Abraza la belleza

NautilusHace unos días tuve el gusto de departir con Enrique Loewe acerca de la belleza y la fealdad, referida al turismo y a la vida en general. Compartimos la presentación de los Másters ESCO en Málaga, los mismos que me había tocado impartir en enero de este año sobre innovación turística, en Granada. Alumnos y cuerpo docente, reunidos en el patio solemne del nuevo museo Thyssen de la capital malagueña, esperaban quizá una disertación sobre el lujo en tiempos de recesión económica. Especialmente cuando mi alocución había discurrido por los bandullos del modelo turístico low-cost en España. Pero no fue así.

“Abrazad la belleza”, reclamó Loewe desde el estrado. “Estudiéis lo que estudiéis, hagáis lo que hagáis, sed sensibles al ideal de belleza que convertirá vuestras profesiones en un ejercicio gozoso y creativo. Sed exigentes con vuestro entorno, pregonad el gusto por las Sigue leyendo

La patronal hotelera no quiere campamentos

Si la caspa fuera roja todos los casposos parecerían diablos. Qué cara se les habrá puesto a muchos cuando, esta semana pasada, el arquitecto portugués Eduardo Souto de Moura subió al altar de los dioses para recoger su flamante premio Pritzker, que es algo así como el Nobel de arquitectura. Cómo habrán digerido estos diablos rojos tan universal distinción cuando tiempo atrás criticaron la atrevida transformación que el genial portugués hizo del monasterio de Santa María de Bouro por encargo de la red de Pousadas de Portugal. ¿Se habrán envainado su roja cola? ¿Se la habrán envainado como tuvieron que hacerlo los detractores de Eiffel en los Campos de Marte o quienes pensaron que Stalin redimiría al mundo mundial de los pecados liberales?

Aún estamos esperando que se la envainen quienes condenaron a la hoguera a Fray Giordano Bruno por sostener esa herejía mayúscula de que la tierra era redonda y orbitaba en torno al sol. Qué despropósito pensar que no somos el ombligo del universo y que no caemos al abismo infernal cuando circunnavegamos nuestro planeta azul. Cómo se puede defender que la tierra es una esfera cuando es evidente que es plana como una sartén y no caminamos vuelta abajo los unos respecto a los otros. Cómo atreverse a decir que en un acelerador de partículas un electrón pasa por dos agujeros al mismo tiempo cuando es evidente que para ello uno le tendría que pedir permiso al otro. En fin, por qué empecinarse a investigar sobre los universos paralelos cuando es evidente que madre no hay más que una y reside en el cielo.

Con estas falsas convicciones han amanecido los prebostes de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT), que han pedido a las autoridades competentes la desarticulación de la #acampadasol y “contundencia” contra sus promotores por el perjuicio causado sobre los establecimientos hoteleros de la zona. Incluso han llegado a cuantificar sus pérdidas en una caída de los ingresos cercana al 20 por ciento, mientras culpan a este evento de una mala imagen para Madrid y el conjunto de España.

Así nos va con estos visionarios del turismo. Hacía tiempo que no se pronunciaba un discurso tan casposo en España, ni siquiera el de los partidos políticos más instalados y conformistas con la crisis actual. ¿Acaso no han considerado Carlos Díaz y compañía que durante varias semanas Madrid y España entera ha estado en el punto de mira de todo el mundo? ¿No han evaluado los réditos de una Puerta del Sol y sus comercios adyacentes que han abierto a diario los telediarios de media humanidad, desde China a Honolulú? ¿Cómo se creen que evolucionan las sociedades si no es mediante los espasmos colectivos de una juventud rebelde con causa o sin ella? La caspa que brilla en sus entorchados les impide ver que tras el aspecto antisistema de esta #acampadasol -que, todo hay que decirlo, ya dura demasiado y Sigue leyendo

Esto lo arreglaremos entre todos, pero ¿cómo?

Esto solo lo arreglamos entre todos… pero no como ellos quieren, apostillan algunos colectivos contestatarios estos días. Porque ésta es la cuestión, que debemos arrimar el hombro en pos de un objetivo común. El de la prosperidad, naturalmente, que es el punto en donde lo habíamos dejado. Lo difícil ahora es saber cómo, qué se tiene que hacer y quién lo dice.

España ha perdido la confianza en sus políticos, ya no lo duda nadie. Ni el Gobierno ni la oposición nos parecen muy armados para librar esta batalla contra la inacción y la desesperanza que nos aflige como país. Los banqueros van a lo suyo. Los intelectuales se diría que no existen. La juventud rezonga perpleja. El turismo cae sin encontrar ninguna salida.

Es el momento de mirar hacia afuera. Salir en busca de nuevos horizontes, de otras oportunidades. Pero también de escudriñar en la mirada ajena qué piensa y qué siente por nosotros. Tal vez así reaccionemos ante la adversidad, esa que nos coloca al borde de la bancarrota y en el mismo precipicio que Grecia. No somos tan infames, ni tan corruptos, ni tan redomadamente malos. Simplemente hemos perdido el tiempo en esta última década con esa ambición inmobiliaria que hoy nos conducido a la ruina. Solo eso, el tiempo. Diez años en una historia rica como pocas. ¿Qué tanto es?

Menno Overvelde, director comercial del grupo hotelero Palafox, se lamentaba esta semana en complicidad hispánica con este servidor que España descendiera en el rating de riesgo-país cuando tanto bueno había creado en este último medio siglo. Amigos míos británicos han coincidido en dolerse por este demérito, al tiempo que me señalaban las enormes oportunidades que vislumbraban en el horizonte a poco que arregláramos las cosas no como el actual Gobierno quiere que se haga, sino con más creatividad individual y menor carga fiscal.

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