Amanece que no es poco. La película

No resulta fácil encontrar este curioso filme que, en su momento, fue un maravilloso soplo de aire fresco en los apolillados clichés del cine español. No tuvo mucho éxito pero cuando la recuerdo sonrío. Posiblemente con bastantes defectos formales, tanto el guión como los actores sorprenden a cada paso con una naturalidad –surrealista– tan desbordante que, sin quererlo, te sumerge en un mundo alucinante y onírico; un universo extraño e irreverente, pero feliz, sin angustias y esencialmente optimista. Cuando la recuerdo sonrío. Me gustaría encontrar un hotel así.

Cada poco tiempo aparecen noticias tanto de la profundización continua de la crisis como de los primeros signos de luz al final del túnel. Cuando lo leo, sonrío. Veo fotos patéticas de hoteles clónicos con ofertas inmejorables. Llamo y están completos. Cuando lo leo, sonrío. Los propietarios y accionistas de las grandes cadenas hoteleras parecen contentos cuando les regalan dinero para seguir con sus cajas de zapatos con vistas al cemento de otra caja de zapatos. Cuando lo leo, sonrío. Quizás, finalmente, se reconviertan en espeluznantes residencias de ancianos para esperar, entre sus infinitos pasillos de la muerte, a la muerte infinita. Quizás, sobre todo, si es rentable.

Me acerco a una curiosa web que va contando todos los que somos. Hace 2 o 3 días éramos 6.778.693.134 seres humanos. Cuando lo leo, sonrío.

Con tanta gente, todos los hoteles deberían estar llenos si ofreciesen imaginación, cariño, hospitalidad, paisaje y sueños. Y los huéspedes se quedarían para siempre. O quizás nadie quiere nada de esto; quizás solo necesitan dormir; ¿en cajas de zapatos?

Acabo de regresar de un amplio viaje por una China inmensa y apabullante y un Vietnam cercano y acogedor. He podido disfrutar de algunos hoteles, y sus lugares correspondientes, que me han emocionado. Muchos de los clientes parecían no captar todo el encanto Sigue leyendo

El ardid del ununbio

ununbium Anoche, en un ágape entre amigos, me comí un huevo de codorniz y enseguida pensé en el ununbio. Como todo el mundo sabe, el ununbio es el último elemento de la tabla periódica en ser descubierto por el Centro de Investigación de Iones Pesados de Darmstad, Alemania. Es tan reciente que aún no tiene nombre definitivo, pues ununbio en latín significa uno-uno-dos, que revela su equivalencia de 112 y su símbolo, el Uub. No se conoce todavía su apariencia física, pero sí que su isótopo, el 285, tiene una vida media de 0,24 milisegundos. Por tener una referencia, el uranio posee tres isótopos con pesos atómicos 234, 235 y 238. De modo que podemos imaginarnos el potencial de este… potrillo salvaje de la naturaleza que pesa 285 veces más que el hidrógeno y es el más raro de los denominados metales de transición.

El comportamiento exasperante de estos metales de transición como el ununbio me conducen, justificado por la deglución de mi sugerente huevo de codorniz, a una reflexión profunda sobre la inacción activa de determinados hoteles o cadenas hoteleras que no acaben de caer con la que está cayendo… Si observamos el comportamiento del ununbio y de todos estos elementos centrales que conforman el bloque D orbital del sistema periódico, repararemos en el hecho de que esta supuesta estabilidad inactiva a cualquier reacción química la consiguen gracias a que dichos átomos cooptan el electrón que necesitan a su última capa de valencia desde otra capa interna. A su vez, esta cojera de capa la suplen de súbito extrayendo otro electrón de otra capa más interna. Y así sucesivamente. Lo que a la velocidad de la luz, en el interior del átomo, permite que su valencia sea siempre la misma. No en equilibrio estable, sino al contrario, en un desequilibrio relativamente estable.

Para entendernos, lo que quito de allí lo pongo acá para que todo siga igual. Como la vida misma.

Cuántos establecimientos hoteleros no estarán sumidos hoy en estas componendas del ununbio. Cuántos no renegocian afanosamente sus deudas o aplazan sus hipotecas para salvar los muebles sin centrarse en reparar las goteras o reinventarse otro modelo de negocio con que afrontar la post crisis. Cuántos no restan de su presupuesto un equis para tapar el agujero sin perder su valencia. Y cuántos más no saldrán de ésta ufanos por ser los ununbios del turismo que aplican el manual de ingeniería financiera consabido.

Fijémonos, en cambio, en el comportamiento de elementos más ligeros y volátiles como el oxígeno y el hidrógeno. Sus átomos están en un desequilibrio iónico de aspiración covalente 2 y 1 respectivamente, pero se expresan el uno respecto del otro con gran alegría, vivacidad, urgencia por interactuar. Son saltarines, digamos. Y, en general, no requieren de catalizadores para fusionarse. Cooperan… Dos átomos de hidrógeno (H) enlazados covalentemente a uno de oxígeno (O) que formarán ese milagro químico de la naturaleza que es la molécula del agua (H2O), fuente de nuestra existencia y motor ecológico de todos los seres vivos.

A diferencia del ununbio, cuya estratagema de supervivencia consiste en tapar agujeros de modo autosuficiente, el oxígeno y el hidrógeno se necesitan mutuamente para engendrar la molécula de agua. Y como se desean, se unen. Cada electrón con su par. Uno de peso 1 y el otro de 16. No son iguales, como se ve, pero sí complementarios.

Pensemos en un núcleo atómico de hoteles distintos entre sí, aunque complementarios. Negocios que colaboran, se desean y se unen para engendrar una molécula de algo tan vivificante e insoslayable para el futuro del turismo como va a ser la hotelería de los sentidos. Porque de la crisis actual solo se podrá salir con la inodora claridad del agua, nunca a engañosos chispazos de ununbio.

Fernando Gallardo (@fgallardo)

El motor geográfico del clúster

mapacluster El Clúster de la Ruina Habitada avanza en su constitución legal. Las últimas diligencias después de la reunión virtual del pasado 10 de agosto ha sido solicitar la reserva de nombre en el registro correspondiente, y esto ya ha sido concedido. El siguiente paso será gestionar la firma ante notario de esta agrupación mediante la presentación de los poderes que están siendo recabados de cada miembro por gentileza de Antonio Gómez, propietario de la Quintana del Caleyo (Asturias).

A fin de tener una imagen más nítida de quiénes forman parte de este clúster inicialmente, hemos confeccionado un mapa con la aplicación de Google Maps:

Mapa del Clúster de la Ruina Habitada

Con él se podrá seguir al instante la composición empresarial y  la dispersión geográfica de esta agrupación hotelera. Animo a cada uno de sus miembros a que compulse sus datos en el mapa, pues más de uno se llevará una sorpresa de cómo gestiona la geolocalización de su establecimiento. Si encuentra aquí algún error, imagínese qué estará encontrando sus clientes cuando aborden el modo de llegar hasta él… Esperemos que esta imagen sirva para mejor su localización a través de Internet.

Fernando Gallardo (@fgallardo)

Fisiología del palomar

Nueva entrega de una serie en que la provocación del comentario nos sirve a la reflexión sobre la imagen escogida. El establecimiento al que corresponde esta foto se suscribe a la nueva ola del encanto rústico y pizpireto. Nuestro arquitecto de cámara nos introduce con buen humor a valorar el significado de la palabra armonía en una propuesta así de historicista.

banno 

Jesús Castillo Oli, arquitecto: “Intuyo que la pieza que hoy nos toca comentar es un cuarto de baño. Existen ciertos elementos que nos ayudan a situarnos. Elementos que por su resolución formal deben de ser antiguos, aunque su aspecto no lo denota. Supongo entonces que estos aparatos sanitarios no tienen muchos años aunque sí su diseño. ¿O será un remake? Ya sé, este cuarto de baño –completo, ya veo el bidé– estará situado en una noble casa solariega de rancias vigas de madera y paredes de mampostería, lo cual justifica debidamente su formalización clásica. Por tanto, quiero suponer que las habitaciones continentes de este cuarto de baño no tendrán televisión… Y que el coche del propietario de este hotel estará chapado en madera o tirado por bestias, en coherencia con la propuesta. Aunque quizás debiera serlo también el coche del huésped para no romper la armonía de la fachada, si es que ésta se halla a su vez en armonía con este cuarto de baño.

Claro que con tanta suma de armonías corremos el riesgo de entrar en resonancia compositiva…

Bien resuelto parece el espacio para colocar los cosméticos de baño u otras cacharrerías, que en los hoteles de diseño siempre faltan huecos para dejar las cosas –incluso el secador, que me diría la sufridora de algún diseño mío–. Y qué decir de la iluminación, también clásica en su desnudez y sinceridad… De precio supongo que muy elevado a juzgar por la grifería de oro. Me atrevería a decir que existe un exceso de modernidad en el acero inoxidable de la papelera.

* nota: estos comentarios están hechos desde el sillón de la buena intención, a mis colegas que diseñan cuartos de baño como éstos y a los que diseñan cuartos de baño que no se parecen nada a éstos, a los promotores que quieren diseñar un cuarto de baño, a los que ya lo tienen y ven algo que no acaba de encajarles, a los que les gusta este cuarto de baño y a los que odian visceralmente unos cuartos de baño así, a los que les gusta el azul y a los que no, a los que ponemos cara de póker cuando llegamos a un hotel con un baño así y a los que piensan que "lo único que le falta a este baño para ser perfecto son unos pañitos con puntillas sobre la cisterna". A todos, con el cariño que me brinda la ironía, pero nunca el sarcasmo.

La oriundez del cerezal

cerezalAbundan en las redes sociales que frecuentamos (Facebook, Twitter…) los exordios a la sostenibilidad, la tradición, la cultura popular y la preservación de lo autóctono. Se aplauden sin miramientos los alegatos contra el consumo, la investigación transgénica y la modernidad en general. Se suspira por los pucheros y se maldice la pacojet. Lo que importa, al parecer, es la forma y no el fondo.

Estos marcusianos de salón olvidan, sin embargo, que el valor de lo autóctono tiene su fundamento en la modernidad que lo parió y que lo moderno devendrá algún día en autóctono. Olvidan que en la cocina el fondo radica en alimentarse antes que en regodearse, y que si la forma importa para el placer entonces bienvenidos sean cuantos nuevos goces nos procure la modernidad. Lo autóctono, en bastantes casos, es padecer unas fiebres de malta por ingerir lácteos naturales o enfermar de legionella por no añadir conservantes.

De igual modo se distrae la industria hotelera en la fantasía subjuntiva de las espigas, los trillos-mesa o las armaduras medievales –la forma– sin ocuparse de lo verdaderamente importante, como es el dormir, el soñar, emocionarse o vivir una experiencia única –el fondo–. Porque lo autóctono en arquitectura bien puede ser el raso, la nada, antes de que el homo fuera habilis y se apuntara a la modernidad de la cueva. O ¿de qué tradición estamos hablando?

En una entrevista fue preguntado Ferran Adrià por el significado de la palabra avión –un invento más antiguo que la fregona y ya, por tanto, tradicional–, “aparato de volar que referido a la alimentación cambia el concepto de producto de la zona y todo lo que esto conlleva”, alegó el ilustre chef. Su respuesta deshace los argumentos radicales en favor de lo autóctono: “Por ejemplo, unas cerezas de Chile pueden tardar menos en llegar a Barcelona por avión que en camión las extremeñas. Esto no quita que las cerezas de Extremadura sean las mejores del mundo. Lo que está claro es que el avión ha revolucionado el concepto de lo que es de aquí o de allí. ¡Ah! Las cerezas no son originarias ni de Chile ni de Extremadura, sino que muy posiblemente vienen de Asia Menor.”

Fernando Gallardo (@fgallardo)

Lo bueno nunca acaba si algo te lo recuerda

Habría preferido escuchar el Formentera Ladies, de King Crimson, pero la indiscutida canción de este verano 2009 es Summercat, de la banda sueca Billie The Vision and The Dancers. Sí, sí, es el gig acústico que acompaña la peripecia de tres jóvenes en la isla de Formentera, nudo argumental del anuncio de Estrella Damm. Y va a hacer historia, ya lo creo. Lo pegadizo del estribillo y el paisaje insular de esta preciosa isla mediterránea justifica el eslógan subliminal del spot: “Lo bueno nunca acaba si hay algo que te lo recuerda”.

El video musical 3:40 minutos de duración patrocinado por la popular compañía cervecera y diseñado por Villarrosàs para televisión, radio e Internet contabiliza ya más de un millón de visitas en Youtube… Jaume Alemany, director de marketing del grupo Damm, declara eufórico que el posicionamiento logrado por la marca de cervezas “va mucho más allá del verano, la playa y el sol, pues hace referencia a otra manera de vivir que sólo podemos encontrar en Formentera”. Por lo que indica el tracking, Damm ha alcanzado con este anuncio los mejores niveles de conocimiento espontáneo y de imagen de los últimos años.

Nadie olvidará que algo semejante aconteció en Nueva Zelanda con la película El Señor de los Anillos, cuyo éxito en taquilla proporcionó más hondura turística que todas las campañas publicitarias organizadas por los estamentos oficiales de ese país austral. Dicho de otro modo, el consuetudinario formato de promoción turística financiado por las autoridades turísticas no sirve de nada comparado con la casuística de un spot cervecero, una película, un buen libro como el Ulises, de James Joyce, o un best seller como El Código da Vinci, que ha incrementado notablemente el deseo de viajar a París.

Lo reconoce el propio Consell Insular de Formentera: el turismo hacia la isla ha despuntado incluso en plena crisis y eso que el anuncio no le costó un solo euro a la institución. Su jefe de promoción turística se vanagloria incluso de haberle rebajado a la productora los cánones y tasas municipales para rodar a cambio de fiscalizar el story-board… Tan pancho. Y tan agudo como aquel productor de la EMI que no contrató a los Beatles porque aseguraba que la era de los grupos musicales de a cuatro se había terminado.

¿Por qué les sufragamos con nuestros impuestos tales desatinos? La mejor promoción de un destino turístico es la que no existe. Sonará a boutade, pero la gran boutade es destinar ahora 50.000 euros en una campaña que percutirá los medios con esa canción sueca. Porque no es ninguna pensar que la mejor iniciativa de promoción turística por la parte de nuestros servidores públicos es barrer de obstáculos la vía de la creatividad. Y por parte de la iniciativa privada, tocarle a la gente corriente la fibra sensible de sus emociones, como ese viaje a través de Formentera por el amor –y el sabor- de una simple cerveza.

Es lo que venimos promoviendo en este Foro, el turismo experiencial, la hotelería de los sentidos, la chispa de la vida. Esa certeza de que lo bueno nunca acaba si hay algo que te lo recuerda.

Pero para eso nos tienen que despejar el camino sus señorías.

Fernando Gallardo (@fgallardo)