Riu: no nos interesan los clientes

El talento es tan notorio como la falta de talento. Muestra de ello es la insólita respuesta que hemos recibido estos días en la casa madre de las guías de EL PAÍS-Aguilar y el portal Notodohoteles.com. Ante la solicitud habitual en los últimos 22 años de rellenar un cuestionario personalizado para la actualización de los datos sobre cada hotel en dichas guías y en la referida web, la respuesta del departamento de prensa de la cadena mallorquina Riu ha sido ésta:

Siento no poder ayudarte con el cuestionario. En esta ocasión no podremos colaborar con ustedes porque el cuestionario es demasiado detallado. Pide información de la que no disponemos en el departamento de prensa y nuestros hoteles no pueden Hoteles Riudedicar tiempo a contestar el cuestionario.
Espero lo comprenda.
Muchas gracias,
Saludos cordiales,
Marina Oliva
Press Department
RIU Hotels & Resorts
Tel. +34 971 74 30 30

Mi primera reacción al leer este colaborativo correo fue de asimilación por lo que estaba sucediendo en Mallorca bajo el síndrome de la crisis turística. De comprensión y casi de solidaridad con aquellos que están perdiendo la cabeza acuciados por unos resultados tan desoladores originados por una caída de la ocupación. Pero me repuse enseguida del dolor y, en un giro de cabeza fría, adiviné que la cadena Riu, o sus head hunters, habrían confundido el puesto de relaciones públicas con el de un ministro o un consejero autonómico. No quiere decir esto que todos los ministros o ministrines se caractericen por su extraordinaria capacidad laboral, pues algunos hacen gala con frecuencia del religioso mandato del descanso. Pero, me dije inmediatamente, si un cargo de relaciones públicas no se relaciona públicamente qué clase de cargo es.

¡Cómo está el servicio!, que diría mi abuela. Todavía añoro al antiguo director de comunicación de la cadena Riu, Miguel Ángel Violán, al que tuve siempre como un relator profesional agudo

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No doy crédito (como mi banco…)

Hace justo una hora –qué importa eso en Internet– he recibido un correo de mi amigo y colega César Justel, con quien he viajado largos años, en el que me presentaba como primicia y no sin esperanza su primera web. Una página ideada para vender sus fotografías a un público interesado por las fiestas populares, después de años y años recorriéndolas todas por las cuatro esquinas de la península Ibérica y aún más allá del paralelo 36. La web, que no tiene desperdicio, me traslada a otros tiempos, cuando la exploración de los pueblos más diminutos de la geografía nacional se nos volvía a ambos una tarea apasionante y, a veces, dificultosa por un asfalto podre y descascarillado.

flechaDerecha Es una web impecable, precisa, certera, informativa, bien ordenada, diáfana, explícita. Sin adornos innecesarios, sin alharacas de diseño, pura como el arrebato atrabiliario que envuelve a toda fiesta de pueblo. Y muy moderna: www.cesarjustel.es

Muy moderna para el año 1990, por supuesto. Me pedía la opinión en ese correo y no pude por menos que advertirle de la caspa que me inspiraba su charcutería digital. Adónde demonios cree que va con semejante longaniza… “Hey, despabila, que ya han pasado 20 años y hasta los Pegamoides de Alaska pelan canas”, farfullé mientras escuchaba Cómo pudiste hacerme esto a mí. Bien andamos si queremos vender imágenes escondiéndolas al respetable, salvo que sean unos robados de Lady Gagá desnuda en la playa de Santa Mónica.

¿Cuántas webs de hoteles no pecan de tanta ingenuidad como mi amigo periodista, el que más sabe de fiestas en España? ¿Cuántos establecimientos de mayor o menor principalidad escamotean a los ojos escrutadores de los internautas ese destello de glamour, romanticismo, pecaminosidad habitacional o, simplemente, su genética arquitectónica? Da que pensar lo que

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Desde dentro, desde fuera

Nueva entrega de una serie fotográfica basada en la provocación. La arquitectura al descubierto. Una invitación desinhibida a la reflexión por parte de nuestro arquitecto de cámara, Jesús Castillo. Lo que se ve es lo que hay, y nada más. Pero el llegar a ese nada más les ha supuesto a los propietarios una verdadera subversión de lo existente. Con el riesgo añadido de una instalación que, si bien por otro motivo, venía funcionando con mucho éxito en el panorama turístico español.

demadera

Jesús Castillo Oli, arquitecto: “Existe en esta actuación un intento de crear un telón de fondo sobre la representación de las mesas bajo el soportal, aunque quizás también podíamos pensar más en una falsa fachada que anticipa la reforma de un local.

Siempre es difícil intervenir en un local ya que la fachada principal, el entorno inmediato, la envolvente, al fin y al cabo, está determinada y puede descontextualizar por completo la actuación. En este caso se hace muy obvia la zona de intervención y el concepto que se tiene del entorno; además hay que diferenciarse del resto de locales…

Solo pienso en esta imagen cuando las puertas se cierren. Se me hace mucho más sugerente la fachada ciega con el despiece de rastreles de madera a través de los cuales puedo ver el paisaje y la luz exterior. Desde el exterior, un panelado de madera. Desde el interior, luz a través de las grietas.

La zona posterior al ornamento lígneo es bastante menos sutil: la piedra beige, las bases de enchufes, los stores… Todo este tratamiento guarda más relación con ciertos detalles que evidencian el alcance de lo que encontraremos en el interior: el felpudo, el cartel anunciador, el mobiliario…

No sé. Creo que esta actuación tenía más posibilidades.”

* nota: estos comentarios están hechos desde el sillón de la buena intención. ¿Quién, a la vista de esta imagen, no siente unas ganas terribles de visitar este sitio único esté donde esté? Perdóneseme la ironía, pero seguramente el único atractivo de la habitación es lo que se vislumbra fuera, un atisbo de frescura vegetal. Con el cariño que me brinda la ironía, pero nunca el sarcasmo.

Jesús Castillo Oli, arquitecto |

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Por qué lo llaman spa si se llama piscina

Contrito, y no sé si tan preocupado, me llama esta semana el bueno de Fernando Iranzo para reconocerme que se ha equivocado. Que, ufano él, se anuncia en la web de su hotel, Santa Cristina Spa, como eso mismo: ¡un hotel spa! Y, claro, viene enseguida lo que viene. Que no es otra cosa que la queja formal de unos huéspedes desilusionados por sumergirse en las aguas termales del Pirineo aragonés, frente a las montañas del Anayet, después de una jornada ideal en las pistas de esquí de Candanchú, porque apenas les dio la piscina para estirar los brazos y la sauna para entrar en calor de la invernal gelidez pirenaica.

Morrocotuda faena… Morrocotudo el disgusto. Iranzo me pregunta si es que lo que tiene puede llamarse spa. Más aún, si le debe cambiar el nombre a su hotel sin que pierda su ventaja competitiva frente a los demás del valle, ninguno de los cuales acredita disponer de un spa. Me pide, igualmente, que lea su diatriba expuesta con luz y taquígrafos en el blog del hotel. Qué valiente, Iranzo. Qué honrado y qué inteligente. Pocos hoteleros se atreverían a tanto.

En su blog apunta Iranzo lo siguiente:

Spa dicen que viene del latín "salus per aquam". En el hotel Santa Cristina hicimos una zona con sauna, baño de vapor, bañera de hidromasaje, piscina cubierta climatizada y gimnasio para que los clientes pudiesen tonificarse, relajarse y desconectar después de su jornada de esquí, senderismo o excursiones. Esa zona la hicimos con vistas a la piscina_santacristinamontaña para que los clientes pudiesen disfrutar del paisaje desde la piscina y entrara luz natural en todas las subzonas.

A la zona decidimos llamarla Zona Spa-Fitness y es de acceso gratuito para los clientes alojados en el hotel y no incluye toalla, ni albornoz, chanclas, etc. El hotel se publicita como Santa Cristina Spa y es el único hotel en varios kilómetros que tiene estas instalaciones.

Esta temporada de invierno estamos teniendo algunas  quejas sobre el tamaño del Spa y la temperatura del agua de la piscina. Las quejas sobre el tamaño de la zona Spa vienen porque consideran pequeña la zona y las expectativas del cliente no se

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Reservas hoteleras en red

Innovación (RAE, del lat. innovatĭo, -ōnis): 1. f. Acción y efecto de innovar. 2. f. Creación o modificación de un producto, y su introducción en un mercado.

Si alguien piensa que la innovación es siempre una aplicación de alta tecnología está muy equivocado. Ya lo dice el diccionario de la Real Academia: innovar es la creación o la modificación de algo que luego se introduce en el mercado. Por tanto, una acción simple, a veces nimia, pero que contribuye a mejorar un proceso a fin de que llegue antes o mejor a sus consumidores es un estimulante acto de innovación.

Pestaña de reservas de hoteles pertenecientes al Clúster de la Ruina Habitada En el Clúster de la Ruina Habitada podemos debatir sobre el comportamiento del ununbio, comentar el descubrimiento del ununseptio, reflexionar sobre el significado de aquellos sones de Daisy Bell mientras era desconectado Hal 9000 y puede que también elucubrar sobre la computación orgánica en los procesos de inteligencia artificial. Pero lo que más nos apremia en esta agrupación de hoteles innovadores es precisamente eso, la innovación a través de pequeñas modificaciones en las pautas hasta ahora seguidas en los negocios turísticos de sus miembros. Tal como el desarrollo de una aplicación, anunciada hace unos días, que permite efectuar reservas de habitaciones directamente desde la página de un hotel en Facebook, sin más ditirambos.

Una habitación en tus dedos… de inmediato!, titulamos el artículo en el que nuestro amigo informático Jean-François Clercx, gerente de la empresa Creaxial, proponía esta herramienta en Facebook a un módico precio para los miembros el Clúster. “Si convenimos en que Facebook es un CRM potente y gratuito para cualquier empresa que hoy quiera operar en el mercado Internet, tendremos que considerar la oportunidad de ofrecer este servicio de reservas directamente a la red de fans que va generando a su alrededor el hotel”, señalamos en aquel artículo. ¿Y por qué no demostrar las

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La paradoja de la flecha del tiempo

Fue en 1928 cuando el astrónomo británico Arthur Eddington publicó su libro The Nature of the Physical World en el que hizo una inteligente referencia a la paradoja de la flecha del tiempo.

Dibujemos una flecha del tiempo arbitrariamente. Si al seguir su curso encontramos más y más elementos aleatorios en el estado del universo, en tal caso la flecha está apuntando al futuro; si, por el contrario, el elemento aleatorio disminuye, la flecha apuntará al pasado. He aquí la única distinción admitida por la física. Esto se sigue necesariamente de nuestra argumentación principal: la introducción de aleatoriedad es la única cosa que no puede ser deshecha. Emplearé la expresión “flecha del tiempo” para describir esta propiedad unidireccional del tiempo que no tiene su par en el espacio.

Cuando Robin Hood, siglos atrás, disparaba sus flechas contra el sheriff de Nottingham y el príncipe Juan Sin Tierra el recorrido que seguían los dardos podría ser el mismo que siguiera el arquero de Sherwood si hubiera preferido un combate cuerpo a cuerpo. Con la única e importante diferencia de que a Robin no le habría costado nada recular ante la adversidad y emprender el mismo itinerario de vuelta. Las flechas, no. Las flechas solo tienen un vector, sin ninguna posibilidad de retorno. Igual que un plato al romperse contra el suelo o un líquido al mezclarse con otro. No hay involución posible.

flechaDerecha

Una flecha es el vector del tiempo. Y su dirección es entrópica, el movimiento hacia el desorden, la uniforme distribución de la energía por todo el espacio. La senda y no la huella. La tendencia… Conocer su sentido es entrar en la cuarta dimensión, apuntar al futuro, colimar el objetivo inmediato, el pasajero y el definitivo.

Por eso tenemos apuntada esta flecha en la dirección correcta: las encuestas del Clúster de la Ruina Habitada. Una información objetiva, un conocimiento sustantivo. Contribuye con tus datos a que la flecha siga apuntando hacia la diana del turismo de los sentidos.