En lugar de llorar, sonreír

Kike SarasolaLa noticia turística de la semana —si no del año— en España ha sido la creación del portal BeMate.com por parte del empresario hotelero Kike Sarasola, propietario de la cadena RoomMate. Una idea novedosa que añade leña al fuego originado por la plataforma norteamericana Airbnb de alquiler temporal de viviendas particulares, que ha provocado la ira del sector hotelero y prohibiciones tan insólitas como la del Gobierno español, resuelto a modificar de urgencia una norma con rango de ley, la de Arrendamientos Urbanos. Si el asunto de los alquileres alegales —salvo en aquellos lugares en que están expresamente prohibidos y, por tanto, son ilegales— está hoy que arde, la iniciativa de Sarasola genera controversia y fracciona al sector hotelero en dos posturas radicalmente opuestas. Las que se manifiestan claramente en contra por traicionar el espíritu hotelero tradicional y las que tildan al empresario de genial por su declaración de que todos los apartamentos comercializados por BeMate serán legales.

Cierto es que el producto desarrollado por Kike Sarasola no es una novedad. Algunos hoteleros ya contaban con una red de apartamentos comercializados conjuntamente con su hotel, y no solo en núcleos urbanos. Es conocido el caso de una gerente de Paradores Sigue leyendo

De la economía sumergida a la emergida

Millones al abrigo

Una visión perversa de la economía colaborativa se está instalando estos días en la sociedad. Su autoría reside en las patronales hoteleras, que ven el fenómeno creciente del alquiler de viviendas particulares como una amenaza a su status quo vigente. En España, la patronal CEHAT canaliza esta visión con algunos ingredientes surrealistas, propios de un país que ha sido la patria de Dalí. Su secretario general, Ramón Estalella, pide a las autoridades que se regule este alquiler bajo la figura de una agencia de viajes y se obligue a su principal promotor, Airbnb, a inscribirse obligatoriamente en el registro de agencias de viajes. Porque esta actividad de alquiler entre particulares, sostiene Estalella, incurre en lo que se denomina «economía sumergida», esto es que comete fraude fiscal.

Por supuesto que las posibilidades de considerar el alquiler de viviendas particulares como una actividad de intermediación turística no tiene visos de prosperar. No porque el legislador, desmenuzando la actividad, considere que una empresa cuyo negocio es poner en contacto al propietario de una vivienda y su inquilino temporal no pueda ser Sigue leyendo