Génesis

No puedo evitar transcribir y compartir esta carta que recibí hace unos años de mi amigo y mentor Leon Salganicoff. A él y a Matilde, ambos argentinos de origen, mucho más que eso anteriormente, seres luminosos, universales, les debo mucho del amor por el conocimiento y la vida que hoy puedo disfrutar. No tiene mucho que ver (?) con los derroteros hoteleros pero sí con la vida y el arte.

CarAmayita:

La pregunta es: ¿dónde está la interfase entre el artista que crea belleza sin tener los pies atados a la realidad y el científico que observa la belleza de los mundos, pero constreñido por la realidad y sin capacidad de crear belleza?

Leyendo el artículo que nos has enviado, lamenté no estar cerca tuyo, para, entre otras cosas, asistir al proceso de tu creación artística. Pero no podría ser, porque debería estar cada segundo en tu mente. Como científico sé que el proceso de la fantasía creativa es infinitamente febril y veloz, pero la selección y la coagulación de la realidad de la materia es generalmente muy lenta. Lo mismo debe ser para el artista. Y, además…, nos estaríamos peleando todo el tiempo.

Al enterarme de que estás trabajando sobre el Libro del Génesis me apasionó porque hoy mismo, en astronomía, estamos asistiendo (en paralelo) a una reconstrucción del origen del Génesis. Pensé, de qué manera puedo ayudar a incorporar la realidad del génesis cosmológigo, visto por los astrónomos, a la fantasía vislumbrada por Amaya. Por eso te mando este librito de la Creación (Hubble Vision) vista a través de los millones de años que la luz ha tenido que viajar para informarnos acerca de los orígenes del universo (un concepto realmente amplio del Génesis). Las imágenes son de una belleza y magnitud insospechada. Por ejemplo, te puedes imaginar el ojo de Dios (no sé si sabías que era un cíclope, página 104 del libro) observando sarcásticamente desde allí (dónde?), la creación de los mundos (cuales?), la microbolita de nuestro mundo, partícula de polvo perdida en un universo infinito, pero también la maravillosa fantasía de la mente humana creando las aventuras de Adán y compañía, la ducha del diluvio. Y el mundo de fuego y lava… Y las bacterias primordiales… Y los dinosaurios… Y los millones de años de evolución que tuvimos que esperar hasta tener una historia escrita…

Bueno, creo que ya te he dicho demasiado. Personalmente, nosotros “bien” con el esqueleto medio en desintegración. Cumpliré setenta y cinco en septiembre, pero sigo trabajando. Matilde ha decidido retirarse y dedicarse a la horticultura y a la poesía. Tenemos una nieta maravillosa, hija de Lori y Marcos. Alina y Louis están en vía de maternidad para octubre. Y la vida sigue…

Un fuerte abrazo. Tus pinturas son objeto de admiración singular y colectiva. Espero fotografías de tus cartones y otras obras y a ver cuándo se te ve por aquí. Otro fuerte abrazo para tu padre.
León

PD: el “cíclope” es MyCn 18, Etched Hourglass Nebula.

Amaya Espinoza, pintora y gerente de la red de Hoteles del Arte

Poniendo caras al libro

facebook_touchgraph He tenido que abrir más los ojos para creerlo. Fiel a sí mismo, el Instituto Tecnológico Hotelero entra con más de un año de retraso en el orbe Facebook, concretamente el pasado 6 de febrero. Tecnológico sí, pero en la era del carro de bueyes. Cuesta mucho tirar de potrencos cuando se tiene a la Administración detrás… Sus seguidores estarán encantados, al menos, con ese gesto de adscripción ideológica. Una vez probada la nueva tecnología -que inventen ellos- nos ponemos al servicio estratégico de la I+D (y las íes que acontezcan) en esta crítica España de hoy.

¿Y en la de mañana? Ah, para eso se creó Facebook, para ponerle caras a los problemas. Sigo con los ojos bien abiertos, mi querida Nicole. El ITH entra en Facebook como si fuera una persona reconocible por sus rasgos y quehaceres. O por sus desiderátums: soluciones sencillas a cuestiones importantes. La más de todas, declarar que se halla en una situación sentimental de relación abierta. ¿Como en esas casitas rojas que hay al borde de las carreteras?

Es obvio que el ITH, como algunos hoteleros que asoman la nariz por las redes sociales, llegan algo despistados usurpando como personas jurídicas el lugar de las personas físicas. No hay día que no advierta a algún hotelero disfrazado de hotel que en mi agenda de contactos solo inscribo a personas con nombres y apellidos, pero me sumo muy gustoso a entes y marcas que utilizan la herramienta de página que Facebook les proporciona (soslayo el juicio de si oportunamente o no). Por supuesto, el uso de las redes sociales lo modulamos cada día entre todos. Ya veremos hacia adónde evoluciona…

Lo que me sorprende a mí y me mantiene con los ojos bien abiertos es la estrategia de casita roja que adopta el Instituto Tecnológico Hotelero. No fuera a ser que, por error, dicho ente hotelero español ejerza más como instituto que como tecnológico.

Fernando Gallardo

Las Vegas fértiles

First_World_Hotel O Las Vegas no son los Estados Unidos o la crisis va por barrios, que lo sepan los pesimistas de turno. Allí reina la alegría, la fiesta continua. Indemnes al parón financiero e inmobiliario, los inversores del holding norteamericano AFIGroup, antes conocido como Africa Israel Group, proyecta construir en la capital del desierto un hotelazo de 6.745 habitaciones, naturalmente con casino, piscinas, spas y demás florituras estéticas en la avenida Harmon, cerca del celebérrimo Hard Rock Hotel.

Y no contentos con edificar un referente del lujo en plena recesión, los susodichos inversores piensan tirar el hotel por la ventana mediante loa proclama mediática de ser el mayor del mundo. Es tan gigantesco que algunos de nuestros foristas podrían colocar en la calle más de mil hotelitos como el suyo, uno detrás de otro.

Por endosarles una dosis de optimismo estadístico diré que actualmente el hotel más grande del mundo es el First Hotel, en Malasia, que posee la friolera -desde donde escribo, la calentura- de 6.118 habitaciones. Lo siguen de cerca el MGM Grand de Las Vegas, con 5.690 habitaciones; el Luxor Palace, con 4.408 dormitorios; y el Mandalay Bay, también en Las Vegas, que tiene 4.341 habitaciones.

En estos tiempos sienta bien saber que otros le sonríen de este modo a la vida y al director general de su banco. ¿Qué haremos nosotros?

Fernando Gallardo

Reflexiones sobre la vida

sunset En 1928 algunos síntomas hacían prever que las economías estaban en peligro, los ingresos de la población no habían subido tanto como para que el consumo siguiera creciendo, la prosperidad que antes estaba basada en el desarrollo industrial, pasó a depender de la especulación y se produjo la crisis de 1929… ¿Os suena? Durante la Gran Depresión, uno de los personajes más influyentes del  pasado siglo y premio Nobel de Física, Albert Einstein, publicó con gran éxito sus Reflexiones sobre la vida. No he encontrado nada mejor para compartir con vosotros en este frío día de invierno, donde las noticias son cada día más desalentadoras y la crisis, como dice Fernando Gallardo, está abriendo los ojos incluso a los que no quieren ver.

No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y sus penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.

La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafío: la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque en crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro y acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.

 

Fernando Terán, hotel Balneario de Salinas

Arquitectura del turismo

VillaConde1

Al hilo de lo que vengo sosteniendo en este Foro sobre el pastiche arquitectónico creado en las últimas décadas de expansión turística en España, releo más convencido que nunca un artículo de Juan Antonio Ramírez en Babelia, titulado Las artes del turista (del regionalismo al estilo de la impunidad).

“La cosa empezó en los años diez del siglo XX. Muchos burgueses adinerados y con pretensiones empezaron a complementar su veraneo, en el sitio de siempre, con algún viaje ocasional. Llegó a ser de buen tono desplazarse a un lugar nuevo, por un corto periodo de tiempo, y así es como se inventó el turismo.”

La estampa de las señoritas en pololos y con sombrilla jugueteando en los baños de olas del Cantábrico no forma parte, ciertamente, del actual imaginario popular, pero sí lo eran en el de nuestros abuelos. Con nuestros padres, este fenómeno social se masificó a costa de hoteles, chalecitos y balnearios diseñados en un estilo regionalista que supuestamente representaba las características más seductoras del país. Véanse los torreones tipo Alhambra que afloraron en Andalucía, las enormes rejas, las tejas policromadas, los azulejos de los zócalos, los arcos de herradura o las columnas salomónicas.

“No había nada contradictorio en mezclar elementos árabes, renacentistas y barrocos con otros ingredientes de la arquitectura vernácula. A fin de cuentas los clientes ideales no sabían historia de la arquitectura y lo importante era la evocación de un mundo, o su recreación fantaseada, mucho más que su fiel reconstrucción estilística. Sabemos que el regionalismo tuvo muchas repercusiones políticas, pero aunque se ha reconocido su papel en la cristalización de algunos nacionalismos periféricos, no parece haberse avanzado mucho en el examen ideológico de aquellas primeras arquitecturas del consumo masivo, que inventaron entidades simbólicas tan amables como artificiosas. El pastiche autocomplaciente parece haber sido el aperitivo simbólico para servir a todas horas.”

La dictadura de Primo de Rivera alentó un popurrí del regionalismo que hoy persiste en no pocos hoteles rurales. Cuando los Paradores de Turismo parecen haberse librado de la caspa, los nuevos pazos, casonas, caseríos, cortijos, haciendas y estancias de España reproducen al pie de la letra ese estilema resabiado del mobiliario seudoplateresco que algunos denominamos con chanza "estilo remordimiento".

En los años sesenta, los nuevos turistas fueron oficinistas y obreros industriales a los que resultaba más económico proveer de una arquitectura… moderna, la primera que se vio en el litoral mediterráneo. “¿Quién no recuerda el estilo de las piscinas de riñón y de los pilotis inclinados, con vagas alusiones a los edificios de Wright y de Le Corbusier? (…) Se trataba, no lo olvidemos, de edificios que querían satisfacer de un modo eficiente los sueños estandarizados de millones de consumidores, procedentes de estratos populares.”

Aquella marea estilística fue sustituida pronto por otra popular con muros encalados y chinarro, falsas espadañas y tapias con cactus. Clint Eastwood y Lee van Cleef se desafiaban bajo la pálida luz almeriense, mientras la costa aledaña a los espaguetti westerns se llenaba de urbanizaciones, chiringuitos y falsos pueblos de estilo andaluz, canario, ibicenco o lo que se le antojara al promotor de turno, recién germinado de entre el cañaveral.

“No hay que escandalizarse. Si Venturi, hace unas décadas, nos invitó a aprender de Las Vegas, ya es hora de que saquemos nosotros las lecciones arquitectónicas y morales que nos enseñan nuestras costas.¿Cómo explicarnos si no la proliferación de cúpulas árabes, celosías, aleros enfáticos y otros detalles de este nuevo eclecticismo? El grotesco desenfado de las nuevas apropiaciones estilísticas no tiene el aire algo candoroso de las oleadas anteriores: es más enfático, más invasivo. Su abierto descaro parece poner el acento sobre el triunfo apoteósico de la impunidad.”

¿Está lo suficientemente claro?

Fernando Gallardo

El Laberinto Orientado

Laberinto orientado Aún recuerdo la primera vez que me adentré en los cerros de Valparaíso. Una buena amiga que jugaba de local me tomó de la mano y me llevó por lugares singulares en un frenético tour, sin darme la posibilidad de tomar conciencia por dónde iba, y menos, de poder orientarme.

Caminábamos por una calle del plan bordeando un edificio gris cuando, de un tirón, me introdujo en una pequeña puerta, a la que le seguía un pasillo angosto que remataba en un torniquete de control… Hasta ese momento, yo no sabía donde estábamos.

Luego me subió en una pequeña cabina que rápidamente empezó a trepar por la ladera, aferrándose a unos rieles metálicos, chirriando, mientras otra cabina similar bajaba como un gato cuyas garras no eran suficientes para evitar el deslizamiento hacia los pies del cerro. Poco después me di cuenta que ambos animales iban amarrados entre si por un grueso cable, siguiendo un ritual bastante elemental que aprovechaba la fuerza de gravedad.

Una vez arriba, mientras yo miraba embobado el mar que ya había hecho su entrada triunfal, ella me expulsó de la boletería-sala de espera-punto de encuentro, y me llevó de una carrera hacia un paseo que seguía la cota del cerro. Pero la tranquilidad no me iba a durar mucho rato… De otro tirón me introdujo de nuevo en el cerro, subiendo por unas escaleras, después doblando una esquina, después otra y a continuación nos metimos por un vacío en medio de una casa, que resultó ser el Pasaje Bavestrello, y cuyo nombre nunca se me olvidó porque había un cartel con letras perforadas a través de las cuales el sol jugaba con las sombras y las proyectaba sobre un muro del edificio-pasaje.

Bajamos, doblamos y volvimos a subir. Y así varias veces, alternándose en cada ocasión el orden de las acciones emprendidas. Rampas, escaleras y nuevamente un ascensor que nos devolvería a los pies del cerro, dejándonos orientados nuevamente en el plano de la ciudad.

Ese día dormí intranquilo. Con una inquietud como de niño en la víspera de Navidad. En mi memoria se sucedían las imágenes de edificios con calaminas de múltiples colores, muros de ladrillos, improvisadas obras de arte callejeras, soluciones inesperadas para barandas, gradas, accesos a distintas alturas… Y yo no era capaz de darles un orden coherente.

Fue mucho tiempo después que descubrí el Hilo de Ariadna, o, mejor dicho, esa hebra interminable representada por las soleras de las calles en los cerros que permiten orientarse a través de señas, colores y letras que lo van guiando a uno desde el suelo con eficiencia digna de elogio.

Ya habría querido tener estas soleras marcadas esa vez que la medina de Fez me llevó a la desesperación, mientras un par de muchachos ociosos me perseguían y se reían de mi evidente incomprensión, no sólo de la lengua árabe, sino también de las reglas de orientación de ese laberinto…

Sólo la regular y reconocible forma del patio interior del riad logró tranquilizarme, y permitió que mis sentidos volvieran a embriagarse con el sabor del té a la menta, el aroma de los naranjos, el sonido del agua de la fuente, con la vista y el tacto danzando sobre los azulejos de ininteligibles símbolos.

¿Que condiciones básicas deberá considerar el Hotel de los Sentidos para permitirle a sus huéspedes descansar -aunque sea un instante- del Minotauro porteño?

Fernando Vogel, arquitecto del Colectivo Valparaíso