La solidaridad bien entendida

solidaridad En tiempos de crisis es cuando más urgida se muestra la palabra solidaridad. Codo a codo se espanta esa muerte que viene tan callando y codo a codo se ahogan las penas después del trago. Los hoteles unidos jamás serán vencidos.

El contexto parecía el idóneo para que se alzara una ONG turística, que se supone debe ser una Organización No Gubernamental a favor de la causa del turismo y la industria del ocio. Un dispositivo humano y técnico cuya misión fuese la de fortalecer los lazos entre empresas e individuos de todos los destinos, que es la causa del turismo universal.

Pero no. He sabido de la existencia de una ONG bien distinta… O tan común como la mayoría de ellas. Hoteles Solidarios capta socios dentro del sector para dirigir proyectos en zonas desfavorecidas del planeta. En un año y medio de vida, la asociación ha trasladado material de primera necesidad y mobiliario a países de África y Sudamérica con el apoyo de hoteleros de la Comunitat Valenciana, aunque su objetivo es extender esta idea por todo el territorio peninsular. Ahora que muchos hoteleros se han acogido al Plan Renove, Hoteles Solidarios espera multiplicar su ayuda a los más necesitados.

Esperemos que entre los más necesitados se encuentre ese 20 % de hoteles españoles condenados a cerrar por la crisis. Aunque mucho me extrañaría a mí. Quiero ser, de nuevo, políticamente incorrecto.

Es amoroso preocuparse por los demás, especialmente si tales demás lo necesitan de verdad y te agradecen el que te preocupes por ellos. Por tu prójimo o por tu lejano. Por tu amigo o por tu desconocido africano. De pequeño iba yo tan campante por las calles de Madrid provisto de una hucha amarilla que mis educandos, los hermanos de La Salle, me entregaban precintada (por si acaso) a fin de recabar fondos para las misiones: el Domund. Mi abuela materna recogía en su casa la ropa vieja del vecindario para los chinitos de la Cochinchina, sin que fuera capaz de ubicar bien aquella región en el mapa. Cuando en el catecismo geográfico escolar aprendí que Kombentinga era la capital del Alto Volta y que la Cochinchina era parte de una región asiática habitada por miles de millones de personas, mi abuela se convenció de que era inútil tanto esfuerzo con los chinos y dirigió su ropaje y otras caléndulas hacia Caritas. Ahí se murió la pobre, satisfecha de haber transitado por este mundo con un alto sentido de la caridad. Ella jamás llamó a eso solidaridad.

¿Por qué dicen todos solidaridad cuando quieren decir caridad? El diccionario de la Real Academia no deja resquicio a la duda: en la religión cristina, la caridad es una de las virtudes teologales que consiste en amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos. Y también: Limosna que se da, o auxilio que se presta a los necesitados. Le falta decir sin recibir nada a cambio. Es, pues, una relación unívoca entre el caritativo y el auxiliado. Uno hace el bien por caridad y punto. No hay reclamación posible. Yo te doy, y ahí se acaba todo.

En cambio, la solidaridad definida es el sentimiento compartido por una pluralidad de individuos de pertenecer a un mismo grupo social. Por añadidura, significa la cohesión entre los miembros de la sociedad, debida a su adhesión a unos mismos principios y valores, o a la interdependencia existente entre los diversos individuos como consecuencia de la irrupción de la división técnica del trabajo. Aquí, la relación es biunívoca. Uno se entrega al otro a cambio de correspondencia en la entrega. Yo te doy, tú me das.

Hoteles Solidarios, para mí, es una ONG con el nombre equivocado. En puridad debería llamarse Hoteles Caritativos. No es una vergüenza serlo. San Martín de Tours dio ejemplo de ello al partir su capa. Y no digamos el buen samaritano de la Biblia… Solo es cuestión de llamar a las cosas por su nombre.

La solidaridad debiera ser entendida de otra manera para no llevar a engaño. Se resumen bien bajo el “espíritu de Jávea”, a cuyo regazo se alimentan los verdaderos Hoteles Solidarios. En España y, por qué no, en África o en América. La solidaridad entre hoteles responde a esa voluntad de cooperación nacional e internacional por compartir los mismos valores y beneficiarse de los mismos objetivos. Qué mejor detalle solidario con África que el de compartir con sus hoteles a la clientela, ayudarse mutuamente con know how empresarial, acceder libremente a los capitales y a la fuerza de trabajo, proyectar negocios en común, intercambiar conocimiento y tecnología, tejer una red de amistades hispanoafricanas o hispanoamericanas en Facebook o eso que estamos pergeñando en Valparaíso con el apasionante experimento del Hotel de los Sentidos… Esa es la verdadera solidaridad, y no darle limosna al pobre.

A nosotros nos toca ahora decidir cuánto de caritativos queremos ser y cuánto de solidarios. Sin eufemismos.

Fernando Gallardo

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