Hay que ir a la escuela

Durante el proceso de cumplimentación de datos para el listado de los Hoteles con wifi gratuita en las habitaciones, cuyo grupo en Facebook está de lo más animado, observo dos fenómenos dignos de análisis.

twitter-follow-meEl primero es la constatación de que un gran número de hoteles encuentra imprescindible en estos tiempos ser conocidos a través de Internet y las redes sociales. Tanto que le pueden dedicar bastante más tiempo del habitual en otros sectores para registrar sus datos y estar en aquellas listas y en aquellas páginas que le resultan, a su parecer, relevantes. Una de ellas es, desde luego, nuestro Foro de la Ruina Habitada, visitado a diario por más de 1.200 hoteleros de toda España y parte del mundo. Hasta ahí bien, y qué ilusión hace saber que el trabajo de quien suscribe tiene valor para muchos. Anima a seguir.

El segundo es la decepción que provoca en uno la insalvable dificultad de numerosos, muchísimos hoteleros, en manejarse con estas nuevas herramientas digitales, tales como una hoja de cálculo online. Es una verdadera sorpresa comprobar el desfase generacional existente entre los propietarios de establecimientos turísticos, cuya quimera parece ser la de anotar una línea de datos al final de una cuadrícula digital. A más edad, mayores trabas.

Lo sabíamos, pero no nos imaginábamos que a estas alturas la cultura digital no fuera de andar por casa en un negocio tan susceptible a Internet y las redes sociales como el turístico. Porque no basta tener comprensión por aquellos que no han sido nativos digitales, pues incierto se les está presentando ya el reinado (cibernético) de Witiza… A menos que pasen por la escuela y reciban un curso acelerado de Internet, Facebook, Twitter y todo lo que está por Sigue leyendo

A vueltas con la idea de la no recepción

CaribeRoyale Lobby Desk Garland1b No falla. Lo más agrio en la experiencia de un hotel es el instante de la llegada. Cuando todo aconseja que se abran las puertas de la imaginación y la hospitalidad, un obstáculo se interpone casi siempre en tu camino a la felicidad: el mostrador de recepción, la última frontera. No acabamos de encontrar el camino. Se impone el telón de acero. ¿Y qué puedo hacer yo?, replica cualquier hotelero con deseos de ruptura; es lo más práctico para recibir a los clientes, es lo más útil para tomarles su filiación, es lo más office para tener el control del hotel. Algunos, los más pequeños, esgrimen que en ese artilugio mueble se facilita la comunicación con el recién llegado y que ningún sistema de check in electrónico puede reemplazar la calidez del contacto humano.

Face to face sí, pero casi nunca bis a bis. Un expendedor siega siempre la relación de igual a igual. O mejor, de huésped y anfitrión. Repasemos la historia. Cuando se concibió por primera vez, la recepción era un escritorio donde los viajeros firmaban su contrato de estancia en un libro con tapas de cuero, primorosamente entregado por el recepcionista, el personaje clave del hotel según el relato de Hollywood. En aquel escritorio no podía faltar el timbre de sonajas, las bandejas de registro, la tablilla de precios y, por supuesto, el llavero, casi siempre compartido con el cajetín del correo. Con el paso del tiempo, ese mostrador burocrático se fue Sigue leyendo