La CEHAT quiere otra clasificación hotelera

Por fin el sector hotelero empieza a darse cuenta de la inutilidad del actual sistema de clasificación obligatorio por estrellas y aboga por un modelo un poco más laxo, de libre adscripción, al menos para las Comunidades Autónomas. La propuesta de la CEHAT (Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos) consiste en parametrizar las instalaciones y servicios de los hoteles mediante un sistema de puntos “que las comunidades podrán decidir acatar o no”, según explica su secretario general Ramón Estalella. Un sistema de puntuación similar -supongo- al que este servidor mantiene en su crítica semanal en EL PAÍS desde hace 23 años…

Ya era hora de que nos diéramos cuenta de ello. De que el sistema de clasificación actual está obsoleto y atenta contra la libertad de empresa al ser de carácter obligatorio. Y de que su existencia no es responsabilidad exclusiva de la Administración, sino de un sector hotelero conformista y temeroso de competir a cara descubierta en los mercados internacionales. Lo hemos subrayado varias veces: la hotelería ha mantenido las estrellas porque le resultaba un sistema barato de promoción exterior sufragado por los intermediarios de viajes y sufragado por la Administración pública.

Felicitamos a la CEHAT por oxigenar esta prisión de la libre emprendeduría, aunque sus responsables continúan sin ver el horizonte demasiado claro. La iniciativa no se toma por convencimiento liberal, sino por la supuesta anarquía que representa un Estado, y por tanto un sistema de clasificación obligatorio, fraccionado en 17 subsistemas correspondientes a cada autonomía. Siguen sin comprender que, en puridad, deberían existir tantos sistemas como establecimientos turísticos. No podemos abogar por la diferenciación como cualidad competitiva y, a la vez, amordazar la libertad creativa e innovadora con unos parámetros que obligan a todos por igual.

¿Por igual? No, aún peor. Ramón Estalella señala que mediante este nuevo sistema de valoración por puntos “puedes llegar a tener un hotel de 5 estrellas sin restaurante si ofreces otros servicios de calidad, como una amplia oferta de periódicos, wifi en todas las instalaciones, etc.”

Y yo me pregunto: ¿cómo puedes tener un hotel de 5 estrellas con un suspenso en arquitectura, que es lo que merece la mayoría de los establecimientos pentaestrellados en España?

Fernando Gallardo |

La competencia de nuestros Paradores de Turismo

El XI Congreso de Empresarios Hoteleros Españoles, que organiza la patronal CEHAT, ya ha nacarado su perla habitual, como viene ocurriendo cada vez que estos empresarios se reúnen. De todoparadores se habla estos días en Santiago de Compostela, pero me ha llamado mucho la atención la pertinaz reivindicación de este colectivo por la privatización de la cadena hotelera estatal Paradores de Turismo. El argumento es invariable: la competencia que supone para el sector privado el modelo de Paradores.

Es cierto, mil veces cierto, que los Paradores de Turismo supone para el sector privado una competencia estimulante, innovadora, emblemática y emocional. Sin ellos muchos hoteles privados no existirían. Sin ellos, muchos hoteleros de los que se dan cita estos días en Compostela estarían aún con chupete en la boca y otros tantos ya se habrían arruinado por incompetentes. Porque en los negocios está claro que hay que ser competente. Y nuestros Paradores de Turismo compiten, y bien que compiten.

Gracias a los Paradores del marqués de la Vega Inclán nuestro país inició su revolución turística. Se abrió una nueva era en la que el turismo empezó a ser considerado un actividad cultural y un motor económico de primera magnitud. Durante los años de la explosión turística, el franquista ministro del ramo, a la sazón Manuel Fraga Iribarne, extendió con decisión la red de Paradores por todas las provincias españolas, incluidas las islas Canarias. Todavía se recuerda la odisea que fue la construcción del parador de El Hierro, cuando muchos de los materiales empleados fueron transportados en helicóptero hasta aquel inaccesible lugar, donde incluso el dinámico Fraga llegó a hincar sus posaderas en volandas. Como consecuencia de aquella iniciativa, España empezó a ser un destino considerado mundialmente y alcanzó pronto el podio de las grandes potencias turísticas.

Paradores de Turismo ha sido y sigue siendo la bandera del turismo de calidad en España. Su flamear se divisa en todo el orbe, y muchos son los países que sueñan –la Francia de Sarkozy ya lo programa– con poseer una cadena tan deslumbrante, culta y salvaguarda del patrimonio Sigue leyendo