Chile: tan cerca, tan lejos

El propósito de este artículo no es debatir cómo debe ser el Hotel de los Sentidos, sino demostrar a todo aquel que aún se demuestre escéptico que la idea de invertir en Chile es, como mínimo, razonable. Muy razonable, diría yo. Y es que estos días de fin de temporada he ido tejiendo una pequeña red de contactos con personas que viven en el país andino: corredores inmobiliarios, profesionales de nuestro sector, gente corriente que nada tiene que ver con el entorno turístico y ya por último con grandes amigos míos.

Todos coinciden. Algunos aportando cifras, otros su feeling –“el país va bien, Valparaíso está bárbaro”, etcétera– y los últimos su experiencia vital, su testimonio de personas que han vivido en Barcelona y Santiago, que me han trasladado la idea muy tímidamente aventurada por el señor Gallardo en un pretérito escrito: Chile es a América del Sur lo que España fue a Europa después de la muerte del dictador y muy especialmente después del fallido intento de golpe de Estado acaecido el 23 de febrero de 1981. Es decir, un país de oportunidades para el inversor extranjero. Un país de negocios. Un destino maduro para ofrecer en las agencias de viajes del mal llamado Primer Mundo: desde Atacama a la Patagonia pasando por la isla de Pascua, Chile es hoy un gran mercado. Y así ya lo han entendido bastantes españoles, por cierto.

Pero, el país ¿ofrece tan sólo estabilidad política, desarrollo y un bonito paisaje? No, ofrece también uno de los sistemas de Seguridad Social más asentados, no ya de la zona, sino de toda América. Lo cual es un alivio para el posible inversor extranjero. Dicho sistema sanitario ha sido desmenuzado y analizado por la doctora en Economía de la Salud Mireia Jofre i Bonet en su tesis doctoral “Healthcare and Interaction between Public System and private sector”, llegando a la conclusión la autora de que el sistema sanitario chileno es, a todas luces, el mejor de América.

Por tanto, nos encontramos ante un país potente en líneas generales: buen sistema sanitario, gran capacidad de crecimiento en cuanto a sinergias empresariales se refiere -y con compañías españolas, como Viajes El Corte Inglés, que pueden dar fe de ello-, garantías financieras internacionales –no así sus vecinos del Norte y del Oeste, en horas muy bajas ante las entidades crediticias internacionales– y… salarios bajos. Más que bajos, sorprendentemente bajos. Veámoslo pues.

Me referiré tan sólo al sector hotelero, que es el que aquí nos importa. De entrada, nos encontramos con una clase trabajadora razonablemente cualificada como término medio, que junto con la agradable excepción de Ecuador es una de las más preparadas del Cono Sur. También debemos pensar que las Universidades empiezan a ofertar Escuelas de Turismo strictu sensu y no como meros apéndices de Ciencias Empresariales o Ingeniería Comercial. De hecho, la Universidad Austral se está convirtiendo en uno de los referentes de la zona en cuanto a formación de gestión turística se refiere. Así, uno de los clásicos temores de los empresarios españoles para justificar la no inversión allende de nuestras fronteras –“no hay gestores hoteleros, no están preparados”, cuántas veces lo habremos oído- queda en parte diluido.

Cuando hablo de salarios bajos lo digo en comparación a lo que cobra aquí cualquier profesional del sector, lo reconozco. Un ejemplo: la camarera que trabaja en Son Esteve cuesta a la empresa unos 1.500€ mensuales. Pues bien, con ese dinero se podrían pagar en Chile a 6 mucamas, como las llaman. Una chica de la limpieza cobra unos 250€ mensuales, y pagando mucho. De hecho, hay anuncios buscando ejecutivos de cuentas y subdirectores de hotel por 400/450€ al mes. Pues bien, con los 1.500€ que cuesta una persona aquí se podría pagar a la mitad del personal de un hotel de 25 habitaciones, que creo es de lo que estamos hablando: 2 mucamas, 2 recepcionistas, 2 camareros matinales, 1 barman, 1 encargado de mantenimiento, 1 director/ director de comercialización, 1 director financiero…. Y no se necesitaría mucho más.

Sin hacer un estudio detallado de las necesidades de Recursos Humanos que el hotel de los Sentidos necesitaría, el colectivo humano que acabo de describir no supera los 3.000€. O poco más. Huelgan comentarios sobre la rentabilidad del proyecto: las habitaciones de un hotel que se considere de cierta categoría en Valparaíso no bajan de los 140€. Y sus porcentajes de ocupación son iguales a los de muchas ciudades españolas.

¿Acaso son los salarios más que moderados la única razón que nos podría mover a invertir en Valparaíso? No, evidentemente. Hay otra de igual importancia o más, y es la del precio del suelo. Hoy en día se pueden encontrar ruinas de 1.580m2 en los cerros de la ciudad por unos 300.000€. Hoy… Mañana pueden ser más caros, y es que la cotización del dólar estadounidense está disparando los precios en Chile a ojos europeos. No obstante debo decir que estos últimos meses los precios han sufrido un cierto estancamiento por la crisis internacional y no serían descartables reducciones en los precios de estos inmuebles, cuya salida al mercado es más difícil. Pese a todo, hoy por hoy es mucho más rentable invertir en Chile que en España: por un millón y medio de euros uno puede tener un hotel de unas 25/30 habitaciones de gran nivel en el centro de Valparaíso o Santiago. Querer eso en la Diagonal barcelonesa o la Gran Vía madrileña puede llegar muy fácilmente a los cuatro millones.

Pero no todo es oro lo que reluce, ni mucho menos: el sector turístico en Chile tiene lagunas, aunque de fácil subsanación, si se me permite. No cuenta con proveedores de postín tal y como los conocemos aquí: las primeras marcas aún no están muy asentadas en cuanto a hostelería se refiere. Ello podría conllevar problemas de mantenimiento, por ejemplo. Tampoco su infraestructura es la española o la francesa. Ni el nivel del personal, si a know-how se refiere, es igual. Hay lunares formativos en cuanto a la escala básica de los trabajadores, sobre todo entre los que han pasado ya la cuarentena. Y, muy probablemente, la idea del Hotel de los Sentidos requerirá un personal más que cualificado, pues será un hotel complejo, no ya en su idea, sino en su manejo.

Así pues, por todas las razones antes expuestas creo que, efectivamente, la inversión en tierras chilenas es una brillante idea, pero –me da la impresión- puede que formulada en un mal momento. No obstante, con sala de sudokus o no –qué gran ocurrencia de Paco S. Rico, nunca se me hubiera pasado por la cabeza– mi opinión es que ese hotel debería ver la luz.

Bernat Jofre, hotel Son Esteve

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