¿Qué futuro nos depara el turismo rural?

El martes 26 de marzo fui convocado por Fernando Sáenz y Angelines González, organizadores de las Conversaciones Heladas que se celebran todos los años en La Rioja, para disertar sobre el turismo rural en España. O cómo la hostelería es puente y economía del medio rural. En las antiguas escuelas de Ollauri, en medio de los viñedos que constituyen la marca vitivinícola más conocida de España en el exterior, y con la sala abarrotada de hosteleros, periodistas y vecinos de La Rioja Alta, expuse mi visión del turismo que contribuimos a crear allá en los primeros años ochenta con la puesta en marcha del programa de turismo rural del Principado de Asturias iniciado en el núcleo de Taramundi. Y mis vaticinios sombríos para esta tipología turística sembraron el campo riojano (Somos Campo, era el lema del encuentro) de tanta inquietud como desconcierto por los apabullantes datos que fundamentan estos malos presagios.

Puedo explicarme con palabras, imágenes y cifras dignas de escándalo. Acto seguido a la ponencia mantuve entrevistas con muy diversos medios de comunicación, entre ellos el riojano NueveCuatroUno, uno de los pocos diarios digitales verdaderamente Sigue leyendo

La Rioja para catar y no dormir

Por una nota de prensa llegada de la Consejería de Turismo, Medio Ambiente y Política Territorial de La Rioja me entero de que esta comunidad ha puesto en marcha una plataforma online para reservas turísticas vinculadas a las bodegas de la Denominación de Origen Calificada Rioja. La web www.visitasbodegas.com ofrece ya la posibilidad de contratar visitas a monumentos de la tradición vitivinícola riojana como Bodegas Dinastía Vivanco, Bodegas Vinícola Real, Bodegas Franco Españolas, Bodegas Baños Bezares, lariojaBodegas Conde de los Andes. Finca Valpiedra, Bodegas Darien, Bodegas Ramón Bilbao, Bodegas Regalía, Bodegas Campo Viejo y Bodegas AGE. En total, 11 destinos que ya se abrieron al público en 2002 y que, si siguen, es porque están convencidos de que la visita de sus instalaciones y cata de sus vinos les producen pingües réditos con el consume posterior de sus delicatessen en las tiendas habituales de los consumidores.

Lo hemos detectado casi al nacer (nosotros, no la iniciativa). Mallorca se promociona mejor a través de los lotes de ensaimadas que cada turista se lleva a casa que en mil campañas carísimas de anuncios publicitarios al uso. Raro es el que no quiera volver a Boñar si se ha metido en el coleto uno, o dos mejor que uno, nicanores de su mismo nombre. O los carajitos del profesor que paladeamos en Salas cuando vamos de camino a la Quintana del Caleyo, en Asturias. Porque nadie me va a discutir aquí la inteligente apuesta del empresario Antonio Catalán que no le pone argollas a las perchas de sus hoteles AC, sino el logo de su cadena para que cuando las usemos en casa (hurtadas) recordemos siempre a qué hotel hemos de volver… a pillar más.

La iniciativa riojana se inscribiría dentro de lo que cabe en el contexto de la publicidad emocional, y no prescriptiva, que por vía indirecta ha ejercido el cine de Hollywood sobre los Estados Unidos como destino turístico. Woody Allen y su Manhattan habitacional. O John Wayne y los desérticos perfiles de Arizona. Aunque nada como el Señor de los Anillos para paladear un Malbec elaborado en Nueva Zelanda. ¡Qué poco se ha gastado NZ como país y cuánto les ha cundido una sola película…!

El enoturismo apenas ha merecido la atención de los responsables turísticos españoles hasta ahora. Bien ocupados han estado en cimentar el turismo de sol y playa y, más tarde, en apalancar su declive. Por eso las autonomías que carecen de litoral se plantean más en serio

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