Qualia

Mira esta imagen. Permanece un tiempo con la vista fijada en el centro. Verás un punto verde en movimiento. ¿No es así? Se trata de una ilusión óptica. Si te quedas mucho tiempo mirando incluso notarás que toda la pantalla se torna de color verde claro. Tanto que marea… Pues bien, el punto verde no existe. Si fijas tu mirada un solo punto, sin seguir el movimiento de la imagen, percibirás cómo esos puntos magenta que circundan la cruz se encienden y se apagan. Encendido es magenta. Apagado es transparente. No te has percatado aún… Míralo otra vez. El punto verde que circula en torno a la cruz no es realmente tal, sino un encendido y apagado sucesivo de puntos magenta sobre gris. Sorprendente, ¿eh?

No le des más vueltas. El punto verde no existe. La apariencia verdosa es, en realidad, una imagen secundaria de cortesía producida por la retina como un complemento de la imagen original. Porque los colores no existen. O existen solo en la mente. Son una longitud de onda en que se descompone la luz.

Si tomas en tus manos aquella memorable portada de Pink Floyd, The Dark Side of the Moon, la luz atraviesa un prisma y se descompone en los siete colores básicos del arco Sigue leyendo