Igual que siempre

Miremos la fotografía que precede estas líneas. Está tomada en 1912 en la localidad inglesa de Nottingham, donde la flamante agencia de viajes Thomas Cook muestra en su novedoso escaparate una sugestiva cartera de viajes organizados a distintas partes del mundo, hasta ahora inaccesibles para la inmensa mayoría de la población. En uno de esos afiches se anuncia la singladura del Titanic, que después acabó como acabó.

Aunque su creador, Thomas Cook, falleciera en 1892, el modelo de negocio que había inventado dos décadas antes constituía dos décadas después una novedad en la fisonomía urbana de Nottingham y de otras ciudades británicas. Los desplazamientos vacacionales en avión se iniciaron en 1919, justo cuando la pandemia de gripe española remitía en todo el mundo con la tercera ola. Sus descendientes vendieron el negocio a Sigue leyendo

Ver o estar, estar y ver

[Nueva York en 3D para ser visto con gafas de realidad virtual]

La tendencia de los intermediarios digitales, ya sean agencias de viajes, centrales de reservas, meta buscadores o las propias cadenas hoteleras, apunta a la venta de experiencias y no de camas hoteleras. Desde la óptica viajera, el foco de interés será cada vez más una habitación en particular y no el hotel en general. La industria hotelera tienen mucho que aprender todavía de Airbnb, que no anuncia viviendas turísticas así sin más, sino tal o cual vivienda en particular. Un dormitorio en particular. A ello apunta la tecnología VR/AR de realidad  virtual y realidad aumentada, donde Facebook se está haciendo fuerte con el estándar de visionado de sus gafas Oculus.

En el futuro, antes de entrar en su habitación, el viajero habrá vivido la experiencia de ‘estar’ en la habitación. Esto, que parece una obviedad cinética, posee unas connotaciones psicológicas y tecnológicas relevantes para la industria turística. Porque la paradoja surgente en toda experiencia de viaje es la emoción que produce lo tangible. Pisar el suelo, abrir las ventanas, olfatear el dormitorio, percibir la textura del colchón al acostarse, sentir el agua de la ducha en la espalda, libar el zumo del desayuno. La experiencia de la pernoctación no es solo saber de la existencia de una cama en la habitación, sino la percepción de su textura. No es solo conocer la composición del aire, sino que la pituitaria reciba su aroma para que nuestro cerebro interprete si es agradable o fétido. Lo que define nuestra experiencia sensorial es la equidistancia entre lo existente y lo percibido de eso que existe. O parece que. Sigue leyendo