de una tarjeta de crédito y la plataforma digital asegura la trazabilidad de todas las operaciones. Si hubiera que presumir alguna defraudación fiscal deberíamos preguntarnos qué mecanismo de control existe sobre los pagos en metálico en los hoteles y, por supuesto, en los apartamentos no adscritos a Airbnb u otras aplicaciones de confianza.

Huyamos, pues, de todos estos tópicos desdeñosos para una modalidad de economía que… «ha llegado para quedarse» y a la cual «no se le pueden poner puertas al campo». ¿Es o no consumo colaborativo Uber y Airbnb? ¿Cuánto tienen de negocio y cuánto de colaborativo?

La producción colaborativa no entiende de fronteras entre los productores habituales (profesionales) y ocasionales (aficionados), como tampoco los distinguen ya los deportes después de varias décadas de separación oficial. Lo que importa es producir, quien quiera que sea el productor (profesional, ocasional o robot), y producir con arreglo a las especificaciones técnicas de cada emprendimiento. Tales especificaciones son aleccionadas y muestreadas por la plataforma colaborativa digital. En consecuencia, las organizaciones productivas verticales de empleados internos son complementadas (y, en el futuro, sustituidas) por organizaciones horizontales de trabajadores autónomos subcontratados para cada tarea o línea de producto, ya sean profesionales especializados o aficionados capaces de seguir las especificaciones de la producción, a menudo dotados de una inteligencia emocional o un patrón artístico más valiosos que la pericia de quien ejerce su profesión a diario. En muchas ciudades, la empatía de los conductores de Uber es muy superior a la de los taxistas. Su reputación está en juego a través de las propias plataformas colaborativas o del sistema de validación de aptitudes que hoy realiza LinkedIn.

La tendencia actual en el mundo empresarial apunta a un marketplace (plataforma de producción) donde los trabajadores autónomos ofrecen sus habilidades y servicios sin las ataduras tradicionales del contrato laboral y la retribución asalariada. Ello no solamente elimina los lapsos improductivos, con frecuencia debidos a una mala organización del equipo directivo. También libera a la empresa de sus costes fijos y adapta la casi totalidad de su estructura de costes a la variabilidad de la coyuntura económica.

Advirtamos que ni Uber contrata a conductores asalariados, ni Airbnb opera una sola cama. Ambas compañías de producción remunerada, como otras de producción altruista tal que Blablacar, actúan como meros conectores tecnológicos. No pertenecen exclusivamente al sector productivo en el que operan. De hecho, Airbnb tenderá a conectar experiencias turísticas, ora en apartamentos privados, ora en establecimientos hoteleros. Uber, por su parte, comienza ya a mostrar su faz logística, que lo mismo transporta personas que almacena y transporta cosas. Y quien es capaz de gestionar la experiencia de cliente es capaz de hacer que el cliente compre o use lo que sea.

Entender esta nueva forma de organización productiva de los bienes abundantes es crucial para comprender los fundamentos de la economía colaborativa. Subyacente a la propia acepción relacional de la economía está la consecución de un beneficio. En su práctica primitiva, la del trueque, el intercambio de los bienes tenía como objetivo el beneficio de los trocadores que, sin dicha transacción, corrían el riesgo de extinguirse, como nos enseña la historia de ciertas rutas comerciales en las cuales se intercambiaba el oro por la sal. Quienes comparten su vehículo a través de Blablacar, comisión de la plataforma aparte, obtienen un ingreso extra por el coste del viaje y el mantenimiento inherente al vehículo, remuneración procedente de los usuarios a los que transporta. Lo mismo hace el conductor de Uber cuando a dichos gastos le suma el coste laboral de su carrera. En toda economía, el valor del trabajo forma parte de los costes estructurales, salvo que el trabajador regale su tiempo de trabajo al usuario, lo que invitaría a establecer una fiscalidad genuina que considerara la remuneración laboral como una donación. Pero esto ya no sería economía colaborativa, sino puro altruismo.

Sin un mercado libre no hay economía colaborativa que valga. Como ya hemos señalado, los mercados colaborativos se diferencian de los que no lo son por una mayor eficiencia en la asignación de los recursos. Frente al modelo tradicional de adquisición y consumo, el alquiler compartido permite una divisibilidad idónea para la puesta en valor de los recursos infrautilizados u ociosos. Desde una óptima semántica, el consumo colaborativo se adecúa mejor a la idea de consumir o agotar la utilización de los bienes hasta su fin, en lugar de desecharlos inconsumidos antes de que cumplan su vida útil.

Fernando Gallardo |

7 comentarios en “¿Economía colaborativa o negocio?

  1. Reblogueó esto en In people businessy comentado:
    Interesantísima entrada de Fernando Gallardo sobre la naturaleza de la economía colaborativa, donde los consumidores por primera vez abren nuevas fronteras de las relaciones económicas en un entorno en el que habitamos en la abundancia de bienes y recursos, muchos de los cuales acaban en el despilfarro o en el no consumo. Gallardo ayuda en su entrada a entender una nueva forma de organización productiva para comprender los fundamentos de la nueva economía colaborativa, con ejemplos de cómo alcanzar con ella una mejor gestión de los recursos tales como el tiempo y el medio ambiente. Muy recomendada su lectura. Muchas gracias, Fernando.

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  4. Bon dia, Sr. Gallardo.

    Escrito de un compañero sobre UBER:

    Soy taxista de Barcelona, uno de los más de 15.000 que trabajamos en la ciudad Condal, donde uber ha decidido iniciar su incursión en España. Después de 8 horas de trabajo suelo cubrir los gastos diarios inherentes a la profesión por lo que la jornada suele alargarse hasta las 12 horas para conseguir mi salario. Me consta que una gran mayoría de compañeros se encuentran en la misma situación. El motivo es que en BCN sobran taxis, no hay trabajo para todos. A mí me encantaría trabajar con el sistema de uber, yo rápidamente vendería mi licencia y cancelaría el préstamo bancario que contraté para adquirirla. Entonces cogería mi coche particular o el que utilizo ahora de taxi y lo pintaría de negro y a esperar clientes con mi iphone. Dejaría de pagar autónomos, irpf, iva y se me ocurre que además podría cobrar el paro que tengo pendiente mientras colaboro para uber. Ya que es consumo colaborativo, no un trabajo. ¡Al cuerno la responsabilidad social, no es mi problema si después no hay dinero para pensiones, sanidad o educacion! Es un negocio redondo, además la gente no se entera, pero la tarifa de uber es más cara que el taxi, porque hay una tarifa, exactamente de: 1€ la bajada de bandera, 0,75€ el km y 0,30€ el minuto, mientras que la del taxi es de 2,10 la bajada de bandera y 1,03 el km ó 0,35€ el minuto. Pero dónde esta el truco de uber? Pues en que cobran km y minuto a la vez mientras que el taxi solo cobra km o minuto, es decir, el taxi solo cobra minutos si el vehículo está parado y uber los cobra siempre. Por tanto, si tenemos en cuenta que por ciudad se tardan como mínimo 2,5 minutos en recorrer 1 km resulta que el km de uber nos sale por 1,50€. Ejemplo práctico de un desplazamiento típico de 5km. Tarifa uber: 1+(5km x 0,75€)+(2,5min x 5km x 0.30€) = 8,50 €
    Tarifa taxi: 2,10 + (5km x 1,03) = 7,25€. Pues lo que decía, negocio redondo, y “sólo” tengo que pagar el 20%+IVA de lo que facturo a google (que son los dueños de uber), que es menos de lo que pagaba antes en seguridad social, impuestos y demas. Pero cuál es el problema? Pues son varios, aparte que estaría defraudando a la seguridad social, a hacienda que somos todos y a mí mismo porque no cotizo y por tanto no tendré paro ni pensión, es una estafa que persigue hundir un sector creando otro paralelo del que recaudar el 20%+IVA de su facturación. Desde mi punto de vista google ha cogido la calculadora, ha hecho números y se ha dado cuenta que en el mundo entero cada día se mueven millones de personas en taxi y que generan un volumen de negocio de millones de dolares. Sabido esto solo queda darle vueltas al coco para conseguir una tajada del 20% sin arriesgar nada (porque ellos no ponen ni un coche, solo la app), rápidamente se dieron cuenta que los taxistas no son tontos y que ninguno les iba a regalar el 20% de la facturacion por hacer una aplicacion que pusiera en contacto a clientes con taxistas. Solución, crear un sector paralelo que aparentemente es más barato aunque no lo sea, y hundir al taxi legal que por tener que cumplir con todas las normas ya trabaja más de 12 horas al día para mantenerse a flote y que cualquier pérdida de clientes lo remataría definitivamente. Pero ese no es el problema. No, porque poco a poco los 15.000 taxistas de barcelona acabaríamos trabajando para uber y pagando un impuesto revolucionario del 20%+IVA y todavía ganaríamos más que antes, solo que dinero en B y en vez de en taxi amarillo y negro pues en coche particular. El problema es que aparte de los 15.000 taxistas habría otras 60.000, 70.000 o 100.000 personas más que querrían hacer de chóferes de uber con lo que el pastel cada vez se reparte más y más, con lo que acabaríamos con 115.000 chóferes luchando 12 horas al día para hacer unas facturaciones irrisorias que no darían para ganarse la vida ninguno, y de esas el 20%+IVA para google/uber a la cual se la suda que te ganes la vida pues ellos ingresan igual el 20% del total. Tanto vehículo a su vez provocaría un enorme problema de movilidad y contaminacion en la ciudad, hecho que choca frontalmente con el compromiso adquirido por la ciudad de Barcelona, garante de la certificacion “Biosphere world class destination”, con la Agenda 21 en pro de un desarrollo sostenible. Entonces los chóferes y el ayuntamiento se quejarían de que son demasiados y google para atender las demandas de sus colaboradores y de la administración pondría un limite de chóferes en activo y para regularlo tendrían que sacar algo similar a una licencia que iría cambiando de manos a precios variables en función de la demanda. Y para ese entonces volveríamos a tener el modelo de taxi actual pero dominado por 1 sola empresa a nivel mundial que se lo ha robado a sus antiguos trabajadores. VIVA LA GLOBALIZACIÓN!! Por otro lado quién se puede creer que el servicio que ofrece uber sea consumo colaborativo? Quién se traga que cualquier persona, en cualquier momento del día, cuando necesite ir a un lugar X va a encontrar a otro particular que casualmente quiere ir a ese mismo sitio? Y encima, si fuera consumo colaborativo como dicen, los unicos gastos a compartir serian los de la gasolina, entonces por qué tienen unas tarifas casi identicas a las del taxi? Google ha metido 258.000.000 (258 millones) de dólares en esta empresa que para los que todavia piensan en pesetas pues son 42,927,588,000 (42.927 millones) de pesetas. Y no creeréis que los piensa recuperar haciendo que la gente comparta los gastos de gasolina, ¿no?. Señores, no se engañen, esto no es consumo colaborativo, esto es un negocio y harán lo que sea para monopolizarlo, como todo lo que hace google, elimina o compra a la competencia, según lo que le salga más a cuenta, y después a ingresar millones. En fin, siento haberme extendido tanto pero creo que valía la pena intentar explicar un poco este tema porque el trasfondo es tan amplio que nos supera a todos. Google está adquiriendo demasiado poder en todos los ámbitos, está hablando de crear su propio banco global y su propia compañía telefónica mundial, tiene demasiado control de nuestras comunicaciones (información privilegiada) como para que encima controle todas nuestras finanzas. Y no dudo en absoluto, que en el momento en que algún político se manifieste a favor de cambiar las leyes actuales será porque ha habido sobres de por medio, desde luego que presupuesto tienen.

    • Gran argumento. Y si trasladamos la “economía colaborativa” a todos los sectores ¿que ocurriría? la ruina de todos y un salvese quien pueda, los impuestos desaparecerían porque todos entraríamos en la “economía colaborativa” después de arruinar nuestro sector. Los gobiernos al no recaudar impuestos no tendrían sentido, pasando a crearse un “gobierno privado” siendo papá google uno de los principales ministros. La reinvenvión de la esclavitud. Suena a ciencia ficción.. ¿O quizá no?

  5. Pingback: ESTO NO VA DEL TAXI | emprendentaxi

  6. La economia colaborativa es la ruina a largo plazo. Es porque parte de una condicion intrinseca eronea. Igual que el comunismo lo hizo el siglo pasado. Todo es de todos y los frutos de la produccion tambien lo son, entonces quien va a teabajar si totalvoy a comer igual. Todos los paises comunistas pasaron hambre, menos los del partido conunista, pq todo se acababa ahi. Pues con lo de la economia colaborativa pasara lo mismo y el unico que no pasara hambre sera goggle pq todo acabara siempre ahi. Tiene razon el taxista, pq mientras otros hagan su trabajo y le saquen rentabilidad el aprovechara sus horas muertas para montar mecheros o bolis, o pintara cuadros y a su vez hara q el pintor no tenga trabajo o el de los mecheros. Sera como el comunismo pero al reves todos trabajando a todas horas por nada, ya que el coste marginal del tiempo es casi 0, pero eso si, pagando tu comisioncita a goggle y asi nos ira. El mundo existia ya hace muchos años antes de la primera revolucion industrial, y siempre se baso en esfuerzo y teabajo igual a comer mas y/o mejor y asi tendra que seguir siendo. Toda esta supuesta progresion son patrañas de vagos para vagos.

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