Una tecnología de cartulina

cama_deshecha Hoy quería entretenerme con otras cosillas de incumbencia positiva, pero no hay manera de que me centre. El Instituto Tecnológico Hotelero (ITH) cortocircuita mis anhelos con su panegírico a la boutade cada semana más gorda. La nueva broma tecnológica, con un alto valor en I+D+i para los alojamientos propende lisa y llanamente a la guarrería.

Sí, resulta que toda la inventiva de esta docta institución se resume en una iniciativa de reducción de los costes de lavandería (alrededor de un 28 %) que sus tecnólogos han diseñado para los hoteles españoles mediante la colocación de una tarjeta en un lugar determinado de la habitación, donde los huéspedes hallarán la información necesaria para colaborar con el hotel y convendrán con la camarera de pisos si quieren el cambio de sábanas, en función del lugar donde depositen la tarjeta. “El empresario puede descargarse un modelo de dicha tarjeta, personalizable, a través de la web del ITH, así como un documento en el que se explica la iniciativa, cómo trasladarla a clientes y empleados, y un ejemplo práctico”, informa sin rubor el Instituto, consciente de que en tiempo de crisis hay que ahorrar, ahorrar, ahorrar.

Quizá alguien se creyó que el probo organismo de tecnología superior se centraría en la supercomputación de datos sobre movimientos de viajeros, comportamientos y hábitos de consumo, sistemas de predicción turística parametrizados, estudios de flujos, laboratorios de arquitectura hotelera, modelos de experimentación científica, inteligencia artificial aplicada al turismo… Pues no, la innovación que nos propone el ITH es colocar una cartulina como las del siglo XIX junto a la otra, misérrima, que aconseja quitarse las legañas con las postizas del día anterior en las toallas. Y así limpiar, menos nuestra personalidad, la conciencia de impacto ambiental que inevitablemente causa el turismo.

No puedo contenerme del ataque de risa que me suscita esta iniciativa de “tecnología punta” propuesta por el Instituto Tecnológico Hotelero. Pero sé muy bien que no debería carcajear ante una estulticia como ésta que devuelve al primer plano de la actualidad una reflexión seria sobre la imagen de calidad que proyecta el turismo de España en el mundo. Ahora que vamos proclamando por ahí que este país debe apostar por la calidad y superar por obsoleto el modelo de masificación turística y de guerra de precios… Ahora viene el instituto de la tecnología cartulínica y nos dice que lo avanzado es convencer a los viajeros del siglo XXI para que duerman sobre sus sábanas usadas y ¡pelillos a la mar! Se ahorran así detergentes y también el coste de las camareras de piso, que con estirar un poco los lienzos y plegar de corrido el embozo ya vale. Puestos, habría que temer una siguiente cartulina en la que se le propusiera al huésped prescindir de la limpieza de su habitación por los mismos motivos de ahorro y sostenibilidad medioambiental.  O que alguien sugiriera incluso dejar las sábanas fijas sobre la cama toda la temporada, como hace muchos observé en un hotel de la periferia de Argel.

Ahorro de costes… Bajada de precios… Merma en el servicio… Ideas de perogrullo…

¡Bravo Spain!

Fernando Gallardo

Un comentario en “Una tecnología de cartulina

  1. Interesante propuesta la del ITH.
    El siguiente paso es adaptarla a la restauración: una nueva cartulina en las mesas invitando a los Clientes a chupar y relamer concienzudamente los cubiertos utilizados y depositarlos en una bolsita de papel (plástico, no, gracias; el papel absorbe la grasa mejor) en la que se inscribiera el nombre del Cliente y almacenarla hasta la siguiente comida.
    Igualmente, se recomendará rebañar con pan todo tipo de salsas (o pasar el dedo y chupárselo si se trata de recetas minimalistas en que sólo son una línea). En los postres se recomendará, directamente, lamer la copa o plato en que se hayan servido.
    Cuando se sirva cocina tradicional, se animará al Cliente a traer su propia navaja, de tal manera que, acompañando de un chusco de pan, no sea necesaria cubertería ni vajilla, utilizando el tradicional sistema de “cucharada y paso atrás”.
    El vino se servirá en bota o porrón, tradicional sistema que también ahorra en cristalería, permitiéndonos disfrutar del gozoso espectáculo del vino corriendo por el escote de las mozas no acostumbradas a beber a chorro.
    En lugar de Carta de Aguas, Carta de Botijos, que siempre queda mucho más “Spain is different”.
    En cuanto al uso de servilletas, es preferible limpiar los labios con el dorso de la mano, lo que proporcionará a la piel de la misma un brillo y tersura incomparables.
    En reconocimiento a su labor, propongo a los chicos del ITH para los próximos Premios Príncipe de Asturias en los campos de Innovación, Medio Ambiente, Economía, Concordia y Sucias Artes.

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