El inesperado fracaso de los mayordomos robóticos

Google se está replanteando el modo de funcionamiento de su nuevo asistente personal, Google Duplex, que lleva un año en pruebas en Estados Unidos. En mayo 2018, Google lanzó un nuevo chatbot para restaurantes reticentes a las reservas automáticas provenientes de plataformas como Open Table o Yelp. Con este servicio, el asistente llamaba por teléfono a los restaurantes y acometía todo el proceso de reservas desde su inteligencia artificial. Pero los resultados no han sido los esperados. Muchos encargados que cogían el teléfono colgaban enseguida asustados por una inteligencia que estimaban sobrenatural al otro lado del aparato. Otros colgaban directamente al creerse víctimas de spam. Y, mientras, sus negocios perdían reservas.

Google se ha dado cuenta de los problemas de empatía que generan su asistente Duplex y quiere ahora corregirlos. De entrada, la voz es tildada por el test como de ‘poco agresiva’ o impropia de una persona que llama por teléfono con la exigencia de Sigue leyendo

¿Sueñan los hoteleros con androides robóticos?

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Afirmar que a los seres humanos nos gustan los robots es cuanto menos prematuro. Pero conviene tener muy en cuenta el sondeo efectuado por los profesores de la School of Hotel Administration de la Universidad de Cornell, Lina Zhong y Rohit Verma, al constatar entre un grupo de hoteles influyentes en China que los huéspedes encuestados se sentían satisfechos con la atención que les dispensaban los robots operativos en estos establecimientos.

El estudio se realizó en 2017 previa selección de 88 hoteles en 23 ciudades chinas que recabaron en conjunto más de 745,000 datos acerca de los requerimientos que sus huéspedes realizaron a los robots (principalmente asistentes de voz tipo Siri o Alexa) Sigue leyendo

ALO ya tiene pareja

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La noche que pasé en el hotel Aloft Silicon Valley, en Cupertino, tenía por único objetivo comprobar si el mayordomo robótico A.L.O. trabajaba de verdad o era un vago redomado. Sabemos que una de las grandes ventajas de un empleado robótico frente a uno humano es que su productividad puede ser verificada al dedillo. No necesita descansar, no requiere alimentarse, carece de ideología sindical y, además, todos sus movimientos laborales se guardan en la nube a disposición de quien tenga el control de su sistema operativo. Pero, como máquina que es, también se avería. Y pierde aceite.

Para un hotel de 172 habitaciones era un desafío saber cuántos requerimientos de A.L.O. hacía la clientela aquel día de agosto. Que si tráeme una Coca Cola, que si sírveme un snack frío en la habitación, que si ahora quiero unos hielitos… Lo cierto es que durante las 24 horas de mi estancia no vi al robot parado, conectado a su cargador Sigue leyendo