Qualia

Mira esta imagen. Permanece un tiempo con la vista fijada en el centro. Verás un punto verde en movimiento. ¿No es así? Se trata de una ilusión óptica. Si te quedas mucho tiempo mirando incluso notarás que toda la pantalla se torna de color verde claro. Tanto que marea… Pues bien, el punto verde no existe. Si fijas tu mirada un solo punto, sin seguir el movimiento de la imagen, percibirás cómo esos puntos magenta que circundan la cruz se encienden y se apagan. Encendido es magenta. Apagado es transparente. No te has percatado aún… Míralo otra vez. El punto verde que circula en torno a la cruz no es realmente tal, sino un encendido y apagado sucesivo de puntos magenta sobre gris. Sorprendente, ¿eh?

No le des más vueltas. El punto verde no existe. La apariencia verdosa es, en realidad, una imagen secundaria de cortesía producida por la retina como un complemento de la imagen original. Porque los colores no existen. O existen solo en la mente. Son una longitud de onda en que se descompone la luz.

Si tomas en tus manos aquella memorable portada de Pink Floyd, The Dark Side of the Moon, la luz atraviesa un prisma y se descompone en los siete colores básicos del arco Sigue leyendo

Un hotel peor

Regreso de Marrakech con la lección bien aprendida. El lujo fue aterrizar en La Mamounia y comprender enseguida lo que significa un hotel sin estrellas: a pie de escalerilla, el servicio nos condujo derechos a la sala Vip que el propio hotel dispone en el aeropuerto, donde fuimos agasajados con un té menta, dátiles y otros refrigerios de nuestro gusto en tanto el comité de bienvenida se encargaba de tramitar las engorrosas diligencias de policía y aduana. Luego nos encarrillaron hacia la ciudad a bordo de un flamante Jaguar con asientos de piel clara. Una atención tan exclusiva como la que recibiría, días más tarde, el Rey de España.

Eso sí que es trato Vip. Eso sí que es exclusividad. Eso sí que es lujo. Y, por esa expresión del lujo por antonomasia, el hotel La Mamounia se ufana de no poseer estrellas, de estar fuera de toda categoría. Que clasifiquen a los demás. Que clasifiquen a aquellos incapacitados para dispensar tales lujos. Que los clasifiquen por incapaces de ser ellos mismos.

Marrakech se ha llenado de hoteles con estrellas plateadas en los últimos años, pero ninguno es La Mamounia. Ninguno está facultado para no tener estrellas, distinción que se ha convertido ya en el Sigue leyendo

La tierra está como una moto

Aquí nadie se acostumbra a un terremoto. Eso fue lo primero que escuché de un chileno al aterrizar en este país andino que hoy me acoge. Puedes silbar al aire, anticiparte al descuajeringue de puertas y ventanas, salir a la calle con paso firme pero no veloz, sudar sin que el vecino te lo note, pero miedo… vaya si se pasa miedo. Aunque los hayas vivido otras veces nunca sabes cuando se te derrumbará el techo o se abrirá el suelo a tus pies. Puedes controlarlo, pero no vencerlo. Y quien afirme lo contario, engaña.

El príncipe Felipe mira despavorido la gran lámpara de cristal que se le podía venir encima durante el terremoto Hoy hemos vivido todos un rosario inédito de sacudidas que ha alcanzado en su mayor expresión el dígito 7 de la escala de Richter. Por la mañana fueron tres temblores seguidos, en apenas media hora, que trufaron de inquietudes y perplejidad a las delegaciones extranjeras durante el relevo presidencial en el Congreso de los Diputados en Valparaíso. La foto del día, de esas que escriben la historia, es la del Príncipe Felipe mirando al techo con gesto despavorido. La gran araña de cristales que pendía del techo amenazaba con desplomarse sobre su occipucio y el de los egregios presidentes de siete repúblicas latinoamericanas, sin contar el de los presidentes saliente y entrante de Chile.

Enseguida, mi teléfono dejó de funcionar, como el de todos los chilenos. Ni los fijos, ni los móviles. Otra vez… Lo único que nos mantenía enlazados era Twitter y su traslación inmediata a Facebook. Twitter, como lo fuera el pasado 27 de febrero, fue el eje vertebrador de la jornada. Quienes lo utilizamos por costumbre sabemos que sirve para muchas cosas, además de haberle puesto la alfombra roja a Barack Obama. Se lo advertí al embajador del Perú en cierta ocasión en que almorzamos en casa de unos amigos: si no trabajas con Twitter hoy no sabes nada de lo que ocurre a tu alrededor. Él me mostró su excepticismo, y así les van las cosas por allí.

En Chile, Twitter y Facebook constituyen una herramienta de uso mucho más extendido y relevante que en otros países del mundo, incluido España. Ello se explica, quizá, porque el país andino carece de esa red vertebradora y real traban el AVE, las autopistas y autovías o la Sigue leyendo