Turismo basura en Mallorca

En California no tiran su basura a la papelera, la convierten en programas de televisión.
Woody Allen

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Que la Playa de Palma es una basura no debería sorprender a nadie. Menos aún al presidente de las islas Baleares, que la tiene frente a sus narices. Pero el empecinamiento humano en vivir de las rentas del pasado, pese a su decadencia, no es condición exclusiva de mortales a pie de terremoto, sino también de privilegiados servidores públicos que seguro sirven para otros menesteres, pero no para éste.

Subrayo lo dicho estos días por el presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio de España, Javier Gómez Navarro. Es más, ya iba siendo hora de que lo proclamara. Tras su experiencia anterior como ministro de Turismo, nadie mejor que él sabe el estercolero en que se ha convertido este destino turístico. Muchos se lo callan porque no se atreven a contravenir las reglas de lo políticamente correcto, y con ello no hacen sino agravar el problema y extender el deterioro de la imagen país en todos los foros mundiales. Cuando hay lepra, todo el mundo se aparta.

Profeso una profunda admiración por Javier Gómez Navarro. Y él bien lo sabe. Una amistad y un reconocimiento especialmente oportunos en estos días en que se celebra la 30ª edición de Fitur, la feria que él creó y en la que unos cuantos jóvenes estuvimos implicados trabajando a sus pechos. Hace poco más de un año, nuestro ex ministro publicaba una memoria nostálgica (como todas las memorias) de aquella época naif pero ilusionante cuando creamos la primera revista de viajes que hubo en España y tantos otros ejercicios de innovación que vinieron después. Pero, con una mano en el corazón y otra en las sienes, debo lamentar la tardanza de su denuncia sobre los males que aquejan al turismo de masas en Mallorca.

Que la Playa de Palma es una basura ya tuve ocasión de advertírselo al poco de la toma de su ministerio. Sabe que soy un deslenguado, y siempre me ha apreciado por eso. Yo estaba allí cuando se produjo el primer derribo de un hotel gastado por cuenta del POOT, el Programa de Ordenación de la Oferta Turística balear que nadie tuvo güevos de continuar después. Y se quedó en eso, en un par de demoliciones que la tanto Administración turística balear como la central definían con el eufemismo simpático de “esponjamiento”. Acaso porque esperaban un terremoto como el de Haití que hiciera su trabajo a bajo coste.

En aquellos días recuerdo que fui invitado por el conseller de Turismo de las islas Baleares, Joan Flaquer (PP), a pronunciar una conferencia sobre el futuro de la hotelería en Mallorca. El auditorio, enorme, huyó a sus casas perplejo por mi vaticinio e indignado por la grosería: la Playa de Palma es una basura y el único futuro que le queda es que pase por allí el camión de la basura, ¡gloria a Dios en las alturas!

Ahora, 15 años después, aquellos que no tuvieron agallas para decirlo y continuar la obra de demolición que Javier Gómez Navarro y Flaquer habían emprendido con mucha cabeza siguen en sus trece, más desconsolados y plañideros que nunca, todavía más sumidos en la inmundicia… Y sin güevos para reconocer lo que hay y ponerse el mono de trabajo para enmendarlo. Si es que no se merecen el futuro… Si es que, encima, estorban.

“La playa de Palma no es una basura, es una zona extraordinaria que necesita mejorar”, le contradijo Francesc Antich en su turno de debate durante el Foro Exceltur dedicado a la crisis turística. Erre que erre…

“En el proyecto de la Playa de Palma se podrá apreciar de verdad si el Estado apuesta o no a fondo por la reconversión”, tuvo que replicar enseguida Gómez Navarro, “ya que una operación como ésta requiere un importante dinero público si se quiere generar nueva oferta y una nueva generación de hoteles”.

¿Saben qué? Puede que hace 15 años esta alternativa tan costosa me hubiera parecido esperanzadora. Hoy no confío en ninguna reconversión como la que se propone. Hoy creo que la naturaleza debe hacer su trabajo porque ya no hay camión capaz de recoger tanta basura, aún menos con dinero de nuestros bolsillos. Playa de Palma y otros lugares vulnerados de Mallorca padecen lo que se llama “fatiga de material”… Y contra la fatiga de material solo cabe un remedio: su sustitución por material nuevo. En las personas y en las cosas.

Fernando Gallardo | Sígueme en Twitter @fgallardo Comparte este artículo

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