Un libro de estilo en cada casa

El blog de Tina SorianoTras el revuelo montado estos pasados días de post congreso, el turismo rural sigue y seguirá dando que hablar. Una cosa es cierta: el artículo anterior —La hoz, el martillo… y ahora las espigas— ha batido todos los récords de lecturas desde que apareció este Foro de la Ruina Habitada, en junio de 2008. Un total de 1.483 usuarios únicos lo han desgranado hasta la última coma, y aún habrá otros más que lo ausculten como un cirujano tras el monitor de su robot Da Vinci. A la vista está el número de comentarios efectuados, señal de que el tema interesa.

Otro debate en paralelo de intensidad no menor se ha producido en las redes sociales. Lo cual nos hace pensar en el grado de adscripción a la Red que cualifica a los establecimientos en el medio rural como los protagonistas de Facebook, Twitter y Flickr en su estrategia de marketing, comunicación y distribución. No nos equivocaríamos si proclamáramos que Internet está más presente en la cultura de uso de la hotelería pequeña y familiar que en la corporativa y bursátil. Sencillamente, porque el canal Internet se ha convertido para estos establecimientos en el canal único. La intermediación offline para el turismo de interior se puede declarar fracasada. Lo analizamos en el recientemente celebrado III Congreso de Turismo Rural de Castilla y León. Es un sinsentido que la estrategia de distribución de las asociaciones de turismo rural y de numerosos operadores turísticos sean una copia exacta de la instrumentada en el turismo vacacional intermediado.

A mi entender, la diferencia básica entre el hotel rural y el resort de playa estriba en el tamaño habitual —que no teórico— de las unidades de alojamiento, lo cual condiciona, más que la estructura del negocio, la liturgia de la hospitalidad, el alma del lugar, su propia personalidad. No siempre se cumple el agasajo del viajero por parte de la familia que regenta un hotel rural, pero hay madera de ley para que así suceda a diario. No hay calefacción, la calidez de una Sigue leyendo

La hoz, el martillo… y ahora las espigas

iii congreso turismo rural avila«No creo en el turismo rural », fueron mis primeras palabras en la ponencia que tuve ocasión de presentar en el recientemente celebrado III Congreso de Turismo Rural de Castilla y León. El denominado congreso de la provocación, bajo el lema Reinventar la Realidad Rural, tuvo lo que su convocatoria reclamaba: una llamada de atención el actual impasse en que se mueven los negocios turísticos ante la irrupción de Internet y las nuevas tecnologías de la comunicación, el fin de las subvenciones públicas provenientes de la Unión Europea, la manifiesta obsolescencias de numerosos alojamientos turísticos, la confusión provocada por la masificada oferta de alojamientos rurales, la supuesta ilegalidad de al menos un tercio de la oferta turística en Castilla y León, el creciente intervencionismo de la Administración pública tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, la ausencia de grandes canales de distribución en este subsector turístico y el atávico corporativismo de quienes se sienten pequeños y vulnerables en la soledad del agro castellanoleonés.

No creo en el turismo rural concebido como una categoría desligada de la problemática general del turismo y elevada a modelo sobre el cual se sostiene la política turística de algunas comunidades del interior peninsular, tal es el caso de Castilla y León. No puedo creer en ese modelo categórico porque no me cuadra que se rija por una ley específica que distinga entre hotel, hotel rural, casa rural, posada y posada real como únicos atributos de su condición. Se cae del anteproyecto de Ley del Turismo que pretende aprobar la Junta de Castilla y León la categoría de Centro de Turismo Rural (CTR). Según parece, el retraimiento se debe a la omnipresencia en todo el territorio autonómico de indicadores CTR: Centro de Tratamiento de Sigue leyendo