No necesitamos un ministerio de Turismo

Reiteradamente se oyen voces en el sector turístico, que es el de los empresarios y los trabajadores dedicados a los útiles de la hospitalidad, a favor de la creación de un ministerio de Turismo. Idéntica inquietud circula en algunas comunidades autónomas en pro de una consejería exclusiva de Turismo. Ambas propuestas nacen de la idea, tal vez no ajustada, de que la elevación del rango institucional del turismo, una industria que genera todavía el 11 por ciento del PIB nacional, favorecería mucho a todos sus actores económicos. La voz de alguien sentado en el Consejo de Ministros obligaría a su presidente a tomar en consideración de los problemas que afectan al sector, máxime en estos momentos de crisis estructural. Cuando tocara debate sobre los presupuestos generales, el ministro del ramo enseguida arrimaría en ascua a su sardina y obtendría más recursos para la promoción del país. Cuando tocara hablar de los matrimonios homosexuales, el ministro turístico abogaría por una ley de hoteles gays o cosas por el estilo. Cuando se tratara de evaluar las consecuencias del 15M, el ministro vacacional interrumpiría la sesión para forzar una rebaja en el IVA o disertar acerca del intrusismo gremial. No se intuye otra posición más genérica de un ministerio concreto. Y enseguida se animarían el resto de los colectivos para solicitar también su ministerio, como el de los fabricantes de automóviles, que también generan una buena porción del PIB, sufren sus crisis particular y tienen mucho que decir en los presupuestos de obras públicas. O el del Transporte, que unas veces va acoplado a Industria y otras a Fomento.

No nos engañemos, si hubiera lugar cada español tendría su propio ministerio. O acaso ha lugar con esto del 2.0 y el 15M… El tiempo lo dirá. De momento nos parece que si la única competencia de un ministerio de Turismo es centralizar la promoción de los destinos turísticos, qué flaqueza institucional más inaceptable. Más se gasta en ello la Coca Cola y no veo muy juiciosa la creación de un ministerio de Refrescos. El otro cometido de una institución así podría ser el de la ordenación de la industria turística, cuyas decisiones entrarían rápidamente en colisión con las de otros ministerios competentes, como el de Economía si se ordenara una inspección de Hacienda; el de Trabajo, con una inspección laboral; el de Sanidad, si se fiscalizara la manipulación de alimentos o la higiene de los locales turísticos; el de Educación, si habláramos de la titulación superior en Turismo; etcétera. Otro de los cometidos gustosos atañería al fomento de las actividades turísticas mediante la inversión pública en hoteles, restaurantes, agencias de viajes, centrales de reservas, portales de comercialización y otros que convertirían nuestro país en un paraíso, es verdad, de los soviets.

De manera que si el sector turístico no desea repetir la experiencia de Aeroflot y Cubana de Aviación, renuncia a licenciar empresas turísticas en favor del libre mercado y la directiva Bolkenstein, desiste de entrometerse impúdicamente en el operandi empresarial con clasificaciones por estrellas, centrales de reservas y otras desviaciones de la planificación stalinista debería propugnar todo lo contrario a la creación de un ministerio, que es disminuir aún más el peso del turismo en las instituciones públicas. El turismo, como la cultura, es la expresión del libre pensamiento de todos los individuos y no debe, por ello, ser subvencionado/reglamentado. ¿Se imagina alguien -aparte de Ángeles González-Sinde- una Ley del Cine en que se clasifiquen las películas y se especifiquen sus contenidos como hoy se exige a los hoteles?

Sí, el turismo, como la cultura, son actividades transversales. Y, consecuentemente, todo lo que necesitan es una visión transversal por parte de las instituciones públicas. El gobierno central, los gobiernos autonómicos, tiene que mimarlo con todos sus efectivos, no con uno solo. En la industria turística del país están comprometidos todos los ministerios, todas las consejerías, todos los organismos autónomos. El turismo es una competencia de economía, educación, cultura, sanidad, trabajo, industria, obras públicas, transportes, ciencia, innovación, etc. Reflexionemos juntos sobre este detalle, porque favorecer el turismo y sus actores es reponer la bombilla que se ha fundido en la farola, reparar una acera que se ha vuelto peligrosa en invierno, mostrarse educado y generoso en el trato a los demás, acoger al extranjero por encima de toda convicción política religiosa, sexual o racial, tener buen gusto a la hora de edificar, conservar con mimo nuestro entorno natural y no envilecerlo con macrourbanizaciones de adosados, exhibir una ética económica en la actividad que desarrollamos, apartar el grano de la paja entre los políticos y servidores públicos, sonreir al prójimo y destilar simpatía en lugar de enojo o desánimo con la crisis. Y, sobre todo, facilitar la vida al ciudadano en lugar de acosarlo con nuestras propias ineptitudes.

Un pequeño ejemplo de todo lo que digo se ha producido estos días pasados entre la Dirección General de la Policía y Gremi d’Hotels de Barcelona, que han firmado un convenio para impulsar un plan piloto mediante el cual los turistas que hayan sido víctimas de un hurto podrán presentar las denuncias desde el hotel, sin necesidad de desplazarse. De momento, este plan se aplicará en principio en 18 establecimientos del barrio de Les Corts y tendrá una duración inicial de dos meses, a contar desde el próximo 1 de julio. Según la nota de prensa emitida conjuntamente, cuando un turista sea víctima de un robo deberá comunicarlo a un trabajador cualificado del hotel, que será el encargado de tramitar la denuncia telemáticamente. El afectado podrá hacerlo en el hotel que se aloje, independientemente del lugar donde se haya producido el hurto. Además, el valor de los objetos sustraídos no podrá superar los 10.000 euros, pues se trata más que nada de minimizar el impacto que los hurtos tienen en el sector turístico.

Eso es promover el turismo. Lo otro es asumir un incremento del intervencionismo estatal en esta actividad.

Fernando Gallardo |

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